Venezuela, Chávez y la traición soberana
Escrito por Antonio Sánchez García | @sangarccs   
Jueves, 06 de Agosto de 2020 00:00

altAmigos chilenos de paso por Caracas nos previnieron en los albores de este asalto castro comunista al poder asombrados de lo que podía esperarnos a los venezolanos

de caer en manos armadas e  inescrupulosas. Las semejanzas y similitudes entre el pueblo venezolano y el pueblo cubano hacían presagiar el peor y más terrible de los desenlaces: la pérdida de nuestra soberanía. Tras veinte años y las oficiosas diligencias de sus fuerzas armadas, Venezuela es un apéndice de la tiranía cubana. Menos que una satrapía, una mísera colonia.

Como ilustrando con un apéndice subdesarrollado y tercermundista La Marcha de la Locura, de Barbara Tuchman, Hugo Chávez y los estados mayores de los ejércitos venezolanos, acompañados diligentemente por sus élites políticas, artísticas, mediáticas y académicas de “abajo firmantes”, se hizo al firme y decidido propósito de subordinarse a la tiranía cubana, incomparablemente más pobre e insignificante que la nación independizada por Simón Bolívar. Y en un soberbio acto de locura y delirio arrodillarse ante la zarrapastra caribeña de rumba y ron, trova y guaracha, policía y represión poniendo a sus pies sus cuantiosos recursos. Cien mil barriles diarios de petróleo gratis y 5.000.000 de dólares mensuales, a cambio del alquiler de unos enfermeros graduados de médicos, unos deportistas graduados de pedagogos y unos coroneles graduados de generales. 

Decenas de miles de cubanos protagonizaron lo que un conmovido y asombrado testigo de la auto amputación llevada a cabo por militares y civiles traidores llamara “la invasión consentida”. En pocos meses “decenas de miles de médicos, enfermeros, entrenadores deportivos, profesores, académicos universitarios, instructores políticos, ingenieros, constructores, informáticos, militares, policías, oficiales de inteligencia, asesores culturales, choferes, arquitectos, conductores de tractores, alfabetizadores, técnicos en agricultura, petróleo y energía eléctrica y hasta expertos en cultura venezolana graduados en cursos de dos semanas. En 2018, Julio César García Rodríguez, jefe de las misiones cubanas, dijo que 219.321 de sus compatriotas habían llegado a Venezuela.” Lo cuenta el ex guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos en una reseña publicada en El País, de Madrid, del libro LA INVASIÓN CONSENTIDA, firmada por Diego G. Maldonado. Un estremecedor testimonio del acto de entrega y donación de la soberanía “llave en mano y en paquete” del país más rico de América Latina y uno de los más ricos del mundo a una miserable isla que ni capaz fuera de obtener su independencia por mano propia. ¿Sacrificar trescientas mil almas en las luchas independentistas para terminar boqueando a los pies de las botas de los chulos cubanos?

No conozco caso de situación más indigna y humillante en la historia de América Latina que la ominosa sumisión de Venezuela ante la tiranía cubana. Tanto más trágica e indigna, cuanto que ya se extiende por veinte años y el saqueo inmisericorde de nuestras fuentes de riqueza, a la generosa disposición de rusos, chinos y talibanes islámicos, al extremo de que bien vale la pena preguntarse si Venezuela aún existe como nación independiente.         

 

         


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