Trabajar y no comer
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Jueves, 13 de Agosto de 2020 00:00

altVarios refranes aluden a la importancia del trabajo para el hombre y la sociedad: "Quien madruga, recoge agua clara";

"Quien trabaja, no come paja"; "Siembra hoy y recogerás mañana", y así otros. También el acervo popular en canciones nuestras asevera lo contrario: "El trabajar yo se lo dejo todo al buey, porque el trabajo lo hizo Dios como castigo", o aquella otra letra de "La flor del trabajo", ese personaje al que le transcurrió el año sin hacer nada por él ni los demás. 

Mientras, los Derechos Humanos promueven la garantía universal de la contraprestación de la actividad laboral, fundamentándose en el individuo y su familia. Vivienda, alimentos, vestimenta, educación, salud, recreación, deben ser obligatoriamente garantidos. Todo aquello que reafirme la dignidad de la persona. El mismo camino trazado en la Constitución Nacional donde se afinca, además, el libre desarrollo de la personalidad. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) plantea, por su parte, que es la de la Organización de las Naciones Unidas, el Trabajo Decente". Si un país no posee medio alguno como garantizar estas demandas a sus habitantes puede y prácticamente está obligado a requerir la ayuda internacional. 

Venezuela está entre los pocos países del mundo en los que se trabaja y el individuo, no digamos la familia, padece la indignidad de que su remuneración no le alcance para comer, vestirse... Vivir. El salario mínimo es una deleznable vergüenza. Los demás, de profesionales de alta jerarquía igual, de extrema pobreza. El proyecto socialista Siglo XXI cumplió su propósito de volver trizas el aparato productivo (PDVSA es sólo la muestra más palmaria ante el mundo de esta agónica destrucción) y de acabar con las razones de ser del trabajo. Todo para sojuzgar. La dominación incluye bonos miserables y cajas o bolsas de comida que se van extinguiendo ante la mirada atónita de los sojuzgados que medran por una dádiva para la posible sobrevivencia. 

Trabajar para no comer siquiera no es el producto de haberle restado valor al trabajo sino de eliminarlo como concepto vivo. Matarlo. Las implicaciones sociales saltan a la vista: corrupción, prostitución, delincuencia, narcotráfico, indolencia por el otro, huida en estampida, suicidios, tormentos mentales, hambre, precariedad, desnutricion. 

La restitución del valor de la educación y del trabajo, de la dignidad individual y colectiva, pisoteadas hasta su más evidente destrucción tanto por el extinto Hugo Chávez como por Nicolás Maduro y todos sus secuaces, quienes de modo alguno pueden integrar ninguna opción de transición, tienen que ser tareas de primer orden para restituir la escamoteada República. 

 


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