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Caracas, Jueves, 11 de Marzo de 2010
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Ramiro Valdés y el miedo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Armando Durán   
Lunes, 08 de Febrero de 2010 07:28

altHemos vivido días de glorificación militar, ¿revolucionaria?, falsamente socialista. Pura cultura cuartelaria a todas horas, en todos los rincones, pura cursilería al pésimo gusto de Hugo Chávez para adornar la puesta en marcha de lo que él, de nuevo rimbombante en su permanente y patética imitación de Fidel Castro, ha calificado como Campaña Admirable. Aunque a todas luces esta campaña tenga muy poco de campaña electoral.

Sin alegría. Simple trama de amenazas y guerras inminentes. ¿Contra el imperio, al menos contra Colombia? ¿O más bien contra la oposición interna, es decir, contra la "grosera burguesía apátrida y las manitas blancas de los estudiantes", a quienes una vez más les ha advertido de las consecuencias que acarrearía, no para ellos, culpables según Chávez del horrendo crimen de querer derrotarlo, sino para toda Venezuela?: "Y si se atreven a buscar los caminos que van más allá de la Constitución", advirtió el jueves pasado desde Fuerte Tiuna, aunque sin mencionar qué caminos específicos eran esos, "tendrán una respuesta profunda. Sería memorable.

Profundizaríamos la revolución socialista. Mejor, pues, que no nos provoquen, que no se equivoquen...", como si él, que a cada momento se jacta de ser marxista-leninista y que en ese mismo discurso anunció que "la patria venezolana o es socialista y bolivariana o no es patria", sin ser provocado, no se atrevería a sumergirnos finalmente en las aguas de un mar de la felicidad idéntico al de Cuba.

¿Nueva bravuconada de guapo de barrio, o será que algo o alguien le impide profundizar su proyecto de convertir a Venezuela en el segundo territorio "libre" de América? Una cosa sí es evidente. Cada día que pasa, Chávez se muestra más sobresaltado. ¿Por qué? ¿A qué le teme? En el frente político, por ejemplo, reina la calma más absoluta. Nunca antes sus intereses políticos y los de la oposición institucionalizada en la llamada Mesa de la Unidad habían encajado tan perfecta y simétricamente. Un hecho que constituye sólida garantía de que las aguas del proceso político venezolano no se saldrán de su cauce. Ni ahora, ni antes de las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre.

Entonces, ¿a qué le teme el comandante-presidente? ¿A la derrota electoral? ¡Por favor! ¿Acaso a los militares? Seamos serios, caballeros. Ese es un mundo que parece bien controlado por la invasión cubana. ¿O no? Lo que más bien preocupa a Chávez es que sus números no cuadran. En ninguna encuesta. No por culpa del imperio ni de sus feroces enemigos internos, sino única y exclusivamente por su propia culpa, por su ya irremediable insuficiencia de gobernante (de ahí que tanto le duela eso de "tas’ ponchao, Chávez"), cuyo efecto más directo ha sido que las calles de Venezuela son desde hace meses escenario diario de protestas contra esto y aquello, palpable manifestación de un malestar social que no cesa, porque en esta Venezuela de la corrupción sin límites lo que sí ha conseguido el régimen es destruir los servicios de educación, salud, agua, seguridad personal, electricidad, empleo, vivienda, una situación tan deplorable que ha conducido al segundo y definitivo cierre de RCTV, a planes todavía no revelados para neutralizar a Globovisión y a la urgente presencia en Venezuela del comandante Ramiro Valdés, no para hacerse cargo de la tarea de devolverle la luz a los venezolanos, sino precisamente para todo lo contrario.

No se trata de resucitar los logros de Valdés como fundador del temible G2 cubano y jefe implacable de la represión durante el período de terror revolucionario en los años sesenta, sino como eficiente jefe de inteligencia y contrainteligencia entrenado por la KGB y la Stasi alemana oriental. En este sentido, vale tomar en cuenta el alerta que lanzó el diputado Manuel Villalba, presidente de la Comisión de Ciencia, Tecnología y Medios de la Asamblea Nacional, el día antes de que Valdés desembarcara en Caracas.

En Venezuela, señaló Villalba entonces, hay plena libertad de expresión, pero hay quienes se ocultan en la oscuridad y el anonimato para calentar la calle mediante Internet y sus redes sociales.

¿Inocente coincidencia? Por supuesto que no. Valdés, especialista en eso que los cubanos llaman "la técnica", es decir, el empleo de la más avanzada tecnología electrónica para cercar al adversario, está en Venezuela con la única finalidad de imponernos a los venezolanos, para mayor y definitiva gloria de Chávez, el más impenetrable de los silencios. Para nada más.

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El Nacional

 
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