200 horas en la oscuridad
Escrito por Siul Nagarrab   
Domingo, 10 de Marzo de 2019 15:54

altAntes de la era de los pines de Blackberry y, por supuesto, de todas las aplicaciones que hoy cada quien tiene o aspira a tener

en su móvil celular, como el “Güasap”, ya se veía el problema. Recordamos que cuatro amigos nos fuimos a echar palos en La Candelaria, por entonces, referente de buenos platos y licores a precios accesibles, y – sin darnos cuenta – todos chateábamos en la barra hasta que les armé un zaperoco  y, vía telefónica, les dije que pusieran lo suyo porque ya había pedido la cuenta.

Todas estas largas horas sin energía eléctrica, nos ha sorprendido sin nada qué hacer en casa, pues, obviamente, la perolera electrónica de nuestros tormentos nos relega a la penumbra ociosa. Casi inadvertidamente, en casa comenzamos a hablar de las cosas que normalmente no atendemos, por las prisas de cada día, las que no ensimisman en una faena de narcisismo de la que también llaman la atención los psicólogos, aún en medio de las peores crisis.

Inevitable, por el comentario de varias personas al salir de misa,  hubo aquellos que distrajeron a sus niños hurgando en el fondo del closet, con la vieja caja de monopolio, bingo, memoria u otros viejos juegos hogareños. Una de las personas, refirió que su muchacho desea hacerse futbolista profesional al concluir el bachillerato, algo que no sabía, por ejemplo.

Es demasiado trillado versar sobre las mediaciones tecnológicas para expresarse, como si fuesen un mal por sí mismos. No reparamos en los llamados heurísticos o “framing”, todo un encuadre social y mediático que nos condiciona e impide darle alguna profundidad a los temas también domésticos que, más de las veces, tratamos o administramos como un espectáculo.

Nos apropiamos de las “200 horas en la oscuridad” de Juan Nuño, un libro de crítica – ante todo, sociológica – de las películas que llegó a ver, a fin de referirnos a  las muchísimas horas que sufrimos sin energía eléctrica, ya metropolitanizada la crisis de la industria.  Valga el título para referirnos a la forzada mirada de nuestras vidas íntimas, las de la casa, en la que, resguardados todos, recordándole la madre a quién les contamos, redescubrimos que la existencia va más allá de los que nos dicen de ella, reivindicando lo que nosotros decimos de síes mismos.

 


Escultura: Claes Oldenburg.


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