Del imaginario esequibano
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 09 de Septiembre de 2019 07:14

altNada casual,  este es el siglo de una aparente y generalizada indiferencia de los venezolanos hacia el problema esequibano, en contraste con los anteriores. 

Hoy, obra la consabida catástrofe humanitaria que objetivamente coloca el asunto en un plano secundario respecto a otros que versan sobre la más elemental supervivencia personal, gracias al deliberado esfuerzo hiperinflacionario impulsado por el régimen, por citar un caso. Empero, la campaña de desinformación comenzó desde el propio y ya remoto ascenso al poder de Chávez Frías, orientado a la demolición del imaginario escolar que ahora marca y revela una importante diferencia entre varias generaciones.

La sensación que tiende a predominar,  es no sólo de la más absoluta imposibilidad de recuperar el territorio, sino la de una larga e inalterable tradición de indiferencia, desconocimiento y quizá hasta desprecio por la cuestión. Alevosa fue la tarea de desmontar el tema y la preocupación misma, por una dictadura que, desde sus comienzos, en aquella etapa de enmascaramiento democrático, encontró que el asunto estaba vivo, aunque hoy no lo creamos; y, por cierto, a la vez, propiciando la desprofesionalización y el desmantelamiento de la cancillería que consiguió a la postre con paciencia.

La prensa de la época, así lo demuestra, pues, a modo de ilustración, a principios de la centuria, proveniente de Guyana, nos visitó el - por entonces - Buen Oficiante, Oliver Jackman. Tenemos que Roberto Ball Zuloaga escribe al respecto, como Adolfo P. Salgueiro, al día siguiente, para el diario El Universal de Caracas (24 y 25/03/2000), extendiéndose ambos sobre la necesidad de generar las condiciones para que el vecino país volviera a las negociaciones en el marco del Acuerdo de Ginebra, denunciadas las concesiones petroleras y madereras otorgadas por Georgetown, en las áreas marítimas y en zonas de un precario equilibrio ecológico.

La sola muestra indica la vigencia de una materia que, a la vuelta de pocos años, fue harto sumergida hasta que le estalló, en la cara a Maduro Moros, refiriéndola apenas en 2015, a pesar de sus resistencias.  Y, como nunca antes, con un tratamiento barnizado por la retórica de ocasión, tendió a desaparecer del imaginario social, perdiendo peso en las aulas.

En el mismo impreso citado, Carlos Eduardo Misle (Caremis), suscribió una crónica (03/02/2000) de las protestas populares y espontáneas provocadas, en el transcurso de la década de los '90 del 'XIX,  por el despojo del Esequibo, en París. Interesante texto, por una parte, reseña la conformación de un ejército simbólico de niños en San Felipe, aguijoneados por los maestros de un profundo sentido patriótico, hacia 1896; y, por la otra, da cuenta de las protestas suscitadas, además, en Acarigua, Ospino, Maracaibo, Cumaná, Calabozo y Ocumare de la Costa, destacando la "olla más grande" en la Plaza Bolívar de Caracas, por 1898.

La grata pluma de Caremis, da cuenta que las movilizaciones igualaban el sombrero de cogollo, el pelo e'guama, el bombín o camarita, el  fieltro, la cachucha y el pumpá de reflejos. E invoca unos versos de Juan Rohl de los días escolares: "Recuerdo que aprendí, !y con palmeta! / en el colegio de Teresa Eduardo / de quién grato recuerdo siempre cargo / con el tono candente e incoloro / con el que repite su lección el loro: / !Por el este y el sur el río Esequibo!".

Por mínimo que se diga, la presente dictadura sabe que el Esequibo está en lo más hondo del inconsciente colectivo y está pendiente la factura histórica por su sedicente actitud entreguista. Delatando su más íntima naturaleza, siendo culpable, perversamente ataca a la oposición pretendiendo criminalizarla: toda una novedad en el historial de la reclamación.

Reproducción: Gráfica referida por Caremis, El Universal (Caracas, 03/01/2000), sobre los niños de San Felipe, 1896. 

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