Como el Ave Fénix
Escrito por Antonio Sánchez García | @sangarccs   
Miércoles, 06 de Marzo de 2019 06:41

alt“Cuando haya sangre en las calles, compra propiedades”, dicen que dijo el Barón de Roths child. Es la mejor relación entre situación política y oportunidad de inversiones dela que yo me haya enterado.

Pero quien haya vivido situaciones revolucionarias o prerevolucionarias puede dar fe de que es una aseveración no solo matemáticamente exacta, sino indiscutiblemente cierta: los bienes muebles se deprecian al mínimo de su valor facial al calor de las crisis terminales, para rebotar como balones y elevarse a las alturas en cuanto se las supera.

Lo viví en carne propia en el Chile de la Unidad Popular y Salvador Allende. Sin que la situación chilena haya alcanzado jamás los niveles de pauperización generalizada, hambruna, mortandad y crisis humanitaria alcanzada por Venezuela y sin que existiera una estampida comparable con esta huida de millones de venezolanos, los bienes muebles se depreciaron en Chile a niveles anteriormente inimaginables. Por un puñado de dólares podía comprarse un fundo de doscientas mil hectáreas o una mansión, pues todo el mundo quería vender y nadie quería comprar. No eran los bienes inmobiliarios los que había sido sometidos a una cruenta depreciación: era el país. El Chile comunista, de Allende y la Unidad Popular, como se decía en chileno, no valía una chaucha. El cobre se había depreciado a sus máximos extremos y el sistema agrupecuario seguía prisionero de males endémicos. La industria estaba paralizada. Nadie invertía. Pues nadie confiaba ya en el futuro y la deriva hacia la catástrofe castrocomunista se veía como absolutamente inevitable. ¿Quién querría vivir bajo las botas de una tiranía castrista?

Los que hubieran querido irse a probar suerte lejos de nuestras fronteras eran muchos. Pero irse de Chile, rodeado por desiertos, ventisqueros, un inmenso desierto, la imponente Cordillera de los Andes, la Antártica y el bravío Pacífico, cuyo nombre es un sarcasmo que sólo pudo ocurrírsele a Fernando de Magallanes, que por inmensa casualidad del destino en un viaje a Filipinas y las Molucas lo navegó extrañamente apacible, no era tan sencillo como atravesar los puentes fronterizos con un hato de ropa a la espalda. Y ese casi cuarenta por ciento que moría y aún sigue apostando por el castrocomunismo chileno esperaba ansioso por la conquista del paraíso socialista. El mismo por el que los cubanos llevan sesenta años esperando.

No fue el toque de una varita mágica, pero se le pareció. Bastó el golpe de Estado del General Augusto Pinochet y el inicio de la dictadura que arrancó de cuajo cualquier veleidad socialista, para que la situación general de la economía y en particular el mercado inmobiliario, particularmente sensible a las variaciones de la economía y la situación política que la condiciona,sufrieran un vuelco verdaderamete espectacular. Los mismos predios que hasta el 11 de septiembre de 1973 se transaban por un puñado de dólares pasaron a costar cientos de miles de dólares. Viví esa extraña experiencia en España: al ingreso en la OTAN, con Felipe González a la cabeza del gobierno, apartamentos que costaban setenta mil dólares pasaron a costar en pocos meses hasta setecientos mil dólares.

Es lo que me comentaba un amigo, asesor inmobiliario. “He recibido inversores extranjeros” – me comentó hace unos días – “que han venido a Caracas a la espera de la caída de Maduro para invertir en los rascacielos más grandes, más altos y más espectaculares de América Latina. El regreso de cientos de miles de venezolanos que no resisten el destierro transformará en un santiamén el mercado. El verdadero negocio no consiste en vender ahora, lo que significa necesariamente transar a precio de gallina flaca. Es comprar ahora. Y vender después.” Y agregó: “Venezuela se irá al cielo como un Ave Fénix. Viviremos el mismo despegue, y tal vez más espectacular, que el que vivieran los chilenos a la caída de Salvador Allende. Venezuela volverá a ser potencia. Y no precisamente ni sólo por el petróleo. Lo tenemos todos. Poniendo orden a la casa, Venezuela volverá a ser la cornucopia de América”.

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