Yo, ciudadano
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Lunes, 16 de Mayo de 2022 07:32

altDesde los albores de la república ha sido difícil, complicado, plagado de vicisitudes,  aunque en algunas oportunidades

se hayan alcanzados inobjetables  logros. Así ha sido este largo camino emprendido desde 1811. El gobierno civil que  se instauró por mandato de nuestra primera constitución duró muy poco. Además, por razones bélicas, Bolívar lo criticó abiertamente en su conocido Manifiesto de Cartagena fechado en diciembre de 1812, entre otras cosas, por paternalista  y por incapaz de derrotar la violenta resistencia monárquica. Ello dio inicio  -para muchos historiadores- a la preponderancia del poder militar sobre el poder civil, asunto un tanto entendible, dadas aquellas circunstancias. Pero concluida la gesta independentista y desintegrada Colombia, lamentablemente se desataron los demonios y con mayor persistencia, más allá de las buenas intenciones, proclamas y juramentos republicanos, el militarismo, su hermano gemelo, el caudillismo, y su infaltable pariente, el continuismo, hicieron de las suyas en el transcurso del siglo XIX y parte del XX. Sucede entonces, a pesar  de algunas críticas y visiones contrapuestas,  cuando la revolución del 18 de octubre de 1945 y sus posteriores ejecutorias, procuran implantar un genuino sistema democrático que  -por cierto-  jamás había sido conocido y vivido  plenamente  por los venezolanos.

Sin embargo, la continua y sempiterna pugnacidad entre el dominio militar y la supremacía civil se resuelve, una vez más, a favor del primero. En noviembre de 1948  es depuesto el gobierno  legítimo de Rómulo Gallegos y la neonata ruta democrática se  interrumpe totalmente. 

Luego de diez largos años, gracias a  un esfuerzo rayano en lo épico, se retoma la senda de la libertad y la democracia. Sustentada por el voto universal, directo y secreto,  mediante la actuación acertada – en muchísimas ocasiones -  de los principales partidos políticos, por los acuerdos y pactos habidos, con el apoyo de la mayoría de los sectores nacionales y sin estar exenta de enormes fallas, errores y omisiones, tuvo un irrebatible buen desempeño hasta que  algunos adoradores y oficiantes del pasado, infieles a su juramento  y  avenidos con ruidosos y frustrados radicales, usando y abusando de mecanismos  electorales,  se hacen del gobierno  en y desde 1999.

De resto, conocemos  a la perfección  esta  dura y penosa realidad que cotidianamente   padecemos. Y es que, desafortunadamente, volvimos a etapas ya superadas y más cuando, sin máscaras y disimulos, presenciamos el militarismo  haciendo de las suyas para someter, por no decir aniquilar, el poder civil. Son los fantasmas del ayer, salidos de sus viejas sepulturas, que pretenden regresarnos a  autocracias rebasadas y caducas desde hace ya muchos años.

No nos cansaremos de reiterarlo: Hacer efectiva la ciudadanía, la incorporación y el ejercicio de la política, el respeto a los derechos humanos, el acatamiento del orden jurídico y, a fin de cuentas, el goce de la libertad, solo son posibles en democracia. Lo demás es puro cuento de camino.

En consecuencia,  quienes aspiramos a la reinstauración de un verdadero sistema democrático  no debemos engañarnos con anuncios lisonjeros y mucho menos con aquellos miopes que se permiten declarar que  Venezuela vive “cierta normalidad política y un incipiente despertar económico”. Los hechos demuestran lo contrario. Solo el 1% de la población disfruta de un bienestar que muchas veces   no está exceptuado ni inmune de sus orígenes dudosos.

La senda democrática ha sido  siempre complicada, llena de altibajos, por mucho tiempo impedida, y en otros breves períodos, históricamente hablando, transitada con dificultad. Pero la ciudadanía no se hipoteca y mucho menos se cede, presta o alquila. Por consiguiente, hay que resistir,  afanarse, insistir,  exigir sindéresis política y la definitiva unidad de la oposición, enfocados en nuestro único propósito: el retorno a la democracia y con esta, el país que tanto nos merecemos. Solo así podremos  muy pronto afirmar y  rubricar con orgullo venezolano: Yo, Ciudadano.                   

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|*|: Especial para www.opinionynoticias.com


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