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Caracas, Martes, 07 de Febrero de 2012
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Insulto a la herida
Escrito por Fernando Luis Egaña   
Jueves, 02 de Septiembre de 2010 12:57

altLa tragedia de Franklin Brito ha puesto en cruda evidencia el doble desprecio del oficialismo por todo aquello que se considere incómodo o contrario a sus intereses políticos. Los voceros del Estado bolivarista no sólo se jactaron de un tratamiento desdeñoso y hasta ofensivo hacia la lucha de Brito, sino que después de su muerte la reacción ha sido un tributo a la vileza.

En vida le acusaron de chantajista, extorsionador, marioneta opositora y enfermo mental. En un dos por tres, Chávez, Jaua y Loyo hubieran podido subsanar el atropello de que fue víctima Franklin Brito, en el ejercicio y defensa de sus legítimos derechos de pequeño propietario agrario, y entonces éste habría levantado la huelga de hambre, y todo el enojoso tema habría quedado atrás.

Pero no, el atropello no sólo se mantuvo en lo sustancial, sino que adoptaron unas medidas que en apariencia atendían el reclamo de Brito, pero que él mismo se encargó de refutar, porque se trataban de saludos a la bandera, es decir de que no garantizaban de manera efectiva su derecho de propiedad y no resarcían los daños causados por las acciones gubernativas. Todo lo cual, precisamente, le condujo a continuar su protesta, y acaso a redoblarla.

El Estado lo secuestró, lo confinó al Hospital Militar, le negó la elemental petición de acceder a la asistencia médica de su elección personal o familiar, le dificultó la comunicación con terceros, y encima de tanta agresión acumulada, ahora los verdugos estatales se lavan las manos de cualquier responsabilidad en la materia del trato degradante dispensado a Franklin Brito, y no satisfechos con ello, le vuelven a endilgar, aunque velada o insidiosamente, los conocidos vituperios.

Semejante proceder no es exclusivo de la tragedia de Brito sino que ya caracteriza la conducta miserable de muchos jerarcas de boinacolorá. Las reiteradas excusas de la "Defensora del Pueblo", o la diligencia selectiva de la Fiscal General --por razones de obediencia política, claro está, o las transposiciones de ministros y aspirantes (cargar sobre el adversario las culpas propias), o esa mezcla de retórica y ejecutoria envilecida que busca encharcar la realidad, son formas y maneras del poder que abajan, día a día, la vida venezolana.

Y después algunos alegan no entender la relación causa y efecto que existe, por ejemplo, entre la satrapía imperante y la explosión de violencia criminal que llega a niveles de catástrofe humanitaria. "El desarbolamiento de las referencias éticas --escribía hace poco el psicoanalista Adrián Liberman-- es más nocivo que el efecto de todas las armas conocidas"...

Y de eso se trata el caso Brito, símbolo elocuente de una tragedia de alcance nacional: un régimen político que no conoce de limitaciones valorativas, que todo lo relativiza en función sectaria, que al mal lo disfraza de bien y viceversa, y que tergiversa hasta los hechos más obvios para tratar de empaquetar versiones interesadas.

Es el insulto a la herida, y también a la muerte, que la Venezuela honrada, trabajadora y patriótica no puede aceptar.

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