De las celebridades socialistas
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 05 de Abril de 2021 00:00

altSemanas atrás, algún ruido digital generó  la autocalificación ultraizquierdista de Paul Gillman, e – inevitable – Ernesto Villegas,

el entrevistador,  recordó la vestimenta algo más que germana que  aficiona tanto al rockero. Una vaga respuesta pareció la más apropiada al incansable propagandista del régimen, cuyas preocupaciones esenciales en la vida – al menos, la  pública -  no profundizan en los asuntos y problemas políticos e ideológicos contemporáneos.

Frecuentemente, al iniciarse o prolongarse, no pocas experiencias autoritarias o francamente totalitarias, intentan reclutar y reclutan a figuras mediana o altamente populares que les permita, llegar a estratégicos segmentos de la población. En  nuestro caso,  muy cotizadas son las que descollaron en la otrora exitosa y poderosa industria radial, televisiva  cinematográfica del país: todavía quedan en el recuerdo de los más adultos de una población, cuyos jóvenes – avanzado el presente siglo -  sencillamente las desconocen, además, siendo el mayor contingente de desplazados y refugiados en as más variadas latitudes.

No olvidamos muchas de las sesiones de la tercera legislatura (2011-2016), en las que se daban cita en el hemiciclo, fundamentalmente, aquellos artistas de televisión que respaldaban al régimen, aunque - luego – algunos desertaran y, otros, conquistaran unas curules en reconocimiento por las adhesiones. Por ejemplo, aquella ley de seguridad social de los artistas que demostró a la postre no sólo su inviabilidad, sino la estridencia populista de un gesto de ocasión, impuesta por el oficialismo, a celebridad alguna  le inquietó y, si ahora tratásemos de pulsar una opinión, seguramente todo cabría en el manido recurso del “bloqueo imperial”.

Los parlamentos del socialismo real de la Europa Oriental, como también ocurre con NorCorea y Cuba, por ejemplo, contaron con personalidades de una relativa notoriedad en las artes, el deporte y otros ámbitos del quehacer social, susceptibles de un modesto desempeño político, pues, otras fueron sus vocaciones e intereses vitales  Lo importante era que el partido oficial, dominante o hegemónico, articulara una representación que él y sólo él, concedía, ensayando artificialmente su legitimidad.

Lejos estamos de alguna descalificación  personal respecto a Gillman, intentando aproximarnos a una determinante funcionalidad sistémica del llamado socialismo del siglo XXI, en los inadvertidos terrenos de la cultura y de la recreación: puede confesarse como un ultraizquierdista y, a la vez, recibir con vestimenta nazi una condecoración de la Fuerza Aérea que celebra su día, no por casualidad, un 27-N. Empero, aceptemos que el historial socialista está tejido también por la biografía de aquellas individualidades cercanas, periféricas o contribuyentes al escenario principal de los acontecimientos, ocupados por una dirigencia ya de acumulada experiencia para sostenerse a todo trance en el poder. Y, acotemos, finalmente, la paradoja de una industria radial, televisiva y cinematográfica que ha quebrado y, así, no garantiza el relevo de las celebridades que el sistema, a lo mejor, más adelante, jurará no necesitar.


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