Los apóstatas y el poder
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Jueves, 09 de Julio de 2020 00:00

altPareciera resurgir de las entrañas de la Venezuela del siglo XIX.

Una conducta que tiene su acta de nacimiento desde los  inicios de la guerra de independencia y que a lo largo de toda la centuria tuvo una presencia inusitada. Conspiraciones, revoluciones, volteretas, maromeros de todo pelaje y lo peor,  arrimados a última hora a gobiernos de facto y frágiles.

La apostasía en política- sobre todo en nuestros predios- no es otra cosa que cambiar, abandonar un partido y, de paso, renegar de sus principios, de sus dirigentes y militancia. Nos recuerda a aquellos cambiazos que sin rubor alguno realizaban conocidos políticos, hombres y prohombres públicos, generales, doctores, ilustrados censores y demás buscadores de prebendas y poder.

El advenimiento de la democracia puso cierto  orden en estos menesteres y malas costumbres. Eran muy pocos los que se atrevían a cambiarse de un lado a otro sin mayor argumentación. Eran otros tiempos en que existían principios y lealtades. Por supuesto, que en esta etapa hubo  fracturas, divisiones, separaciones y hasta la constitución de otras organizaciones partidistas. Pero estos asuntos, en su gran mayoría, se ventilaban como algo mucho más serio y –si se quiere- con la necesaria e  infaltable sindéresis política.

Asombra, por no decir que nos dejan boquiabiertos y perplejos, como algunos dirigentes partidistas, incluidos destacados diputados a la Asamblea Nacional, abandonan sus organizaciones  cuando  hasta ayer, por así decirlo, se rasgaban las vestiduras en defensa de esta maltratada democracia y  de estas instituciones.

Estas acrobacias nos hacen recordar el desfachatado discurso de Antonio Leocadio Guzmán ante el congreso en 1867: "No sé de dónde han sacado que el pueblo de Venezuela le tenga amor a la Federación, cuando no sabe ni lo que esta palabra significa. Esta idea salió de mí y de otros que nos dijimos: supuesto que toda revolución necesita una bandera, ya que la Convención de Valencia (1858) no quiso bautizar la Constitución con el nombre de Federal, invoquemos nosotros esa idea: porque si los contrarios, señores, hubieran dicho Federación, nosotros hubiéramos dicho centralismo". Más allá de la época y de lo que quiso decir, lo cierto es que el hecho  encaja perfectamente con lo que acontece hoy día.

¿Cuántos dislates, contradicciones y perversos argumentos  agitan los nuevos apóstatas ante el estupor y desconcierto del país? ¿Cómo explicar su apoyo de la noche a la mañana a algunos propósitos y decisiones del régimen  sin reparar en el daño que le hacen a sus electores y a la ciudadanía en general? ¿Cómo justificar esos relampagueantes cambios a lo Guzmán? Un poco de recato y sensatez serían necesarios, aunque fueran tardíos.

Podría pensarse que todo este embrollo, iniciado el pasado 5 de enero con motivo de la elección de la nueva directiva de la Asamblea Nacional, ya traía  bajo el brazo un guión bien diseñado y preciso: entorpecer las funciones de este cuerpo; lograr de este modo la designación   de los rectores del Consejo Nacional Electoral por el Tribunal Supremo de Justicia y, seguidamente, intentar la implosión de  la unidad interna de los principales partidos con el fin, primero, de asumir sus respectivos puestos de dirección y segundo, lograr en unas eventuales elecciones, una votación aceptable a través de sus tarjetas y con ello obtener unos cuantos diputados que le servirían, a cambio de cosas nada impolutas, de comodín al régimen.

Hay muchos guzmanes redivivos y sueltos. De un salto intentan borrar todo un pasado que indiscutiblemente pudiese presentar  errores, desaciertos y hasta indebidas obstinaciones, pero de allí a zumbarse por un tobogán de mentiras, insultos y apostasía no resulta nada conveniente ni convincente para el trabajo pertinaz y  conjunto que nos demanda Venezuela.

Por cierto, ninguno de ellos ha levantado la voz para criticar y condenar severamente las inapropiadas declaraciones del Ministro de la Defensa en los actos conmemorativos  del 5 de julio. ¿Un mensaje para desmotivar? ¿Para dejarnos en claro que todo está arreglado? Hay un preocupante silencio mientras  estos apóstatas andan dedicados a abjurar de su pasada militancia y posiciones, rompiendo carnets de afiliación a escondidas y maltratando a sus ex-compañeros sin ningún tipo de disimulo y consideración. En estos días hay muchos apóstatas resucitados y sueltos…


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