La democracia no es un discurso
Escrito por Antonio José Monagas | TW: @ajmonagas   
Domingo, 28 de Febrero de 2021 00:00

altLa ignorancia es causa de múltiples males y errores del hombre. Repetidamente, se actúa según lo determinen las fuerzas de las circunstancias.

Generalmente, así se ha pensado el ejercicio de la política. La historia contemporánea es el mejor indicativo y fehaciente testimonio del grado de barbaridades que se ha cometido en nombre de la democracia. Pero de una democracia mal entendida. Y sobre todo, mal concebida. Sus equivocaciones se han traducido en ingentes problemas con repercusión en todos los planos del devenir social, político y económico.

La democracia, si bien se vale de un discurso para considerar una serie de variables que en su correlación determinan postulados que son elementos de praxis, no puede fundamentar su acción en consideraciones que muchas veces ni siquiera son debidamente comprendidas por causa del rigor teórico con el cual opera la ciencia política. Sin embargo, hay quienes se valen de meras consideraciones para desvirtuar realidades incontrolables debido al factor incertidumbre arguyendo presunciones que buscan convertirlas en determinaciones.

Ahí, radica la fuente de innumerables problemas que han obstruido esperanzas y expectativas de desarrollo económico y social. Sencillamente, porque la democracia no es un discurso. La democracia es una realidad edificada no sólo por ideologías y sentimientos políticos. También es una manera de traducir intenciones en realidades. Anhelos en hechos que denoten esfuerzos por cimentar principios de justicia social, valores de rectitud, paz, verdad, amor y no violencia cuya conjugación forje condiciones que inciten las libertades políticas y económicas necesarias para apuntalar el crecimiento moral y ético de quienes se planteen el hermoso propósito de convivir compartiendo y de compartir conviviendo.

La democracia no es un discurso. Y cuando de ella hacen un discurso, sólo sirve para confundir. Y que viene utilizándose como elemento de cobarde manipulación o de abusiva explotación del hombre por el hombre. Tampoco es un medio para acorralar conciencias. Mucho menos, para engañar sentimientos. La democracia es una estructura intangible sobre la cual se erige todo un pensamiento social colectivo desde el cual se enarbolan ideas que, como semillas, germinan en forma de frondosos árboles de cuyas frutos depende la alimentación espiritual de una nación. Sus ramas saben brindar el mejor cobijo en momentos que las inclemencias del tiempo de la economía y la política pueden arreciar.

La democracia no es un discurso porque no es un juego entre algunos. Es un reto el cual se afronta con la disposición de un sentimiento con espíritu de pueblo y entrega de alma y corazón. En democracia todo florece porque quienes así lo creen se convierten en jardineros sociales cuyo jardín es la política. O sea, la propia vida. En fin, sólo queda por ratificar y vociferar ante los cuatro vientos, quela democracia no es un discurso.


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