Ni regalos ni complacencias
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Miércoles, 24 de Junio de 2020 07:46

altMirar hacia atrás de manera constante resulta poco conveniente.

Podría convertirse en una situación de estancamiento, parálisis, en una absurda contemplación del presente y, por supuesto, en una incapacidad manifiesta para atisbar el futuro. Ojear el pasado tiene- obviamente- su importancia cuando se estudia para comprender  cómo fue nuestro ayer y cómo son nuestros días, pero también, como si tuviésemos unos catalejos, para procurarnos de ciertas señales y presunciones acerca del mañana.

El Profesor Germán Carrera Damas ha escrito un excelente y monumental estudio al respecto intitulado "La Historia Prospectiva", una apreciable obra para su examen y  consideración  desde una perspectiva diferente.

En política, ese continuo acudir a los aciertos y errores de los gobiernos civiles o democráticos en un modo casi enfermizo, nos puede conducir a una especie de contemplación o miramiento nada cónsono con las angustias y preocupaciones que vivimos por causa de los innumerables problemas cotidianos.

Nadie en su sano juicio puede pretender que el régimen reconozca a la oposición como fuerza política de primer orden, ni la Asamblea Nacional legítima con Guaidó incluido, y mucho menos a los partidos mayoritarios y sus respectivos dirigentes agrupados en lo que se conoce como el G-4, por señalar unos casos. En otras palabras, pensar que estamos ante un régimen respetuoso de la Constitución y del juego democrático, es simplemente estar equivocado de banda a banda y sobre todo, permanecer anclado a un pasado que, en sus justos y cabales términos, no volverá. Nos guste o no, no estamos en presencia de un régimen de libertades y mucho menos respetuoso de los derechos de todos los venezolanos.

Los verdaderos demócratas, magullados de tantas caídas y traspié propinados por este gobierno, deben echar mano a cuanta rendija se abra. Porque la pelea – como dicen -  es en todos los campos y en todas las situaciones. El inolvidable líder de Acción Democrática en la clandestinidad Alberto Carnevali hablaba de acciones puntuales y "tácticas específicas" para enfrentar  las arbitrariedades, persecuciones y crímenes de la dictadura militar. Por eso hemos dicho que el pasado hay que verlo, no contemplativamente, sino con ojos analíticos para sacar lo mejor de sus acertamientos. Nadie nos va a dar un Consejo Nacional Electoral tal como aspiramos. Nadie nos va a complacer con unas elecciones limpias y transparentes. Sin embargo, no podemos –como popularmente se dice- mojarnos antes de cruzar el río. Pedir, solicitar, exigir mejores condiciones electorales, resulta lo más sensato y políticamente lo correcto. Si no lo logramos, entonces buscaremos otros acuerdos y estrategias dentro de la oposición para actuar en consecuencia. En tal sentido, hay que recordar la conocida sentencia: "Dar el primer paso no significa llegar pero si salir de donde se estaba". Específicamente sobre este asunto, un rotundo "no" a priori, puede dar al traste con la unidad y traernos consecuencias impredecibles y lamentables para el fin que perseguimos.

Con la cabeza en alto, hay que reclamar, requerir, exigir,  siempre bajo el enorme paraguas unitario. Hablando de enseñanzas, Rómulo Betancourt decía que a la "historia a veces había que empujarla". 

 Nada más apropiado para dejar a un lado el pasado contemplativo y buscar en el ayer verdaderas y útiles lecciones para hoy. Cualquier rendija es una oportunidad.                                                         

                                                                   


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