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| Matar por matar |
| Escrito por Editorial El Nacional |
| Lunes, 08 de Marzo de 2010 07:33 |
Las revelaciones del juez español sobre las relaciones del Gobierno de Venezuela, las narcoguerrillas de Colombia y los terroristas de ETA llaman la atención no sólo porque comprueban hasta qué punto el cínico discurso revolucionario
lleva a justificar no sólo cualquier alianza, sino todo tipo de acciones contra "el enemigo". Que en esas acciones mueran personas inocentes, ya sean transeúntes que acuden a su trabajo, niños que van a la escuela o amas de casa que salen a comprar alimentos, no les importa ni les mueve el alma.Lo que dirige y estimula su acción terrorista es el impacto político y propagandístico que ayude y estimule a su banda de asesinos a continuar con una lucha que, en verdad, carece de un piso moral. Porque ningún revolucionario que luche por la vida puede distanciarse del efecto destructor de su acción clandestina y sangrienta, y de sus profundos efectos éticos en cada uno de sus propios militantes. Muchos de ellos, cuando colocan una bomba mortífera, piensan lo mismo que cualquier experto artificiero cuando hace su trabajo militar: ¿Y si la casualidad hace que un grupo de niños, con su maestra al frente, cruce por la calle de una comisaría española y mueran víctimas de la explosión? Hasta ahora, ningún miembro de ETA ha renunciado a su organización por graves problemas de conciencia ni de profundo dolor por haber matado a gente inocente, o por haber causado daños irreparables a la comunidad vasca. Tarde o temprano, esa actitud les pesará como una enorme montaña moral que sepultará sus erráticas acciones armadas. Que se hayan unido a las FARC de Colombia, que les presten asistencia técnica en el manejo de explosivos y atentados en los cuales no sólo mueren militares sino gente inocente, nos demuestra rotundamente el deterioro ético de ETA. De aquella gente torturada, perseguida y valerosa que conocimos y apoyamos en América Latina cuando huracanaba el régimen de Francisco Franco, a esta ETA de hoy que pasa a depender de organizaciones colombianas que apoyan y sostienen con armas el narcotráfico hay un abismo que nos duele y nos decepciona. Si la dirigencia de ETA piensa que estos fanáticos que hoy están en las esferas burocráticas del gobierno bolivariano son gente que coincide con ellos, más vale que resignen aquí sus luchas. La gran mayoría de sus seguidores en Caracas y de los venezolanos no vascos que les alojaron en el pasado, les dieron apoyo espiritual y psicológico y les ofrecieron plaza de trabajo, actuaron por una solidaridad claramente orientada a la lucha contra la dictadura franquista. No hubo otro motivo. Y ese objetivo estratégico se logró y trajo alegría a toda Venezuela. Pero si ETA piensa que la gente irresponsable y extremista que maneja hoy el Gobierno venezolano puede servir a sus intereses prestándose a alianzas con las narcoguerrillas de las FARC, pues, sólo nos queda decirle que no cuente con la otra Venezuela pacífica y democrática. |