¿O es que se hacen, o en verdad son?
Escrito por Antonio José Monagas | TW: @ajmonagas   
Domingo, 21 de Junio de 2020 08:15

altSiempre se ha dicho que mientras más soberbio se comporte quien presuma de conducirse detrás, delante o ante el poder político,

sólo está desnudando su debilidad. O poniendo al descubierto sus miedos. Esta consideración que pudiera parecer un sabio aforismo, es el mal que habrá de reducir la prepotencia de gobernantes embadurnados de odio por la obcecación que afecta su precaria capacidad para actuar desde la ecuanimidad y honestidad que, como condiciones, exige todo compromiso público.

Es el problema que encarna quien se arroga facultades para determinar el destino de una nación. Es el problema que marca el comportamiento de gobernantes con ínfulas militaristas. Parecen seres extrañamente surgidos del ideario de algún personaje a quien revisten por encima de héroes libertarios cuyas vidas ofrendaron por causa de justicia y libertad. Léase individuos armados de valor y talento político.

Tan degenerativo prejuicio, ha motivado en muchos gobernantes el ridículo prurito para incorporar, en sus apetencias políticas, razones suficientes para actuar a desdén de leyes, acuerdos. Y todo lo que legitima decisiones y procederes civilistas, altruistas y sociables. Esos personajes de marras, hicieron del poder político el vínculo expedito para instituir, solapadamente, mecanismos de corrupción, venganza, represión y de insolente arbitrariedad.

Sin embargo, el problema no se detuvo en tan degradado nivel. El caos se desborda cuando esos gobernantes, creyéndose por encima del otro, con la impunidad y desvergüenza suficiente para desgarrar el alma de poblaciones enteras, inventaron todo tipo de tramoya para maquinar pretextos y excusas buscando siempre enquistarse en el poder. Peor aún, al margen de reclamos, exigencias, solicitudes y protestas nacionales e internacionales que clamaron su salida para entonces recomponer el estado de calamidad y desastre instalado.

Aunque lo peor de todo ese colapso, no queda ahí. Se radicó en mafias y complicidades. Y tal desorden o revuelo de decisiones encontradas, arraigaron al interior de la sociedad civil los peores conflictos imaginados. Eso determinó que dichos regímenes hicieran de las suyas pretendiendo convencer a ilusos, furibundos y personas ganadas por el facilismo y el cinismo, a través de dádivas extraídas del erario extraído de las finanzas públicas. Justamente, para actuar a conveniencia de un plan intencionalmente estructurado a instancia de pautas de terrorismo político implantado por predicadores del odio y pandilleros de la política.

La indecencia e intransigencia de gobernantes así, empañaron realidades capaces de desarrollarse con base en capacidades y potencialidades probadas. De manera que en esos casos, no debe hablarse de crisis de Estado, por cuanto lo que impera con el concurso de atropellados métodos, no es otra cosa que la tramada y alevosa intención de arrasar todo cuanto haya sido marcado por la institucionalidad y legalidad establecida. Todo ello, dirigido a seguir incitando, encubiertamente, el curso de diásporas en tenebrosa complicidad con acciones de disimuladas intenciones de progreso y crecimiento. ¿O acaso tales personajes se plegaron a conformismos que ciegan para luego mostrarse alucinados? Y es que ante quienes los emulan desde niveles de poder, habrá que preguntarse: ¿O es que se hacen o en verdad son?

 


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