De la palabra constitutiva
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 14 de Marzo de 2022 07:25

altTratándose de un régimen, el oficialismo ha logrado generar una fiel oposición que ha sido capaz de sostener el artificio de unas relaciones sistémicas

“No embotello experiencia. 

Lo que me interesa es el flujo”.

Asher (*)

 

La resignación como fórmula que puede devenir fácilmente milagro de salvación ante el régimen, parece sellada en el inconsciente colectivo revelando el talante de las operaciones psicológicas de todos estos años.  Empero, suele ocurrir, la rendición, por vergonzosa que fuere, o simulada con buen talento histriónico, a nadie salva de los desmanes, pendiente la sucesión del poder por perfeccionarlos; el megalómano Kim Jong-un, por ejemplo, prueba constante sus misiles a la vez que los norcoreanos intentan lidiar a solas con la pandemia. 

Hay quienes aspiran a la imposible evasión del sistema puertas adentro, comportándose de acuerdo a unas pautas que forzaron a más de siete u ocho millones de venezolanos a sobrevivir puertas afuera. Al fin y al cabo, tratándose de un régimen, el oficialismo ha logrado generar una fiel oposición que ha sido capaz de sostener el artificio de unas relaciones sistémicas, abriendo la apuesta por unas presidenciales en 2024 luego de perder su propia identidad que amenaza con el corto-circuito de la definitiva descomposición. Por cierto, esto significa descartar la tesis del llamado autoritarismo competitivo.

Coincidencia nada extraña, sin prensa libre, los integrantes del consabido diálogo mexicano, la otra muy  particular e irreal instancia extraterritorial de gobierno que nos hemos dado, jamás dan explicación de nada, y sólo propagandizan de menudear algún requerimiento:  los miraflorinos ordenan a través del Twitter, cual Gaceta Oficial exenta de toda motivación, mientras que sus cómplices tampoco se someten a interrogatorio alguno, impidiendo la oportuna discusión de fondo en la legítima Asamblea Nacional, además, de un modo u otro, versionada por la que llaman del 2020.  Siendo la palabra tan constitutiva de la vida política, se la niega profunda y creadora a favor de las consignas enfermizas y maniqueas que nos colocan en un limbo cívico.

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Esa ausencia de palabra, la es de orientación, de encaminamiento, de conducción política que, por una parte, impide cualesquiera inquietudes ideológica y estratégica en beneficio de una entera y literal táctica de supervivencia, acaso, aspirando y consiguiendo un salario, como si la política misma lo tuviere por requisito existencial. La situación lleva al otro inmovilismo, el de los hechos, creyendo que bastará la constante prédica digital para liberarnos, sin interlocución ni articulación de propósitos e iniciativas que completen la faena de la liberación, despreciando experiencias y trayectorias que nos recuerdan al personaje novelesco de Phillip Roth. 

Internalizado el terror, reconstruir la política en los dominios del pensamiento mágico-religioso que hizo posible al régimen, por cierto, implica la heroica selección de un liderazgo de oposición que reivindique a la oposición misma, como experiencia de la palabra y de la acción. La escasez nos abruma, es necesario decirlo. 

 

|*|: Philip Roth:  "Deudas y dolores", Mondadori, Barcelona, 2007: 109.


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