95%
Escrito por Williams Caballero | @wcaballerolopez   
Martes, 20 de Octubre de 2020 00:00

altDe acuerdo con los más recientes estudios independientes, actualmente la pobreza en Venezuela ronda el 95% de la población.

Aquí solo un puñado de personas se salvan de la hecatombe de un sistema que arrasó con todo.

A pesar que Venezuela administró desde 1999 hasta digamos 2016, la bonanza petrolera más grande de todos los tiempos, con un ingreso de casi 100$ por barril de crudo, en este momento encabezamos los estándares más alarmantes de pobreza y desnutrición.

Esos miles de millones de dólares terminaron sumergidos en el mar del clientelismo y en el océano de la corrupción; miles y miles de millones se encuentran en cuentas bancarias en paraísos fiscales, millones y millones de dólares se perdieron en aquella política de "Don Regalón" que protagonizó el finado.

Lo cierto es que durante tanto tiempo y con tanta plata, quienes aún ocupan el Palacio de Miraflores no pudieron renovar la estructura física del país, no invirtieron en escuelas u hospitales, no renovaron o mejoraron nuestras ciudades, no.

Todo se lo quedaron. Y hoy solo queda una población empobrecida y envejecida. Hoy solo queda una nación enflaquecida y enferma, una sociedad presa de la angustia de cómo sobrevivir el día de mañana; este es el verdadero legado del “comandante”.

Me detengo y recuerdo cuando el difunto criticaba los índices de pobreza en las gestiones de Caldera, Carlos Andrés Pérez o Jaime Lusinchi; me acuerdo cuando él mismo proponía un acto de desobediencia popular en contra del hambre y de la miseria. Bueno, qué cosas tiene la vida, aquellas palabras tienen más vigencias ahora que antes, describen más la difícil realidad actual que la vivida en otros gobiernos.

Como dice el dicho “éramos felices y no lo sabíamos”, en aquellos días el trabajador comía tres veces al día – y hasta se lanzaba su merienda a media tarde – en aquellos días cuando alguien veía a un amigo con un plato desbordante de comida le decías “ajá, comes como obrero”, pues en esos días quienes trabajaban en construcciones se metían su “buena papa”.

En los hogares venezolanos no faltaba el queso, la mantequilla, la harina precocida, los huevos; en ese tiempo, los sábados o domingo – en la casa del menos pintado – se organizaba una partida de dominó o truco con su respectiva parrilla o sancocho.

¿Éramos pobres? Tal vez lo éramos, pero con comida, con esperanzas, con trabajo. En ese tiempo el que menos poseía agarraba su carrito y se iba con su mujer y muchachos a la playa o al río. Sin duda era otra Venezuela.

Decían – los periódicos de la época y lo repetían los opositores de entonces – que el país tenía un 70% de pobreza, pero la gente comía bien. Y no me vengan con el cuento de que los venezolanos comíamos perrarina porque siempre la comida de perros fue más costosa que un kilo de carne.

A finales de los 90, con un precio del petróleo a 7$ por barrio comíamos bien y bastante, ahora después de la bicoca petrolera de los últimos años y gracias a la gerencia de la revolución, millones de venezolanos pasan hambre, la desnutrición avanza y millones de connacionales emigraron fuera del país.

Gracias a este modelo, ahora sí pasamos necesidad y de la buena ¿o no lo creen así?

 

 


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