Recuperar la normalidad
Escrito por Juan Guerrero | @camilodeasis   
Viernes, 22 de Marzo de 2019 06:51

altThor y Arpa son dos perros, Mastín napolitanos, que fueron apresados el 5 de junio de 2018 por la policía política venezolana, acusados de actividades contrarrevolucionarias.

Además, su dueño, el coronel Oswaldo García Palomo, también fue apresado y en la actualidad, los tres se encuentran en las instalaciones del Helicoide como presos políticos del régimen de Nicolás Maduro.

De esa operación policial y judicial ya han pasado más de 9 meses y no existe posibilidad de poder rescatar, ni a los canes ni mucho menos al coronel. Similar situación se ha vivido con otros animales, que han sido condenados a maltratos y tratos crueles por el régimen totalitario de Maduro.

Esto que describimos resulta insólito y hasta pareciera un cruel chiste para quienes no viven en la Venezuela del chavizmo socialismo del siglo XXI. Podríamos indicar otros casos, como los asesinatos y abandono de perros por el simple hecho de ser las mascotas de dirigentes opositores al régimen. O el caso de la elefanta Ruperta que murió de inanición ante la indiferencia de sus cuidadores. 

Es que en Venezuela se vive en el absoluto absurdo de la vida. A Thor y Arpa, por ejemplo, los sometieron a 15 días de torturas –no les permitían alimentos ni agua- hasta que su dueño se entregara. Los dejaron abandonados y poco tiempo después se los llevaron detenidos al Helicoide, lugar de reclusión actual, donde también se encuentra su amo.

Lo que se desprende de estas atrocidades y tantas otras, es que la sociedad venezolana necesita de manera urgente, recuperar su normalidad para sanar su mente. La vuelta a la normalidad, eso tan esencial para el desarrollo armónico de las sociedades, resulta en Venezuela un camino muy difícil de transitar.

No sabes si en las farmacias hay medicinas o si en las carnicerías venden carne o si la oficina donde cancelas el agua o la electricidad trabajan los días de semana. Es difícil saber si el transporte lo abordas en un autobús o debes subirte a un camión de estacas. O si en la gasolinera expenden combustible para tu vehículo. Más de una vez he olvidado mi dinero y quien me ha atendido ni se ha preocupado en cobrarme. En otras le he dejado más de lo que cuesta la gasolina, o cuando he intentado cancelar con billetes de 2 o 5 BsF., me los han devuelto aduciendo que esos billetes no valen nada y me dan la espalda.

Vives en la constante incertidumbre. No sabes cuándo se irá la electricidad. Cuándo volverá el agua. Si podrás volver a conectarte a la Internet. Es la agresión constante a tus derechos humanos. 

Lo anormal es la norma en esta Venezuela donde rige por las calles la ley de la improvisación. Donde la norma en manos de policías, militares y funcionarios de la administración del Estado, viene signada por lo que existe en el momento y lo decide quien funge de jefe, soportándose en su libre arbitrio. 

Por eso es tan singular indicar que la detención de esos perros, Thor y Arpa, se considere “normal” y sean los primeros perros presos políticos del mundo. 

La Venezuela del chavizmo socialismo se asemeja al nacional socialismo (nazis) alemán donde la realidad fue transmutada y los judíos fueron vistos como simples objetos para obtener de su carne y huesos, jabón y botones. Así se está comportando la nomenklatura socialista venezolana frente a la realidad. La ha alterado de tal manera que está haciendo aparecer, a través de su aparato de propaganda oficial, como un privilegio ser pobre y a quien no estudie ni trabaje, como descendiente de los más insignes próceres de la nación.

Es evidente que estamos frente a una dirigencia política que aplica el poder del Estado de forma arbitraria, totalitaria, cruel y obscena. Eso se traduce en actos y procedimientos políticos absurdos y, desde todo punto de vista, anormales y contrarios a la razón y lógica universalmente aceptados. 

Porque la razón de Estado que se aplica en Venezuela está soportada en el poder de las armas y en creencias mágico religiosas fuertemente ortodoxas, supersticiosas y fanáticas. Esas prácticas al fusionarse con actividades ideológico-políticas han desembocado en un hacer cotidiano donde la realidad-real se ha trastocado para privilegiar la anormalidad como forma de vida que se intenta imponer por los hechos a toda la sociedad venezolana.

Rescatar la normalidad, eso que significa respeto a la norma, principios y valores, debe ser asumido como asunto de inestimable urgencia para sanar, tanto la consciencia cívica nacional como la salud mental y espiritual del ser venezolano.

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