Transición o ruptura
Escrito por Alexis Aponte | TW: @alexisaponte14   
Martes, 19 de Febrero de 2019 07:09

altLa Venezuela que debemos  construir, tiene que estar anclada en valores, principios y justicia

 

Introducción

La percepción y el grado de certeza sobre cómo finaliza  la película parece ser de conocimiento público. La pregunta;  ¿Qué va a pasar? Su respuesta en un 90% todo el mundo la intuye. La probabilidad es muy alta y ha mutado de la incertidumbre y el sentimiento de derrota y pesadumbre al rango de la esperanza, ilusión y expectativas. 

Cuando estudiamos riesgos hay dos preguntas claves a las cuales estamos obligados a tratar de dar respuestas: el ¿Cómo? y el ¿Cuándo? Por eso siempre decimos que si podemos responder a ambas  podríamos hacernos ricos (en el mejor de los sentidos) de la noche a la mañana. En este estadio superior de la crisis, tenemos esas dos preguntas a la cual debemos intentar dar respuestas eficientes. 

Este o estos temas, deben discutirse en la academia, universidades y gremios, porque el desarrollo de uno de ellos y su desconocimiento podría ser muy costoso para nuestra sociedad. El daño causado ha sido devastador en todos los órdenes y peor aún, a nivel de conciencia, conducta y sentimientos. 

 

Transición

¿Cómo solucionamos este juego? Aquí aparecen dos (2) opciones como mínimo: Transición o Ruptura. Sobre la transición política hay muchos ejemplos exitosos en el mundo: en Suráfrica y el papel jugado por Mandela,  en República Dominicana y la transición liderada por Joaquín Balaguer a la muerte del dictador Trujillo, la España Post franquista y el Pacto de la Moncloa, en Venezuela la dirigida por el General Eleazar López Contreras a la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, y tantos ejemplos de transiciones políticas exitosas que han sucedido en todo el planeta. 

Las ventajas de una transición se pueden cuantificar en lo social, político y económico.Políticamente es menos costosa. Se trata de un reconocimiento de las partes y la necesidad de ponerle fin a la violencia política. Dibujar círculos de coincidencia, en los cuales las partes puedan realizar y desarrollar políticas comunes dirigidas a buscar soluciones a los grandes problemas nacionales. En Venezuela tenemos la experiencia del Pacto de Punto Fijo, el cual no fue suscrito por el partido Comunista, pero que logró encauzar y estabilizar el rumbo de la recién nacida democracia.  

En lo social se caracteriza porque es inclusiva, participativa con un norte dirigido a que todos los actores sociales remen en función de un objetivo común. Usualmente se busca diseñar políticas públicas dirigidas a mitigar las penurias de los sectores más débiles, que generalmente son los más afectados en procesos hiperinflacionarios. Muchas de esas decisiones son subsidios y planes de emergencia que requieren del consenso de los sectores, dado su cuantía y necesidad y pertinencia. Estamos hablando de presupuestos, subsidios, financiamiento y vigencia de estas compensaciones sociales. Este último punto es un elemento importante en el diseño de estas políticas, porque de lo contrario podríamos caer en todos los errores del populismo. 

En lo económico las transiciones políticas se pueden cuantificar y si tenemos planes coherentes bien diseñados para lograr la recuperación y estabilidad  económica, podemos recurrir a los multilaterales y a la comunidad de naciones en la búsqueda del financiamiento requerido para su desarrollo. En este punto hay un elemento muy propio de las transiciones y se refiere al “gradualismo” de las políticas económicas a desarrollar. Este es un tema para discutirlo en las academias y en el seno de los expertos. El “gradualismo” tiene un costo económico que normalmente se traduce en endeudamiento, incremento del servicio de la deuda y una lucha diaria contra la inflación y el tipo de cambio (dependiendo de las políticas asumidas) además del desgaste político causado por el tiempo que consuma el gradualismo.  

En una Transición se requiere que las partes se reconozcan y negocien. Si una de las partes o ambas no ceden, difícilmente hay negociación y por lo tanto se desvanece la esperanza de la transición. 

