Nuestra responsabilidad ante la historia
Escrito por Antonio Sánchez García | @sangarccs   
Sábado, 25 de Mayo de 2019 00:00

altCada día que pase sin darle un giro político trascendental a esta trágica circunstancia, es un día perdido en la lucha por la libertad.

”Y había una piara de muchos cerdos paciendo allí en el monte; y los demonios le rogaron que les permitiera entrar en los cerdos. Y El les dio permiso. 33Los demonios salieron del hombre y entraron en los cerdos; y la piara se precipitó por el despeñadero al lago, y se ahogaron. 34Y cuando los que los cuidaban vieron lo que había sucedido, huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos.…

Lucas 8:33 

A Miguel Rodríguez


Comienzo el día leyendo una nota verdaderamente asombrosa y extravagante consignada por el portal La Patilla: en la Venezuela ex petrolera, colmada de riquezas minerales hoy asaltadas por pandillas rusas, chinas, turcas, sirias e iraníes, y dotada de una maravillosa y exuberante naturaleza, primera reserva petrolífera de Occidente y hoy en manos de una miserable satrapía dictatorial al servicio de la tiranía cubana, un huevo cuesta en bolívares, la moneda posiblemente más depreciada del planeta, el equivalente a 93,3 millones de litros de gasolina. Siendo el costo del litro tan insignificante, que no existe la moneda capaz de cancelarlo. Llenar el tanque de un vehículo de mediano tamaño cuesta exactamente 0,0005 centavos de bolívar. “Deme lo que pueda” – suelen decir los bomberos. Cualquier billete podría comprar varios camiones de combustible. Su valor ya da lo mismo. 

Leer esa aterradora información, que deja en el ridículo a cualquier película o serie de ciencia ficción televisiva, visto que he desayunado esta misma mañana con el equivalente a 186 millones de litros de gasolina, mientras nuestro vehículo yace estropeado ante la imposibilidad de adquirir los repuestos de las piezas dañadas, me resulta particularmente significativo. Invitado por el maestro de mi nieto mayor a dar una charla en su clase sobre el ex presidente Carlos Andrés Pérez, tenía previsto comenzar precisamente con el Caracazo y sus causas. Principio de este largo viaje hacia la noche. Intentando explicar lo absolutamente inexplicable: cómo todo un pueblo prefirió alzarse contra toda racionalidad y tumbar a quien llegaba de ser aclamado en Davos por sus extraordinarios primeros dos años de gobierno, por pretender sincerar la economía comenzando por alzar el precio de la gasolina: si no se torcía el rumbo del desastre económico que se avizoraba, Venezuela se hundiría en la más aterradora crisis de su historia, terminaría siendo presa del peor populismo militarista y se convertiría en una tiranía que ya anticipara con horror el Libertador, cuando en carta al General Juan José Flores, a quien pusiera a cargo del gobierno ecuatoriano, le escribiese hace dos siglos: “Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. Si fuera posible que una parte volviera al caos primitivo, éste sería el último período de la América.”

Ante deriva tan estrambótica de esta catástrofe, me atrevo a afirmar que sin parangón en la historia de la región, y al borde de caer aún más hondo, si existe hondura mayor que ésta que estamos soportando, me pregunto si este apocalipsis no será causa necesaria como para sacudirnos de todos nuestros prejuicios, deslastrarnos de nuestras taras y convocar al país nacional - como solía decirse en tiempos de Luis Herrera Campins – para unirnos como un solo hombre y encontrar una salida al desastre.

Tras tres meses de interinato creo que nadie con dos dedos de frente podrá negar que Juan Guaidó, por sí solo, y la asamblea nacional, sometida al asedio de los mercenarios de Nicolás Maduro y la permanente amenaza de secuestro y desaparición de sus más importantes miembros, son suficientes como para encabezar un levantamiento popular, dirigir una insurrección y poner a las fuerzas armadas entre la espada de romper con la tiranía y sumarse a la liberación de nuestro pueblo o la espada de enfilar sus armas y aplastarlo masivamente.

Si el respaldo generoso de los Estados Unidos, primera potencia del mundo, y medio centenar de grandes, medianas y pequeñas potencias democráticas del planeta, incluida América Latina salvo la miserable tiranía caribeña y un par de paupérrimas repúblicas filo castristas de nuestra región, no han sido sufiente apoyo como para levantar cabeza y gritar ¡BASTA! a los cuatro vientos, y desalojar con o sin el respaldo de las fuerzas armadas al gobierno más devastador de nuestra historia, creo sinceramente que Leopoldo López, Juan Guaidó y Henry Ramos Allup – padre, hijo y espíritu santo de este interinato - deben reconocer la necesidad imperiosa de unir a todos los sectores anti dictatoriales en una gran cruzada final y definitiva por desalojar a la tiranía.

Ya circula la propuesta de constituir un Consejo Nacional de Gobierno que integre a las más destacadas y sobresalientes personalidades nacionales – María Corina Machado, Antonio Ledezma, Diego Arria, Enrique Colmenares Finol, Blanca Rosa Mármol de León, Luis Manuel Aguana, Miguel Rodríguez, Asdrúbal Aguiar, Oswaldo Álvarez Paz, Ricardo Hausman, Enrique Aristeguieta Gramcko, por nombrar sólo a algunos – y quienes, bajo la dirección de Juan Guaidó y Leopoldo López puedan articular la columna vertebral del gobierno de transición que debiera constituirse a la mayor brevedad posible.

Cada día que pase sin darle un giro político trascendental a esta trágica circunstancia, es un día perdido en la lucha por la libertad. Llegó la hora de darlo. ¡Manos a la obra.

 


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