Directo al medioevo
Escrito por Trino Márquez C. | @trinomarquezc   
Jueves, 21 de Mayo de 2020 00:00

altEl cierre de Directv es un acto arbitrario, arrogante e impopular del régimen.

Esa decisión no consideró la precaria condición en la que se encentran las millones de familias afectadas por esa medida absurda, que solo profundiza el descontento con el gobierno y empeora la ya pesada atmósfera anímica que envuelve  a la población, después de más de dos meses de un confinamiento que ha estado acompañado por el crecimiento exponencial de la inflación y la escasez de gasolina. 

El régimen conocía la decisión de  American Telephone and Telegraph  (AT&T), dueña internacional de Directv. Para el Ejecutivo no fue ninguna sorpresa que la casa matriz ubicada en Dallas, Texas, le informara a su filial en Caracas que debía sacar de la parrilla a Globovisión y al canal de Pdvsa, una emisora que seguramente no ven ni si siquiera los empleados más leales de la empresa petrolera. Esa medida la había adoptado el grupo norteamericano el año pasado, cuando el Presidente de Estados Unidos optó por sancionar al gobierno de Caracas, solo que no  había sido ejecutada. La respuesta de Maduro fue premeditada y con alevosía. Estaba dispuesto a cerrar Directv cuando AT&T  dictara la orden. Prevaleció el deseo de venganza. En sus consideraciones no intervino el hecho de que la cablera les llevaba su imagen a más de diez millones de venezolanos, a quienes les servía de fuente de información y entretenimiento. Como siempre, los intereses populares quedaron relegados. Lo importante era causar daño y mantener la disputa  con Donald Trump, sin tomar en cuenta el perjuicio causado.

Cuando Hugo Chávez comenzó a hablar del socialismo del siglo XXI en los inicios de su mandato, muchos pensaron que se trataba de una balandronada de ese personaje con rasgos decimonónicos. De una figura que, así como hablaba extasiado y sin parpadear del ‘pensamiento’ de Ezequiel Zamora, se refería a las bondades desconocidas del socialismo, en un período en el cual poco antes el Muro de Berlín había sido derrumbado a mandarriazo limpio; y la Unión Soviética había implotado sin que ni siquiera hubiese salido un disparo de un fusil enemigo. Mucha gente pensó  que el sarampionazo le pasaría cuando el díscolo caudillo madurara un poco y asumiese con seriedad la exigente tarea de gobernar una nación tan compleja como Venezuela. No fue así. El hombre murió convencido de las bondades del estatismo y, peor aún, dejó como herencia a un señor cuyos escasos conocimientos los adquirió en las escuelas de formación de cuadros comunistas en Cuba.

Tres lustros más tarde, constatamos que los devaneos del comandante  no tenían nada de graciosos, ni de folclóricos. Su proyecto colectivista  condujo al país a la ruina total.  Ahora nos encontramos sin gasolina, no obstante contar con las mayores reservas petroleras del planeta; sin electricidad, aunque existe el Guri, entre las represas más grandes de América Latina; sin agua, a pesar de poseer una extensa red fluvial.  Y, desde hace unos días, sin Directv, la principal empresa nacional de televisión satelital. 

El socialismo del siglo XXI resultó ser una catastrófica y costosa estafa. Se combinaron en él la desidia, la irresponsabilidad y la corrupción. Estos componentes había que combinarlos con el autoritarismo para que la mezcla le permitiese  a la cúpula del régimen engraparse al poder. 

El ataque a Directv representa una embestida contra la libertad de elegir.  La inmensa mayoría de los estratos más humildes de la población quedaron condenados a quedar atrapados por la pobre oferta doméstica. Muy pocos podrán emigrar a las otras cableras que operan en el mercado interno. Compañías, por cierto, que brindan un servicio pésimo en la mayoría de las localidades donde funcionan. Maduro está condenando a los pobres ver la paupérrima oferta de VTV, de TVs y de las otras televisoras que controla. 

Frente al abuso, la gente contará con la opción de apagar los receptores cada vez que el mandatario  aparezca tratando de imponer sus interminables y farragosas cadenas. Esa debería ser la respuesta. Conviene responderle, aunque solo sea de forma testimonial, a una casta que intenta dirigir al país al medioevo.

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