El valle de la muerte
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Viernes, 11 de Septiembre de 2020 00:00

altEn una interesante y pedagógica exposición, el profesor Sir Ken Robinson, mediante el  programa denominado TED Talks,  señalaba la importancia que hoy día tiene la aplicación de

nuevos  métodos educativos. Hacía hincapié en la necesidad de utilizar las potencialidades del ser humano y de cómo podrían emplearse en aras del  bien común. Llamaba, igualmente, la atención acerca del trabajo en equipo y del respeto a la diversidad de criterios.  Refería con especial énfasis - para ilustrar su disertación-  un fenómeno ocurrido en el  2004 y 2005 en el conocido Valle de la Muerte, ubicado en el sureste del Estado de California en los Estados Unidos de América. Según  mediciones exactas y confiables, en los meses de verano, la temperatura en esta área alcanza los calurosos y casi irresistibles  57 y 58 grados centígrados. Todo un infierno.

Explicaba el profesor Robinson que debido a los cambios climáticos en los últimos lustros, algunas manifestaciones un tanto extrañas han podido observarse incluso en el desierto de Itacama en Chile. Sin duda, se trata de zonas en extremo secas, sin vegetación, arenosas, invivibles y solitarias.  Sucedió, entonces que debido a una rareza del ¨Niño¨, comenzó a llover copiosamente durante días y noches en el invierno de 2004, específicamente en el Valle de la Muerte norteamericano. Las consecuencias de este palo de agua – como decimos en criollo – no se hicieron esperar. Pocos días después, en la primavera de 2005,  una buena  parte de los 2.700 kilómetros cuadrados de esta extensa hondonada, estaba cubierta de arbustos y plantas floreadas, exhibiendo  innumerables especies sobre una espectacular alfombra verde,  toda extraña e inapropiada  para estos parajes. 

Nos  permitimos mencionar este particular evento con el fin de utilizarlo como  ejemplo y  muestra  de la actual situación política nacional. Pareciera que estamos agobiados por una sequía, un verano de propósitos comunes, de ausencia de ideas claras, firmes y factibles ante un gobierno que día a día pretende atornillarse por largo tiempo en el poder. Da la impresión que cada individualidad o grupo tuviesen planes y puntos de vista diferentes, a pesar de los sempiternos documentos llamando a la acción común y a las trilladas declaraciones de ocasión. Como  evidencia aparece el dilema que presenta  la oposición en lo que respecta a votar o no, y que algunos destacados analistas explican su conveniencia o por el contrario, su inutilidad. En este sentido, somos de la opinión que no podemos detenernos en esta ya infantil y estéril discusión. Ahora se trata – y lo subrayamos- de lograr una fuerte, sincera y definitiva alianza de todos los factores y sectores del país que nos permita avanzar en este complejo proceso de rescate y reinstauración de la democracia venezolana. Ya no se habla de unidad, concepto – según alegan algunos - un tanto romántico y carente de sólido asidero.  En estos días  se promueve, y no sin razón,  una alianza, un pacto, un acuerdo para enfrentar exitosamente este régimen (término que no le gusta al gobierno).

Acudir o no a las elecciones de diciembre puede apreciarse como una cuestión ocasional y de poca monta política. Cada quien debe asumir su responsabilidad y las consecuencias que esto podría causar.  De nuestra parte, ya expresamos nuestro apoyo al planteamiento  según el cual la sola abstención no es una opción válida. En otras palabras, que debe ir acompañada de otras acciones contundentes y de una masiva participación. En este orden, consideramos como un avance y una gestión plausible la idea de convocar a una gran consulta nacional que, según los proponentes, debería efectuarse en los próximos días. Y es que sería muy importante conocer a ciencia cierta cuál es la opinión de la colectividad sobre aspectos y temas  de enorme envergadura. La compleja y difícil realidad política, económica y social del país así lo exige. Ojalá se realice para beneficio de todos, y marque al fin, una ruta factible y  convincente.

El fenómeno acaecido en el  Valle de la Muerte nos ofrece una  enseñanza  idónea para esta coyuntura política: si realmente queremos un verdadero cambio, si aspiramos  vivir en democracia, debemos –primero- lograr una gran alianza que nos facilite un clima de posibilidades. Como diría un inspirado activista: Una pertinaz lluvia de idénticos propósitos  permitiría que las innumerables semillas de libertad, progreso y retorno a la institucionalidad germinen irreversiblemente por toda  la geografía nacional. Una Venezuela distinta requiere de la contribución y voluntad de todos, aceptando- desde luego- la diversidad de opiniones. El caso del Valle de la Muerte es un digno ejemplo que nos regala  la naturaleza y una magnífica lección.


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