Los borbones del Caribe
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Jueves, 03 de Diciembre de 2020 00:00

altVentidós años haciendo lo mismo. No existe una idea novedosa. Siempre las idénticas ofertas y en consecuencia iguales resultados.

Pareciera que la testa nos les da para más. Triste y preocupante.

Cuando sus dirigentes y líderes, en tono amenazante, exponen sus propuestas, nos embarga  una profunda inquietud, más por el futuro del país que por uno mismo.

Volviendo atrás, nos recuerdan mucho aquellos discursos del siglo XIX, cuando algunos  improvisados generales y jefes de gobierno hablaban de república, progreso y paz. La mayoría de estos no pasaban de ser discursos de ocasión y estafas sensibleras.

Desde este punto de vista, llama la atención que  nuestra primera Constitución, luego de separarnos de Colombia en 1830, tuvo una vida espinosa y peliaguda. Desafortunadamente, algunas decisiones arbitrarias del General José Tadeo Monagas pretendieron enviarla, no al olvido pero si a reposar en los estantes del Congreso o en los incipientes archivos de la nación. (¿alguna semejanza con el presente?). Protestas, artículos de prensa,  movimientos capitaneados por gente realmente republicana y hasta por algunos lanceros ocurrentes, intentaron detener semejantes desvaríos. Hasta muertos y heridos hubo en el recordado asalto al parlamento. Fue lamentable este  suceso ocurrido el 24 de Enero de 1848. Hombres de ideas y verdaderos repúblicos, como Santos Michelena, fueron blanco y víctimas de este  feroz atropello. Un evento más en nuestro difícil y atormentado  siglo XIX.

Llegados al siglo XX salvo el trienio de 1945 a 1948 y la experiencia democrática de 1958 a 1998, con todas sus omisiones y errores, Venezuela sigue siendo igual o al menos muy parecida. Semeja a una sociedad confinada en el tiempo. Por supuesto que hubo avances, pero siempre fue el país rural y pobre hasta el punto que ¨la ignorancia nos hizo audaces¨.

Ahora en el siglo XXI, aferrándonos a este juicio, ni eso. No hay intrepidez gubernamental para cambiar la paupérrima situación del pueblo venezolano  y mucho menos la osadía y determinación para procurar un revolcón en esta aporreada y compleja situación. Solo una oposición, hasta ahora desperdigada, ha asumido un rol interesante y esperanzador.

Ventidós años de promesas incumplidas. Ofrecen un nuevo panorama económico y político sabiendo que en el fondo no pueden ni quieren realizar.

Es la triste realidad que se nos presenta ante unas elecciones reñidas con lo pautado en la Constitución, carentes de credibilidad y sobre todo de transparencia. 

¿Qué hacer? La historia enseña a no confundir constancia con  estupidez o a no  mezclar insistencia con necedad. En otras palabras, a no engancharse en más de lo mismo. 

La sentencia de Telleyrand es harto trillada, comentada y utilizada, pero bien vale la pena, a escasos días del cuestionado evento electoral tenerla presente: Los borbones ni aprenden ni olvidan, decía el experimentado diplomático. Así son estos gastados radicales caribeños: ventidós años de fracasos y mentiras y a estas alturas todavía ni aprenden ni olvidan.

 

 


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