La moral ante la historia
Escrito por Manuel Viera Losano   
Lunes, 06 de Julio de 2009 07:00

altNunca como hoy la moral fue el eje en torno al que girara la existencia de la república. Porque nunca como hoy la inmoralidad se había hecho carne de manera más acabada y perfecta en un gobernante como en el que hoy usurpa la primera magistratura de la Nación. No fue la moral el motivo que movió a los patriotas el 19 de abril de 1810 ˆ sin un solo militar en el escenario de los hechos. No fue la moral la que movió a la república en todos sus momentos cruciales: fue la ambición de poder, un proyecto nacional o un capricho. Nadie lo expresaría mejor que Antonio Leocadio Guzmán: fue el federalismo porque sus adversarios apostaron a la centralización. De lo contrario él, motivo y causa de la espantosa guerra federal, hubiera gritado ¡Centralismo! Y no federación.

Ni Crespo, ni Cipriano Castro, ni mucho menos Juan Vicente Gómez o Marcos Pérez Jiménez se movían por razones morales. La ética, médula de la identidad nacional, no se hallaba socavada al extremo de exigir de los hombres el sacrificio de sus vidas por un afán de higiene moral. Hasta que irrumpiera, del más profundo socavón de nuestra inmundicia nacional, la barbarie militarista y rufianesca que hoy macula nuestras tradiciones, nuestra identidad histórica, nuestro orgullo nacional. Y lo que constituye un agravante de incalculables dimensiones: desde lo profundo de nuestros cuarteles, maridado el estupro, el saqueo y el crimen a los bajos fondos de las fuerzas armadas.

Inmoralidad y militarismo: he allí las dos lacras de la tragedia nacional de esta década. Si alguien lo expresó sin mascaras ni maquillajes, sin pudor ni vergüenzas, con una impudicia digna de mejor causa ese fue el general, Carlos Mata Figueroa, quien haciendo escarnio de la tradición profesional de nuestras fuerzas armadas y el debido respeto a las funciones que le asigna nuestra Carta Magna, muy a su pesar todavía plenamente vigente, se convirtió hoy, en fecha sagrada usurpada por el militarismo autocrático de nuevo cuño, en un vulgar agitador profesional al servicio del castro chavismo en su avance hacia el totalitarismo.

De allí la hondura de la crisis y su naturaleza eminentemente moral. De allí también la necesidad de un liderazgo que ponga el acento en la grandeza e integridad de sus principios y sus convicciones. De allí la necesidad de una revolución moral, de una insurrección de los espíritus, de un levantamiento del ejemplo, de la ética, de la entrega y de la causa.            De allí ese gesto trágico, de tantas significaciones y consecuencias, que ha asumido Antonio Ledezma declarándose en huelga de hambre.

Es un sacrificio que podría costarle su vida. Pero es un sacrificio de una inmensidad sin precedentes. Cuyo objetivo no puede ser otro que lograr el despertar de nuestras reservas morales y provocar el rechazo al militarismo corruptor y aniquilante que hoy padecemos. Los hondureños lo comprendieron a tiempo. Y sus fuerzas armadas están dando una lección de integridad, honestidad y decencia que constituye un ejemplo a seguir. Sólo quienes han traicionado su juramento a la bandera y han prostituido el uniforme que cargan pueden servir a otra causa que no sea la defensa de la institucionalidad, los principios democráticos y el respeto a nuestras tradiciones.

De no hacerlo, deberán dar cuenta de esa felonía ante la historia.

 

a Antonio Ledezma

 


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