¿Unidad o ruptura? La oposición en la encrucijada
Escrito por Antonio Sánchez García | @sangarccs   
Viernes, 19 de Julio de 2019 04:59

altEl reinicio del diálogo y la aceptación de ir a otro proceso electoral bajo el imperio de la tiranía, supone apostar a la ruptura definitiva de nuestras fuerzas.

No la habremos provocado nosotros. Será la decisión arbitraria, unilateral y contraria a los afanes mayoritarios de nuestro pueblo de quienes prefieren la cohabitación a la lucha. Que cada cual asuma sus responsabilidades.

Sería deseable que las fuerzas que comparten el principio básico y elemental de toda política venezolana bajo las actuales circunstancias, a saber: el desalojo del gobierno y el fin del régimen dictatorial, por encima de las naturales diferencias, hubiesen alcanzado una plataforma unitaria. Más aún cuando existe consenso en torno a los tres objetivos estratégicos propuestos y definidos como esenciales por el presidente interino: fin de la usurpación, gobierno de transición y elecciones generales. ¿Qué impide el logro de esa unidad?

El manifiesto en respaldo a la figura y a la gestión del diputado Juan Guaidó no contribuye al logro de esa unidad deseable. Antes bien, la impide. Nadie que pretenda el fin de la dictadura y el retorno al pleno estado de derecho puede echar a andar una maquinaria de maniqueísmo político y dividir las propias fuerzas entre buenos y malos. Estableciendo como norma de comportamiento la adhesión irreflexiva a una personalidad en particular. Salvo que la oposición venezolana carezca de ideas, de un programa de acción común y de elementales aspiraciones compartidas.  Lo cual vendría a desmentir la unanimidad en torno al proyecto de legitimación del interinato. Si así no fuera, ¿qué razones asisten a unos y a otros?

Dada la cercanía alcanzada desde el 2014 entre Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado, hubiera sido imaginable pensar que una vez desaparecida de la escena la llamada Mesa de Unidad Democrática y alcanzada la presidencia de la Asamblea Nacional, en manos del partido de Leopoldo López, lo demás sería coser y cantar. El respaldo ofrecido por María Corina Machado a la proclamación de Juan Guaidó y su manifiesto apoyo en el acto de proclamación llevaron a pensarlo. Un grave error de apreciación política y humana: Leopoldo López ya había decidido romper todo vínculo y entendimiento con sus recientes aliados, sellar un compromiso implícito o explícito con Acción Democrática, Primero Justicia, UNT, el llamado G3, y adelantarse en solitario a toda acción que supusiera poner en peligro su pretensión de asumir el liderazgo opositor y preparar su ruta hacia la presidencia de la República. Una ruta de descarnada Realpolitik, maquiavélica y autocrática, contraria a toda consideración verdaderamente liberal y democrática. Voluntad Popular decidía jugarse el todo por el todo tras las ambiciones de su jefe máximo: cohabitar con el régimen y avanzar en la creación de la que hemos llamado LA SEXTA REPÚBLICA. 

El manifiesto del aparato mediático del gobierno interino, Voluntad Popular, Leopoldo López y Juan Guaidó, hegemónico en el país y en la diáspora, que va desde César Miguel Rondón a Elías Pino Iturrieta y desde Thays Peñalver a Ibeyise Pacheco, un conglomerado de intereses materiales y ambiciones políticas, carente de toda idea que no sea controlar el poco poder a mano a través de la Asamblea Nacional y convertirse en el interlocutor preferido de la dictadura, ha iniciado las acciones de una guerra a muerte contra el polo político alternativo que centra sus preocupaciones políticas, mediáticas e intelectuales en el desalojo de la tiranía y el restablecimiento del Estado de Derecho en Venezuela: el representado en primera línea por María Corina Machado, Antonio Ledezma y Diego Arria, así como por grandes figuras del quehacer intelectual y político venezolano. 

No es, pues, la unidad opositora la primera preocupación nacional de Juan Guaidó, Leopoldo López y su aparato mediático: es la ruptura. O el sometimiento pleno de quienes disientan por fundadas razones tácticas y estratégicas del rumbo fijado por el ex preso político y sus adláteres. Sometimiento que supondría desdibujar la esencia de Vente, ABP, Soy Venezuela, ANCO y los principios del grupo de personalidades intelectuales y académicas que adhieren a sus lineamientos estratégicos. Regidos todos ellos por un sueño común: hacer tabula rasa de la tiranía, barrer con todas sus instituciones, erradicar sus fundamentos ideológicos y políticos y enrumbar Venezuela por la senda interrumpida cruel y aviesamente por el establecimiento dominante a la fecha con el golpe de Estado del 4F primero, el derrocamiento de Carlos Andrés Pérez, después, y el asalto al poder total, finalmente. 

No se trata, pues, de soldar y legitimar la continuidad del aberrante extravío que nos aqueja desde el 23E, encontrar la forma de coexistir con sus consecuencias e ir hacia una cohabitación del chavismo, el madurismo y el lopezguaidosismo. Se trata de superar este sórdido y confuso tránsito hacia la claudicación y encontrar la vía de la recuperación y el renacimiento. Con López y Guaidó, si se suman a la cruzada por el renacer de nuestra República, o sin ellos, si insisten en desviarse de la mayoritaria voluntad de nuestro pueblo: desalojar, no dialogar con la tiranía. Liberar a nuestros presos políticos, no encontrar el desvío de la huida, el destierro o el refugio. Son dos proyectos intelectual, moral y políticamente incompatibles. O luchamos contra la tiranía o nos acomodamos a sobrevivir en su seno.

El reinicio del diálogo y la aceptación de ir a otro proceso electoral bajo el imperio de la tiranía, supone apostar a la ruptura definitiva de nuestras fuerzas. No la habremos provocado nosotros. Será la decisión arbitraria, unilateral y contraria a los afanes mayoritarios de nuestro pueblo de quienes prefieren la cohabitación a la lucha. Que cada cual asuma sus responsabilidades.

 

            

 

            

 

            

 

            

 


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