La demagogia federal
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Lunes, 21 de Febrero de 2022 07:25

altUno de los movimientos insurreccionales  más estudiado  ha sido – sin lugar a dudas–  la llamada Guerra Federal.

Para algunos, fue una  revolución “igualadora”  y democrática desde  todo punto de vista, como  apuntaba el doctor Lisandro Alvarado, mientras que para otros ( Pedro Manuel Arcaya) fue producto de la demagogia, de la exposición desmedida y populista de las ideas  liberales, sobre todo en las provincias de Portuguesa, Barinas y Apure, sumándole la  aviesa intención de soliviantar  campesinos, negros e indios, ofreciéndoles  tierras, casas y riqueza de los blancos, godos y conservadores. Por cierto, 140 años después, algunos trasnochados quisieron traer a nuestros días -  con algún éxito electoral -  estos planteamientos y promesas  en el sentido de procurar dividir a los venezolanos entre ricos y pobres, patriotas y escuálidos,   burgueses y  explotados. No olvidemos la excesiva alusión que hicieron a Ezequiel Zamora y  al  árbol de las tres raíces. Las nefastas consecuencias, como era de preverse, todavía las vivimos y presenciamos.

El 20 de febrero de 1859 en Coro, el comandante Tirso Salaverría  junto a unos cuantos jóvenes llevaron a cabo el primer pronunciamiento. El día 22 llegó Zamora de su exilio y se encarga inmediatamente del mando. Nadie  se imaginaba las repercusiones que esto tendría: una guerra civil feroz, sangrienta, disparatada, que acabó con la precaria institucionalidad, arrasó con la ganadería, la agricultura, el comercio, la incipiente industria y para colmo, desató una cruel matanza (algunos historiadores calculan cerca de 200.000 muertos en un país   con  aproximadamente  1.800.000 habitantes) durante cinco  años hasta llegar  al conocido convenio en la hacienda “Coche”, el 24 de abril de 1863.

La verdad, más allá de algunos argumentos medianamente convincentes, la llamada “Guerra Larga” tuvo un considerable e irrefutable ingrediente de demagogia y populismo. Específicamente, la barbaridad de llegar amenazar con una nueva esclavitud a los recién “liberados” por la ley de marzo 1854 y -en algunos casos -  de  venderlos al extranjero, se convertiría en una de las más divulgadas consejas por parte de los caudillos y dirigentes de la federación. En palabras del académico Tomás Straka: “el hecho de que la esclavitud, con todo y lo maltrecha que estaba, se haya mantenido hasta tan tarde, es solo un ejemplo de los focos de tensión que agitaron la vida de la república recién nacida”. La igualdad y la libertad, ofrecida a la población más pobre y analfabeta, fuera de todo fundamento y asidero con la realidad, hicieron mella  en la Venezuela de aquel entonces.

Dos grandes batallas se destacan en esta confrontación: Santa Inés, ocurrida el 10 de diciembre de 1859, con el triunfo indiscutible de las fuerzas federalistas comandadas por el general Ezequiel Zamora, y Coplé, a un mes prácticamente de la anterior, es decir en enero de 1860, con el desenlace a favor del gobierno. De resto, todo fue guerrillas, pequeños pero violentos encuentros y sobre todo, caudillos dirigiendo inexpertos reclutas, la mayoría de las veces forzados o engañados.

Un febrero de 1992, en plena forja del sistema democrático, desempolvando viejas arengas, haciendo un mal llamado a la igualdad,  libertad y progreso,  imitando a rancios caudillos del siglo XIX, un pequeño grupo de soldados intentaron echar por tierra la institucionalidad y la democracia. Y Aunque no pudieron en esta ocasión, años más tarde lograron sus objetivos. De manera que la demagogia y el populismo, así como sucedió en la Guerra Federal, comenzaron a campear por todo el territorio nacional. Discursos llenos de mentiras, propuestas falaces y vendedores de falsas esperanzas. Resultados: así como la Federación produjo la autocracia de Antonio Guzmán Blanco, la mal llamada “revolución bolivariana”  creó este colosal desastre, violatorio de libertades y derechos humanos, y el derrumbe absoluto de cualquier atisbo de democracia y constitucionalidad. 

En consecuencia, debemos estar pendientes. La democracia  merece no solo vocación y solidaridad, sino también  impedir que la historia se repita. La demagogia y el populismo hicieron de las suyas en el siglo XIX y parte del XX. Nuestro deber es no caer en sus provocaciones y mucho menos en la posibilidad de un eventual retorno al  pasado. La democracia requiere de reinvención, posibilidad y futuro.

|*|: Especial para para opinionynoticias.com

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