Oposición a la dictadura
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Jueves, 02 de Abril de 2020 07:28

altEste artículo se hermana con otro de mi autoría, publicado esta misma semana en el portal lapatilla.com, denominado Oposición sistemática.

Me dispongo a ahondar el esbozo planteado allá el martes pasado. En la concepción de que no es; no era, con una oposición blandengue, cohabitadora, como se conseguía la extinción de un régimen usurpador. De hecho esa pretendida y necesaria extinción del régimen aún con la presión, la enjundia económica, el poder de los Estados Unidos, no se ha materializado. ¿Es muy pronto? El quiste es profundo y si bien posee un arraigo mayor y más pernicioso en el mundillo militar no es menos cierto que la blandenguería, el desconcierto generalizado en muchos de los partidos políticos sirvió, ha servido, de permanente caldo propicio para el fermento y consolidación de la tiranía de Maduro y sus adláteres, ahora perseguidos internacionalmente, para oprobio mayor de nuestro gentilicio y nuestra "dinámica" política. Con acierto dice un autor "anónimo" nuestro del siglo XIX que: "el pueblo que ha tolerado el dominio de una particularidad de gozadores por tantos años, no tiene mucho de qué gloriarse". Así vamos, aún. Ahora peor con buques norteamericanos cercándonos. 

Hecho de menos el verdadero enfrentamiento discursivo. El resistir avasallados, a pesar de lo ruda que ha sido la dictadura contra muchos dirigentes políticos, estudiantiles, sindicales, con los medios y los periodistas, por tonteras, a veces, sólo por mostrar su poderío y buscar aterrorizar a los demás; no funcionó. La concepción, hasta estos los que podemos considerar los últimos instantes, de que ellos (los dictadores) en algún momento se contarían lealmente, de que ellos no podían traspasar los niveles adecuados del cuido de los Derechos Humanos, de que ellos se atendrían en algún momento a escuchar los llamados a señirse al acuerdo constitucional aprobado por mayoría, de que ellos sentirían la presión de la comunidad internacional, de que ellos, en fin, se encarrilarían en una ruta democrática en algún momento, fue un enorme y permanente error táctico. Especialmente se profundizó el error luego del triunfo de las elecciones parlamentarias más recientes. 

Se es o no se es opositor. La neutralidad en tiempos de opresión favorece a los tiranos, como señalan varios pensadores a propósito de sus vivencias al respecto, como Bertold Brecht, a propósito del nazismo, nada menos. La conciencia política de la oposición sistemática en Venezuela surge con fecha muy precisa, en 1840, cuando Antonio Leocadio Guzmán da inicio el 24 de agosto a su programa de enfrentamiento en El Venezolano. Para entablar lucha contra José Antonio Páez. El combate fue férreo, aunque una comparación palmo a palmo no quepa por imposible y distante. Allí surge la enunciación de un accionar como partido opuesto, ya que de no ser así, se plantea Guzmán: "... no habrá más voluntad que la del que manda". No ha variado mucho la treta, sin embargo: "Han apellidado traición contra la patria el conato virtuoso de combatir sus tramas; facciosos hemos sido los demás ciudadanos; ellos, se han llamado la República y, abusando del poder, han pretendido exterminar cuanto se les oponga". Así expone el nacimiento de la oposición en Venezuela. 

Pero no se trataba, se trata, de usar las reglas opositoras, si se quiere cómodas de la alternancia AD-Copei, por ejemplo. Se trataba, se trata, de orquestar la lucha contra el despotismo, contra una banda criminal que de ningún modo estaba, está, dispuesta a entregar al poder. Cuyos ejemplos y secuaces están en Cuba y Rusia. Se trata del narcotráfico como vemos, en pareo con el terrorismo. Esto era, es, peor que cuando Pérez Jiménez. Aunque los militares estén también, no todos, comprometidos hasta más allá de los tuétanos. 

Quienes se filtraron hacia allá por intereses obtusos y momentáneos, de una gobernación, de platica, de connivencia empresarial o de cualquier otro tipo, o se hacen los opositores pero son infiltrados para reducir el alcance de quienes ofrendan, ofrendaron, su vida a diario, vendieron su representación como líderes y tal vez como partidos. Se les cobrará su acomodo momentáneo a su tiempo. El quiebre del régimen por la libertad no tiene alternativas acomodaticias. La traición se paga y caro. 

¿Reconciliación? Sí, con los menos canallas, con quienes reconsideren su actitud, cuando esto termine de pasar. Con quienes no cometieron crímenes, aunque pienso, y así lo determina la justicia, incluso, que el apoyo, que el ser o haber sido cómplice es casi de tesitura tan feroz como la de quien asesina, y debe pagar casi las mismas condenas. Hay que ser tolerantes, aunque con límites, por la paz y la pervivencia del Estado. 

Reconozco la gallardía y el valor de quienes no se doblaron, no se han doblado. Tampoco partido, se entiende. Reconozco el interés por solucionar esta larga querella político-social de la comunidad internacional. Pero pacto con criminales o su incorporación, así sea velada a la búsqueda del reordenamiento, no. Será en otra oportunidad cuando me refiera al acuerdo presentado por los Estados Unidos. Por lo pronto me quedo con la debilidad y poca visión de quienes no se pusieron de frente. La historia los evaluará y el mundo político les dará su sitio. Espero que sea muy alejado del control del Estado para su deseada recomposición. 


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