La ciudadanía desde la política
Escrito por Antonio José Monagas | TW: @ajmonagas   
Sábado, 03 de Abril de 2021 00:00

altLa ciudadanía es fundamentalmente expresión del concepto de política.

Aunque también la ciudadanía refiere otros ámbitos del conocimiento universal. Pero también, actitudes que comprometen valores morales y éticos. Más, aquellos que exaltan la honestidad, solidaridad, tolerancia, respeto, responsabilidad, amistad, comunicación, reciprocidad, unificación, equidad, generosidad, justicia, ecuanimidad y participación, básicamente. 

Debe advertirse que esto no es fácil de comprender en toda su magnitud cognitiva. Tampoco, en lo que su praxis concibe. Hablar de ciudadanía, y de construcción de ciudadanía, se convierte en un problema que difícilmente se supera en la edad adulta. Son múltiples las variables que en lo social, política y culturalmente, encierra el concepto de ciudadanía. Sobre todo, su ejercicio. 

Cuando la persona alcanza la adultez, la construcción de ciudadanía se complica. No sólo porque para entonces, encauzar una conducta distinta de la que se disfruta en la zona de confort que para dicha edad tiende a disfrutarse, es un proceso bastante intrincado. Porque dicho espacio de placidez está supeditado a patrones de vida muchas veces manejados desde el egoísmo, la arbitrariedad, la ironía, la prepotencia y la aversión. O también, desde la posición social, el nivel económico o la postura política a la que sigue. Razones éstas que dificultan estimular en el adulto, un sentido de ciudadanía que concilie valores morales y criterios políticos. 

Pudiera pensarse en sembrar ciudadanía de alguna forma posible y viable. Particularmente, desde la óptica de la política. Aunque algo difícil, no es óbice para repeler tal idea. Aunque se ha demostrado que la ciudadanía se construye preferentemente en la escuela. En escuelas abiertas. Regidas por el principio: “valores y modales antes que conocimiento”. No obstante, la ciudadanía se cimienta en el hogar. Aún así, cabría la posibilidad de inducirla por otra vía y otro momento. Y es a lo que esta disertación apunta.  

Precisamente, en aras de reducir la brecha entre la resistencia del adulto a adoptar posturas de ciudadanía, y la terquedad propia de actitudes incompatibles con lo que compromete el sentido de ciudadanía, podría ensayarse algún método. 

Podría pensarse en una metodología de razón sociopolítica. La misma podría comenzar advirtiendo el rechazo que, por naturaleza humana, condiciona una cierta actitud personal alineada con una conducta marcadamente anti-cívica. Conducta esta, apartada de normas preparadas para actuar en consonancia con todo lo que construye ciudadanía. O sea, en la línea de adquirir un mínimo pero necesario conocimiento, de conceptos tales como política, sociedad, gobernabilidad, ideología, desarrollo, historia, derechos humanos y valores morales y políticos. Esto innegablemente, sumado al concepto de urbanidad.

La metodología considerada, se pasea por los siguientes momentos de análisis: 1) Momento de reflexión o de deliberación del propósito perseguido. 2) Momento de recuperación, tiempo ocupado para ajustar la idea a las circunstancias reinantes. 3) Momento de reconstrucción, dedicado a elaborar propuestas relacionadas con la propuesta en curso. 4) Momento de enriquecimiento teórico-instrumental dirigido a delinear las propuestas discutidas en la fase anterior.

La intención de afianzar el ejercicio de ciudadanía apoyado en la praxis política, apuntaría a la idealización de un “país posible”. O de una “realidad armonizada”. Los  participantes estarán asistiendo a un acto en el que el imaginario individual, habrá de jugar con la posibilidad de construir el andamiaje necesario sobre el cual habrán de erigirse factores, razones, recursos, hechos y proyectos relacionados con la ciudadanía. Asimismo, se examinarán instituciones, organizaciones y sociedades dispuestas a relacionarse con propuestas debatidas dirigidas a construir ciudadanía. 

Este proceso de enseñanza-aprendizaje, incitado por la necesidad de pautar una metodología que tienda a afianzar  la construcción de ciudadanía desde el ejercicio de la política, está conducido por un factor común denominador. Es el manejo teorético y práctico de ciudadanía apoyado por la práctica política. Esto deberá  sumar razones en lo concerniente al concepto de ciudadano. No sólo en cuanto a sus implicaciones. Igualmente, en cuanto a que advertiría el déficit de ciudadanía que pesa sobre la responsabilidad del ciudadano. Especialmente, en términos del desempeño cívico que corresponde a su haber y entender.

De ahí la necesidad de plantear esta propuesta desde la óptica de la política. No sólo para comprender que la ciudadanía detenta una condición política. Sino también, para reconocer que la política constituye al terreno desde el cual el hombre le imprime fuerza a sus decisiones. O sea, es el recinto en el que descansan las razones que justifican la conducta ciudadana ante cualquier coyuntura o situación. Indistintamente de si la misma es causante de equivocaciones o aciertos. 

El problema de actuar al margen de un comportamiento ciudadano, se suscita cuando cualquier actitud afecta a otro. Y dado que el ser humano vive en sociedad, no debe obviarse el riesgo que implica tomar decisiones propias que perturben a otros. Y es ahí donde la ciudadanía tiende a fracturarse como concepto y razón de convivencia. La pluralidad se fractura por la ausencia de tolerancia. 

Es justo el momento en el que el egoísmo se apropia de la coyuntura social y política. Es situar la realidad en el límite exacto entre la anomia, la barbarie y la civilidad. 

La intención suscrita en estas líneas, es proponer un modelo alfabetizador que despierte la necesidad y el interés, condición política ésta, de “ciudadanizar”a cuantos hombres y mujeres sean posible. Así, con la mayor modestia, estas ideas podrían actuar como razón para construir ciudadanía. De tal modo de formar un ciudadano en todas sus potencialidades cívicas. Es la intención de motivar la ciudadanía desde la política.


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