La recluta malthusiana
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Miércoles, 14 de Octubre de 2020 00:00

altDe acuerdo a las cifras que maneja el Banco Central de Venezuela, la inflación acumulada hasta el pasado mes de septiembre fue del 844,1%.

Sin entrar en polémicas sobre la exactitud de este porcentaje, lo importante es que  no deja de ser impresionantemente alto, lo que demuestra  no solo la hiperinflación que sufre la economía nacional sino también la paupérrima realidad que vivimos los venezolanos.

Lo más grave es que todos los sectores son afectados sin discriminación alguna. Industriales, comerciantes, profesionales, trabajadores de todas las ramas son exacerbados dolientes sin que haya algún interés cierto y manifiesto por parte del gobierno para superarla.

En este sentido, desde hace mucho tiempo la gente del magisterio, profesores de educación media y universitaria  han venido reclamando, con toda justicia, para que –definitivamente- las autoridades correspondientes les presten debida atención a sus ingentes necesidades y les procuren las soluciones  que –con la urgencia del caso- requieren. Sin duda, son unos de los más afectados de esta diabólica devaluación  del bolívar, entre muchas otras calamidades.

En relación a este maltratado pero importante sector de la colectividad, algunos pudieran considerar con un dejo de maniqueísmo, que la hasta ayer cuestionada democracia ha podido haber descuidado algunas relevantes reivindicaciones, sobre todo las referidas a sueldos, beneficios u otros tipos de compensaciones. Es posible. Pero lo que es innegable es que durante esos cuarenta años, tan criticados por este régimen, el magisterio y todo el gremio de la educación en general, fueron objeto de suma consideración y de medidas gubernamentales tendientes a paliar- por no decir superar- sus estrechas condiciones de vida y de trabajo. Véase ¿cuántas escuelas, liceos públicos, universidades y centros de educación tecnológica construyeron los gobiernos democráticos? ¿Cuántos niños, jóvenes y adultos ingresaron y asistieron a los centenares de  centros educativos, planteles y  aulas? ¿Cuántos maestros y profesores fueron incorporados a significativos planes de vivienda, programas para el esparcimiento y recreación familiar, para la previsión y seguros de hospitalización, cirugía y maternidad y hasta a una honrosa jubilación? No  debemos tener  duda alguna que la oprobiosa ¨revolución bolivariana¨ acabó con cualquier vestigio de estos beneficios, por más insuficientes que se les quiera mezquinamente evaluar.

A propósito de estas pretéritas reivindicaciones, nos tomamos la libertad de traer a estas líneas unos señalamientos que hacía Rómulo Betancourt en su libro ¨Venezuela Política y Petróleo¨. A este respecto, apuntaba lo siguiente: ¨Don Miguel de Unamuno afirmó alguna vez que en España eran clérigos o militares los novenos hijos de las familias prolíficas. El gran viejo bautizó con el nombre de ¨recluta malthusiana¨ a los enrolados en ambas profesiones. En Venezuela, la primacía en esa recluta bien pudo ser asignada al magisterio¨. (se refería a Tomás Malthus y a su conocido ensayo sobre el Principio de la Población) Sin duda, aludía Betancourt a esa condición de últimos, los de ¨por allᨠen la fila social, que detentaban los maestros y que ahora tienen- acotamos nosotros- los educadores en general. A todas estas, hay que tener la gallardía para reconocer que la tan vapuleada democracia les trajo  un merecido  primer lugar; a ser tomados muy en cuenta y –sobre todo- a ser valorados como lo que son: ciudadanos indispensables para el país. Y en este sentido reiteramos que, si queremos reinstaurar una democracia sólida, debemos preocuparnos por construir  ciudadanía. Y estos ciudadanos jamás los tendremos, si no contamos con una educación de primera  que les enseñe, más allá de las ciencias y la tecnología, las artes y oficios, los valores de la libertad, la justicia, la paz, el acatamiento a la Ley y el respeto a la opinión diferente, entre otros. Los educadores merecen todo nuestro reconocimiento y lealtad. Sin ellos jamás tendremos buenos ciudadanos y sin estos, una verdadera democracia.


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