Liderazgos a la medida
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | TW: @perezlopresti   
Martes, 13 de Agosto de 2019 06:05

altEl asunto del liderazgo va y viene como esos temas de los cuales no nos podemos deslastrar.

Primero, porque las acciones de los líderes cambian nuestras vidas y segundo, porque ese cambio potencial que los líderes hacen de nuestra existencia, nos puede llevar a trágicos callejones sin salidas y grutas sin fondo. Pareciera que después del horror de la segunda guerra mundial, el curso de la humanidad iba a ser una apuesta a lo civilizatorio, pero las cosas no se han materializado de esa forma. En muchas ocasiones cunde lo oscuro de lo humano, imponiéndose sobre nuestras virtudes sociales. 

En la contemporaneidad, lo que llaman “sociedades decadentes”, por lo general suelen ser aquellas que han logrado un equilibrio medianamente mantenido en el curso del tiempo. Esa manera de percibirse, en el sentido de sentirse agobiado por haber alcanzado un techo, es un clásico en la historia de la civilización. De ese techo, la mayoría no pasa y forzarlo es una de las grandes tragedias humanas, porque es aspirar a más sin tener con qué. 

Ante este equilibrio, que es en realidad el ápice al cual una sociedad puede alcanzar, suelen pasar varias cosas, siendo la más saludable, mantener la mayor armonía posible la mayor cantidad de tiempo probable. Pero es humano la intolerancia a aceptar que se llega a un punto del cual no se puede ascender más y en esa danza de seducciones, entran los más díscolos liderazgos, en un juego pendular en el cual se suceden guías conciliadores con delirantes, y si los pueblos no tienen la suficiente inteligencia para identificar a sus potenciales destructores, son presas fáciles de los encantadores del mal.

Capitanes seductores en el barco de los locos

Aterroriza ver a personas dirigiendo el futuro de la humanidad. Uno piensa que para llegar a ser un líder de masas se debe por lo menos ser un tanto responsable con las cosas que se enuncian y vemos lo contrario. Estilos de liderazgo que son una apología a lo irresponsable, por no decir que son cantos para inducir a que las personas cometan delitos. En esas y otras reflexiones venía pensando cuando recordé que en los años ochenta del siglo pasado, cuando un grupo de líderes fuertes se trazó como meta detener al desaforado comunismo y su obsceno proceso de empeñarse con el empobrecimiento de la mitad del planeta; saliendo triunfante el espíritu libertario que caracterizó a buena parte de occidente en las décadas finales del siglo XX. Sin mucho más qué ofrecer, todo apuntaba a que la economía mundial, como consecuencia del desastre del comunismo como ideología, se iba a inclinar a favor del liberalismo, no solo en términos de posibilidades de  desarrollo, sino de constructo ideológico de carácter irrebatible.

Cazadores de la edad de piedra 

Avanzamos a un siglo XXI lleno de enmarañados desafíos, los cuales cada vez parecieran más difíciles de superar, en donde han resurgido formas de pensamiento que se creían extinguidas, cadáveres ideológicos en franca descomposición y las más primitivas ideas de tipo fanático-religioso, que ponen los pelos de punta a cualquiera que se asome un instante a ver hacia dónde va jalando la balanza de las ideas.

Puntualmente vemos cómo el mesianismo demagógico y pendenciero se ha vuelto un estilo de comunicación político, pero también se ha convertido en una receta para alcanzar el poder. La idea de que vamos a ser salvados por alguien cunde entre los hombres del siglo que corre como una mala yerba que genera atraso y pocas posibilidades de entendimiento entre grandes mayorías, favoreciendo el odio entre connacionales, las posiciones abiertamente racistas y xenofóbicas, así como múltiples conflictos humanos que para la fecha ya deberían estar minimizados o extinguidos.

Perros comiendo perros

Lo gregario va de la mano con el sentido de supervivencia y de hacer el bien. Somos animales que vivimos en  sociedades porque estamos programados para actuar de manera grupal. Si algo es propio de lo humano es el sentido gregario, de estructura atinente a la esencia de lo más basal de lo humano. Juntarnos con otros y crear conglomerados está en nuestra naturaleza, ya sea porque nos hace más fuertes actuar en manada o por ansias de aplastar a otros grupos. Va de la mano con nuestra peculiar naturaleza. Los fanatismos confabulan cuando se anidan en los grupos, trastocando cualquier posibilidad de armonía, las cosas se van a pique cuando lo dicotómico no deja pensar y solo es saludable quien entiende que la comprensión de la existencia es a través de aceptar que son los matices los que generan el equilibrio. La lucha entre los opuestos radicales es una apuesta a lo estéril, a lo que solo tiende a generar sufrimiento y divisionismo innecesario. 

Palabras más, palabras menos, la posición de alerta contra todo lo que perturbe el orden de la vida de los seres humanos es tema para quien no se cansa de predicar la posibilidad de seguir humanizando al hombre, a pesar de todas las adversidades. 


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