La oposición venezolana: ayer y hoy
Escrito por Luis Fuenmayor | @LFuenmayorToro   
Martes, 25 de Junio de 2019 06:39

altSin lugar a dudas, la política venezolana actual ha cambiado cualitativamente hablando de la que se desarrolló en el siglo pasado.

Pero los cambios no sólo tienen que ver con la conducta gubernamental actual, sino también con la conducta desplegada por la oposición política hasta ahora mayoritaria. Y este hecho ya entraña una diferencia fundamental. En el pasado adecocopeyano, o en la Venezuela bipartidista si la queremos llamar de esa manera, la oposición entonces existente nunca necesitó de ningún reconocimiento internacional para ser oposición ni para actuar como tal. Le bastaba con el reconocimiento nacional, poco o mucho que tuviera, para considerarse legítima. Y así fue desde un principio. Incluso desde la insurgencia del PCV y del MIR contra el gobierno de Rómulo Betancourt. Y así se mantuvo mientras fue claramente minoritaria y también luego, cuando logró disputarle a los partidos hegemónicos alcaldías y gobernaciones, como ocurrió con el MAS, la Causa R y con grupos partidistas de signo contrario como el de los Salas en Carabobo.

Alguien me dirá que en un principio la oposición guerrillera tuvo el favor del gobierno cubano, pero esta oposición no era la única, ni tenía la franquicia que hoy tienen los partidos de lo que fue la MUD. Además, esa condición insurgente no pasó de ser una situación muy breve, casi simbólica y totalmente intrascendente en relación con el mantenimiento del poder político por los partidos oficiales dominantes. En muy pocos años, el movimiento guerrillero fue derrotado y realmente nunca puso en peligro la estabilidad del llamado régimen democrático. Es una situación muy distinta de la actual, en la que la oposición cuenta con el respaldo de unos 60 países del mundo, entre ellos EEUU y Canadá, la inmensa mayoría de los países latinoamericanos y casi todas las naciones europeas, es decir la casi totalidad de los países del hemisferio occidental, donde se ha desarrollado nuestra historia y donde hemos tenido nuestros principales intereses. Este respaldo, además, no es sólo declarativo sino concreto en términos diplomáticos, económicos y sociales.

Esta oposición mayoritaria, actualmente representada por los partidos de la Asamblea Nacional que apoyan a Guaidó, tiene incluso más apoyo externo que interno, en términos de respaldo a sus políticas; no estoy hablando en términos de liderazgo político, el cual es claro que todavía está siendo capitalizado por Juan Guaidó. Otra situación novedosa es que nunca antes habíamos tenido un “Presidente” de la República, o alguien que considerara serlo, que hubiese sido designado por el gobierno estadounidense, ni que éste significara su principal apoyo, ni que diera las directrices principales de las políticas opositoras. Son elementos objetivos muy claros que diferencian la actual situación con la existente en el pasado. Incluso en el momento en que la oposición venezolana derrota al bipartidismo, lo cual ocurre en la segunda elección de Rafael Cadera, la posición del gobierno estadounidense fue totalmente adversa al ex Presidente, quien inclusive fue vilmente atacado, descalificado y calumniado por el Departamento de Estado.

Otro tanto ocurrió con la opción que liderizó Chávez: actuó y se impuso sin la necesidad de ningún apoyo extranjero. No estoy discutiendo si su triunfo fue lo mejor que le ha podido suceder al país; tampoco me referí a ese tema en el caso del triunfo de Caldera. Sólo quiero dejar claramente sentado que, en ninguno de los dos casos, se solicitó o se tuvo apoyo internacional de ningún tipo, y lo que hubo realmente fue una acción estadounidense contraria claramente a la candidatura de Caldera, incluso mucho mayor que a la de Chávez. El cambio ocurrido en este sentido, cuya responsabilidad no es exclusiva de los opositores que han sido sus protagonistas impulsores, pues la desesperación general ante el gobierno de Maduro ha tenido una gran influencia en el mismo, es el elemento cualitativamente distinto entre la política actual opositora y la del pasado, y cuando hablo del pasado no me refiero nada más a la mal llamada cuarta república. 

Y lo anterior no significa en absoluto que el gobierno estadounidense no haya estado presente siempre influyendo en la política venezolana, como lo ha hecho en toda Latinoamérica. Pero ésta es la primera vez, que un sector político importante ha decidido colocar en manos extranjeras, concretamente norteamericanas, nuestro destino. Si hay algo que tengamos que hacer hacia el futuro es recuperar la autoestima y el amor por la patria de los venezolanos, y esta vital necesidad tiene que estar presente en las discusiones, en las decisiones que se tomen, en las alianzas que se acuerden, en las negociaciones que se realicen, en fin en la lucha para el enfrentamiento del régimen autoritario e indolente de Nicolás Maduro. Los venezolanos no podemos permitir la disolución de la nación, ni por las ejecutorias negligentes y antinacionales del gobierno, ni por las acciones que se hagan para enfrentarlo. 

 


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