Aron y las "parlamentarias" de la usurpación
Escrito por Juan Pablo García | @juanpablogve   
Jueves, 24 de Septiembre de 2020 00:00

altLogramos empujar la nada simbólica consulta popular del 16 de julio de 2017 que aprobamos y avalamos en cuanto a sus resultados,

por unanimidad de los diputados a la Asamblea Nacional. No obstante, muy a pesar de los resultados que se tradujeron en un mandato ciudadano, los integrantes del G-4 se rajaron, corrieron a los inmediatos comicios regionales y entraron en un diálogo siempre suicida con la usurpación. Al mismo tiempo, se hicieron eco  de la intensa campaña del régimen, como si votar fuese elegir. Funcionó la cita electoral como un fetiche y poco importó que las condiciones técnicas fuesen desfavorables, que el CNE estuviese monopolizado y arbitrado por Miraflores, que no hubiese observadores internacionales sino acompañantes previamente seleccionados por el partido de gobierno, que no hubiese verificación ni medios de impugnación libres, que el propio Plan República se combinara con los colectivos armados para aterrorizar a la oposición y, encima de todo, que no contaran limpiamente cada sufragio, con las máquinas que puso a la orden una transnacional que huyó pronto del país para no seguir cohonestando la trampa. Y así, se sucedieron otras elecciones fraudulentas y otras negociaciones no menos fraudulentas que pasaron de República Dominicana a Noruega y de ésta, a Barbados, siempre a espaldas del país.

Un viejo sociólogo francés (por cierto, autor de un libro sobre los marxismos imaginarios), Raymond Aron, escribió en su “Ensayo sobre las libertades” (Alianza Editorial, Madrid,1969, pág.  140), lo siguiente: “… Para ser real, la democracia exige el respeto a las libertades personales, libertad de expresión y de discusión, libertad de asociación y  de agrupación. La elección no significa nada si no lleva consigo a posibilidad de elegir”. Éste solo párrafo del gran pensador liberal, simplemente, pone en jaque (y mate) los tales comicios parlamentarios de la usurpación. Y es que a los propios chavistas, Maduro les impondrá o pretenderá imponer a sus diputados, y al que no vote, ni la mitad de la caja del CLAP les llegará. Una evidente extorsión. Qué quedará para los ilusos de la 'y que' oposición.

La respuesta es obvia: no hay libertades de ningún tipo y quien disienta, ahí está El Helicoide en el mejor de los casos.  Los partidos concurrentes, son simples parapetos de ocasión, previamente intervenidos y asaltados, al lado de los otros que son consecuentes con su probado alacranismo que comenzó no hace meses atrás, sino que tiene más tiempo con la judicialización. Por estos días, pregunté por los dirigentes que encabezan a uno de ellos: figuras de cuarta o quinta categoría que los cargos partidistas que han tenido, se los dio el TSJ; sin trayectoria política, recién llegados pocos años atrás; negociantes por naturaleza y desconocidos por la militancia; además, socios políticos de otros que dejaron en el camino, en el trámite de todas las deslealtades, con niveles de vida injustificables. Todos sueñan con una curul, así sea ilusa e ilegítima, completar algunos negocitos por aquí o por allá, mientras se pueda, y –en el supuesto afirmado de caer el régimen– tratar de dar el salto a tiempo, no importa si oportunista, para colarse en la oposición franca, limpia y verdadera, quizá ser gobierno, o largarse del país para un exilio dorado.

A esos alacranes (con el perdón de los genuinos insectos ponzoñosos) no les importa que no los elijan en esas "parlamentarias", pero sí que los voten, así sea con la trampa de los resultados cantados. Elecciones sin posibilidad de elegir. ¿Qué no diría de esto Raymond Aron?

 


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