Venezolanos no aguantan precios en dólares
Escrito por Gerónimo Figueroa F. | @lodicetodo   
Sábado, 20 de Julio de 2019 06:35

altEn los últimos días hemos escuchado a enchufados en el gobierno y economistas independientes y opositores decir que, aunque los precios continúan subiendo, la inflación

se ha desaceleró un poco porque algunos productos suben pero no con el ritmo que venía desde 2018 y principios de 2019. Sin embargo, lo único cierto es que para los venezolanos la situación cada dia que pasa se torna más dramática por mas que los teóricos de la economía quieran adonarla con palabras “técnicas” que las personas de a pie no entienden. La solución a esta crisis pasa por la salida de Maduro del poder y el nuevo gobierno decrete la dolarización del salario.

La mayoría por no decir la totalidad de los trabajos prestados por técnicos particulares y empresas de servicios son cobrados en dólares. Revisar un televisor o una nevera que hayan dejado de funcionar por culpa de los apagones producidos por la escasez de energía eléctrica, cuesta entre cuatro y cinco dólares que significan un salario mínimo en bolívares aprobado por Maduro.  Luego viene lo que sería la reparación en sí del artefacto. Se habla con una facilidad de dólares que pareciera que estamos en un país donde los salarios son calculados en dólares y no en bolívares devaluados como efectivamente es la realidad.            

El parlamentario José Guerra en una oportunidad propuso 30 dólares mensuales como salario mínimo mensual y Tomás Guanipa 60 dólares, mientras que un sector del sindicalismo acaba de proponer cien dólares mensuales como salario mínimo para los trabajadores venezolanos. Cualquiera de esas proposiciones de buena fe, aunque son mejores que los cuatro dólares aprobados y puestos en vigencia por Maduro, están muy por debajo de la tabla mínima existente en lo que es el salario mínimo en dólares que pagan en el resto de Latinoamérica que oscila entre 280 y 420 dólares mensuales. Eso sin hablar del que pagan en el imperio que tanto satanizan, que son nueve dólares por hora trabajada.   

Por la alta inflación que azota a Venezuela el bolívar soberano de Nicolás Maduro está tan desprestigiado, que los billetes de dos, cinco, diez, veinte, cincuenta, cien y doscientos bolívares que con mucha euforia gubernamental pusieron a circular en octubre 2018, hace apenas nueve meses, ya no los aceptan para ninguna transacción comercial. Es más, ni siquiera los niños los quieren aceptar de regalos porque dicen que con eso no se compra nada. La chupeta mas barata, la que tiene forma de laja y tamaño de un bolívar de los de antes que llegara la peste roja, cuesta mil soberanos.   

Ya todo o casi todo en nuestro país se comercializa en dólares, hasta el pedimento de los niños es en dólares. El jueves 11 de julio mi nieto Aaron Ramses Figueroa Guevara, de ocho años de edad, mientras nos visitaba en la casa junto con sus padres, me dijo: abuelo necesito que me regales cinco dólares, y le respondí, muchacho, y para que quieres tu cinco dólares, para comprar algo que vi en la escuela, me respondió. En eso inmediatamente Alonso Salomón, el otro nieto menor de apenas cinco añitos me dijo, yo también necesito cinco dólares abuelito, aunque no me dijo para qué, sostuvo que los necesitaba.

Esta situación de los anaqueles de abastos y supermercados llenos de comida con precios marcados en dólares y los bolsillos de la gente vacíos, no es nada conveniente para la paz social. Es una situación muy tentadora para los que están pasando hambre y no tienen como pagar los productos exhibidos, especialmente para padres y madres con niños pequeños muriendo por desnutrición. Por solo poner dos ejemplos, un kilo de queso cuesta entre tres y cuatro dólares, mientras que un kilo de carne cuesta cinco dólares, lo cual significa que si compra alguno de los dos productos, se le va el salario completo de un mes al trabajador.    

Eso sin ninguna duda se debe porque desde que la peste roja llegó al poder el programa era destrozar la economía privada para colocar a los venezolanos a depender de las limosnas del estado. Todavía revolotean en nuestra mente aquellas palabras del intergaláctico caminando con aires de guapetón de barrio por la Plaza Bolívar de Caracas acompañado por el psiquiatra, hoy jefe de propaganda, cuando era alcalde del municipio Libertador caraqueño diciendo: “de quien es ese edificio y al mismo tiempo gritando: expropiese. De quien es esa casa que se ve en la esquina, expropiese. Luego vinieron las confiscaciones de empresas y fincas productivas para liquidarlas.    

Un país donde después de tener mas de 15 mil industrias solo quedan vivas tres mil trabajando solo al 10% de su capacidad instalada, donde el 80% de los alimentos que se consumen son importados y sus universidades después de haber sido en el pasado catalogadas como las mejores de Latinoamérica y parte del mundo, cuando sus profesionales egresados siempre se distinguieron en los congresos internacionales, pero que hoy esas universidades están colapsadas porque el régimen las tiene asfixiadas económicamente negándoles presupuesto para su funcionamiento e investigaciones, no puede ser ni remotamente catalogado como un país potencia como lo pregona a cada rato Maduro en cadena de radio y televisión

En época del presidente Carlos Andrés Pérez se hablaba que Venezuela era un país del tercer mundo, aproximándose al segundo, pero con la llegada de la peste roja, hubo un retroceso al quinto o sexto mundo. No solo en materia nutricional, sino también en educación y salud. Por ejemplo, han vuelto aparecer enfermedades como el paludismo, dengue, fiebre amarilla, sarampión, malaria y difteria entre otras, que fueron erradicas en le década de 1940 y 1950 por un equipo de médicos encabezados por el Arnoldo Gabaldón, cuando mas del 60% Venezuela era todavía rural y no se tenían los recursos científicos ni tecnológicos que existen en esta era del siglo XXI.

En ese sentido no es que queramos ser profetas del desastre, ni pájaros de mal agüero tampoco, pero es necesario recordar que por muchísimo menos de lo que ocurre hoy el sector calderista de Copei en conjunto con sectores del MAS, Causa R y algunos empresarios inescrupulosos que quisieron pescar en rio revuelto, armaron el llamado sacudón del 27 y 28 de febrero de 1989 en contra del gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez. Repito, no es que estemos insistiendo en que debe producirse un sacudón como pudieran interpretar algunos, sino que solo queremos alertar y recordar la historia. 

 

 

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