El exilio político
Escrito por Juan Pablo García | @juanpablogve   
Jueves, 17 de Diciembre de 2020 00:00

altNos levantamos escuchando el testimonio de la resistencia contra Pérez Jiménez, como la del exilio que provocó de una valiosa dirigencia política.

Por supuesto, distó de generar la diaspora venezolana que hoy asombra al mundo entero. Un poeta que ha calado en lo profundo del alma venezolana y que, por cierto, fue canciller de un presidente novelista, se vio forzado al destierro, donde encontró prematuramente la muerte: Andrés Eloy Blanco. 

Peor ocurrió con Gómez, quien ejerció el poder hasta su último aliento, provocando un exilio que se acercó un poco al sufrimiento de La Rotunda o del Castillo de Puerto Cabello. Se hicieron hasta famosos unos muchachos que tuvieron una frutería en Barranquilla, aunque ellos, alzados en 1928, despacharon un histórico documento hacia 1931 que ayudo a perfilar al país que vendría después, independientemente de lo que opinemos hoy sobre el manifiesto. Navidades iban, navidades venían, hasta que cayeron las tiranías, entre diciembre y enero, haciendo de 1936 y 1958, años estelares  

El exilio político auténtico es de sentimiento, angustia y esperanza, siendo el sacrificio su mejor emblema, distantes los seres queridos y el país amado. Se siente a profundidad la emoción de solo pensar y extrañar a Venezuela, la preocupación por un diagnóstico que se perfecciona y la apuesta por un futuro que puede abrirse generosamente. Las privaciones económicas, la estrechez de posibilidades para sobrevivir, pero la entera disposición de luchar, es lo que retrata mejor al exiliado, al auténtico exiliado. Nada tiene que ver con el boato, el despilfarro y la vanidad de quién se dice exiliado y, sin serlo, saca sus mejores discursos dizque políticos, pavoneándose en la prensa, gozando de una piña colada al borde de la piscina, pidiendo audiencias a mandatarios extranjeros, para lucir su mejor traje.
 
Comentan amigos muy cercanos, la historia del exilio venezolano, en tiempos remotos, fue testimonio de una conducta ejemplar, vigorosa, pedagógica.  Templaba el alma de líderes que, con una acrecida autoridad moral, como la del preso, estaban listos para regresar y ejercer altas responsabilidades, con la honradez, la austeridad, las vivencias, la madurez, que perfiló el destierro. Toda una escuela, la que nunca se deseó, pero la impusieron las circunstancias.
 
De cuño histórico, es esta escuela del exilio. Tiene estirpe de pulcritud ética, responsabilidad política, aliento histórico. Está hecha para los grande retos. Muy distinto al amago del exilio que es, por decirlo así, una suerte de turismo político. 

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