¿Quién le tiene miedo al R2P?
Escrito por Antonio Sánchez García | @sangarccs   
Jueves, 09 de Mayo de 2019 04:31

altToda vacilación, todo titubeo y toda duda deben ser zanjadas de raíz. Volvemos a las definiciones de una guerra a muerte. O la asumimos a plenitud y vencemos o pereceremos.

“No le temen a la intervención. Le temen a la justicia.”

María Corina Machado

Existe unanimidad nacional respecto del juicio que merece la crisis venezolana y sus medios de resolución. Contrariamente a lo que ha sido el desiderátum perseguido por las fuerzas partidistas tradicionales, horrorizadas ante la sola idea de una confrontación, la salida del régimen no será pacífica, constitucional ni electoralmente. Lo será, si ello llegara a suceder, por la fuerza de la acción armada, o el temor concluyente a su uso inminente e inevitable. Por las buenas, como suele decirse en el argot político venezolano desde que las fuerzas democráticas se aprontaran a derrocar al general Marcos Pérez Jiménez, vale decir: sin que llegue sangre al río, es absoluta, completa y totalmente imposible. Como sucediera en Irak, con la intervención del ejército norteamericano, la localización y ahorcamiento de Sadam Hussein, con el masivo levantamiento popular y el empalamiento de Muamar Gadafi, el derrocamiento de los sátrapas durante la primavera árabe, de los autócratas de las dictaduras soviéticas a partir de la caída del Muro de Berlín y recientemente con el derrocamiento del tirano sudanés.  En todos esos casos, como enseñaba Hegel, el filósofo alemán, la violencia fue la partera de la historia.

Las razones son tan obvias, que cansa y fastidia tener que volver a explicarlas, pero se reducen a lo siguiente: la tiranía castro comunista cubana, hallándose al borde del abismo y sin ninguna perspectiva de supervivencia, se encontró milagrosamente con un caudillo que logró desnaturalizar a las fuerzas armadas venezolanas, castrar y meter en la perrera a todos sus políticos, partidos incluidos, asaltar el Poder y metérselo en el bolsillo, haciéndole entrega a Fidel Castro, cual regalo de los Dioses, de las principales reservas petrolíferas del planeta. A punto se estuvo entonces de celebrar una anexión estatal por todo lo ancho y darle nacimiento a una república socialista unida del Caribe, pero por razones que aún no encuentran debida explicación ambas partes prefirieron evadir los problemas que dicha anexión podría suscitar a nivel hemisférico y mundial y prefirieron proceder al contubernio y el amancebamiento sin despertar mayores sospechas. 

Así, en una faena de prestidigitación de alta escuela, y luego de deshacerse de uno de los probables obstáculos, - el propio Hugo Rafael Chávez Frías fallecido en el CIMEQ de La Habana – se decidió avanzar con el acuerdo de los viejos y nuevos partidos políticos por la senda de un régimen bicéfalo ocupado al día de hoy por Nicolás Maduro y Juan Guaidó. ¿Soltar esa teta? ¿Por qué razón o bajo que imperativo? Finalmente el problema no es de los cubanos, es de los venezolanos. Así el mando y control de Cuba sobre el impotente gobierno de Nicolás Maduro sea tan manifiesto, que incluso lo reconoce el gobierno Trump acogiendo la insólita propuesta europea de sumar al gobierno cubano a las rondas de conversaciones para acordar un arreglo de la ya insostenible crisis venezolana. Donde manda capitán no manda marinero. 

Razones de incomprensión, incomunicación o debilidad de los sectores políticos proponentes han hecho imposible hasta ahora que la opción más adecuada para intervenir y resolver de raíz el problema venezolano, la llamada Responsabilidad de Proteger, decretada como imperativo de los países miembros de las Naciones Unidas por decreto de su Consejo de Seguridad de Diciembre de 2005 para asistir directamente a los miembros sometidos a violaciones de sus derechos humanos, no haya obtenido el debido respaldo como para ser invocada por el presidente de la república, la asamblea nacional y los partidos políticos. Se ha establecido así un hiato entre la voluntad absolutamente mayoritaria de la población venezolana, que no sólo reclama, sino que exige su implementación y los factores políticos que se niegan incluso a echar mano del decreto 187#11 de nuestra propia constitución, que abriría el espacio legal para permitir la intervención de fuerzas extranjeras a favor de la paz en nuestro territorio. Y ello, lo que es tanto más grave, mientras el régimen recibe el respaldo de tropas rusas, iraníes, chinas y cubanas. Presentes en Venezuela en clara violación de nuestros derechos soberanos.

La decisión de intervenir en Venezuela para rescatarla de la devastación, el expolio y el saqueo a que ha sido sometida por las fuerzas combinadas del comunismo internacional a través de Cuba, en primer lugar, su punta de lanza, pero también de China, Rusia, Turquía, Siría, Irán y el terrorismo talibán, que se han servido de ella como plataforma de penetración en Occidente, ya es una decisión tomada por el gobierno de los Estados Unidos. Como lo ha señalado el secretario de Estado John Bolton, es cuestión de días para que se ponga en marcha esa operación liberadora. Cuentan con el respaldo pleno del Secretario General de la OEA, Luis Almagro y terminarán recibiendo el respaldo de todos los gobiernos de la región. Comenzando por Brasil y Colombia. Más allá de la histeria que se desate en sus sectores socialistas. Los venezolanos debemos estar preparados no sólo para brindarles todo nuestro respaldo a quienes quisieran respaldarnos en nuestra lucha liberadora , sino para defender la legitimidad de tal proceder. 

Pues hemos llegado al momento de las más cruciales decisiones. Toda vacilación, todo titubeo y toda duda deben ser zanjadas de raíz. Volvemos a las definiciones de una guerra a muerte. O la asumimos a plenitud y vencemos o pereceremos.

 


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