Del desbarajuste burocrático
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 25 de Enero de 2021 00:00

altLos regímenes de fuerza suelen excederse, tergiversando y  abusando de sus competencias formales, aunque los hay también conscientes de sus limitaciones.

Estos, sobreviven al procurar una cierta prudencia que, luego, en otras áreas, no guardan para derrumbarse finalmente.

La macabra dictadura de Pérez Jiménez, por ejemplo, navegó por un buen tiempo las aguas aún más intranquilas. Y, confiada por una aparente estabilidad, se creyó después capaz de superar las propias tempestades que había creado.

Al iniciarse, incluso, evitó la tentación de complicarse burocráticamente y por mucha que fuese la demanda de espacios de figuración, valga la acotación, no creó la coordinación interministerial que algunos intereses lograron, por entonces, colar en la opinión pública (El Nacional, Caracas, 17/07/1953). No la ameritaba un país que, desde siempre, tuvo dimensiones modestas, bastando el consejo de ministros bajo la directa conducción presidencial; y, además, reclamado el gobierno como expresión institucional de  las Fuerzas Armadas, cerraba el ciclo de creación del Estado Nacional que principió con Gómez, definitivamente.

El  XXI exhibe una situación radicalmente contrapuesta y, desde sus albores, el régimen que jura monopolizar el siglo, ha hecho todo un enredijo del Estado Nacional, prácticamente reducido a escombros. Entre el ministro y el presidente usurpador de la República, media un complejo de vicepresidencias y despachos que deliberadamente impide un funcionamiento eficaz de los funcionarios y, así haya decisiones y actos de Estado que requieran de las rúbricas, pocas veces se verán los ministros en persona con un mandatario que sólo les exige refrendarlos para llenar un requisito formal, constitucionalmente establecido.

La suerte misma del Estado (Nacional) está en juego, a través del llamado autoritarismo competitivo que, ahora, intenta una nueva etapa tras anarquizarlo interiormente en beneficio de las camarillas que pugnan subrepticiamente por un definitivo control.  Al menos, hubo experiencias del pasado más sobrias que las de un presente explicado por los extremos de la incertidumbre, sabiendo el alto y mediano funcionariado que ha de repletar las maletas para huir en algún momento.

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