En Venezuela la transición se podría materializar de varias maneras: Una de ellas podría ser negociar y que el gobierno sea compartido por la oposición. Esta posibilidad tiene una probabilidad muy baja y cualquiera que la plantee, sería un suicidio político, más aún, cuando el gobierno está en situación de “jaque”. Otra opción podría ser la cesión del gobierno pura y simple a la oposición, pero también esta solución para el sector gobierno sería la rendición total. 

Ceder el poder de mando y todo lo que representa a nivel geopolítico y económico sería una gran derrota para el Foro de San Pablo, Cuba, Nicaragua y por qué no; para Rusia y China. Pareciera que el desarrollo de la crisis ha llegado a un “punto de no retorno” en el cual la solución y aplicando la Teoría de Juegos sería la de un “juego suma cero”. Si no hay negociación, probablemente se juega a una capitulación sin condiciones.

 

Ruptura

Así como hay buenos ejemplos de transiciones exitosas, también hay ejemplos de rupturas. La ruptura se caracteriza porque su aparición es disruptiva, es lo más parecido a una revolución.  La negociación política es desplazada por los hechos fácticos, no hay equilibrio y se impone el poder signado por la fuerza. 

Ejemplos de ruptura en el mundo también los hay: Muammar Kadhaffi  en Libia, Sadam Husein en Irak, Benito Mussolini en Italia, Manuel Noriega en Panamá, Salvador Allende en Chile, el propio Adolf Hitler en Alemania. Personajes negados a la negociación y a una “decisión-transición” de “ganar- ganar” causándole un gran  daño a su país y a la sociedad civil, cuyas heridas, muchas de ellas, no han cicatrizado y aún están a flor de piel. 

El daño causado por gobiernos deshumanizados a la sociedad, a las personas, la destrucción de instituciones, la violación de los derechos humanos, la violación de la Constitución, las muertes causadas por hambre y falta de medicinas, la represión policial, los “suicidios inducidos”  y el acoso constante de cualquier opositor, todo en nombre de una ideología cuyo fracaso en el mundo es evidente, pasa a ser las razones que esgrimen los teóricos de la ruptura para su  justificación, acción y aplicación total. 

Los procesos de ruptura se orientan al rompimiento total con el pasado  y todo lo que esto represente. A tal efecto, hemos podido leer en las redes sociales y articulistas de opinión sobre la necesidad de una modificación del ADN de la sociedad, de manera que nunca más se repitan los hechos que caracterizaron al gobierno anterior.  Temas como la inclusión, la tolerancia y la convivencia con el adversario se convierten en debilidad y la simple sospecha  es suficiente para  asumir la pena de culpables o responsables y a veces ambas.  

La ruptura implica violencia y ésta genera más violencia. Algunos hablan de riesgos de guerra civil en Venezuela, a esta opción le asignamos una baja probabilidad, dada la correlación de fuerzas sociales, pero si podríamos estar en un escenario de bolsos de resistencia, terrorismo, saboteos y guerrillas urbanas (éstas últimas de vida corta)  Lograr la paz en esta coyuntura es una necesidad para estabilizar la economía y la sociedad. 

 

Soluciones

No es fácil la solución para Venezuela, peor aún, no tenemos una línea de tiempo para hacer pronósticos. Esto puede estar camino a un desenlace, que necesariamente no es una solución eficiente, con todos los riesgos que ello involucra. Podría no ser de inmediato y estaríamos por vivir los peores meses de una crisis política,  económica y social  que haría palidecer a cualquiera de lo ya vivido. Todos los factores involucrados en la crisis tienen sus propios intereses y su propio tiempo: económicos, políticos, geopolíticos y energéticos. Mientras tanto la emergencia la vivimos los venezolanos con esa pesada carga de la hiperinflación, la escasez y la diáspora.  

En esta coyuntura, solo nos queda participar, aportar soluciones, sugerir opciones, abrir el abanico de la tolerancia, el respeto y el reconocimiento de todos aquellos que contribuyan a resolver esta problemática. Dejar y velar  en el futuro, sea la justicia que haga su trabajo, no estimular la impunidad y elevar los niveles de exigencia profesional, moral y ética para todos aquellos que quieran dirigir al país.

La única manera de no olvidar esta experiencia es explicando cómo llegamos hasta aquí. El retroceso comenzó en los años 80 y en los últimos 20 años se profundizaron. En algún momento dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en habitantes, indiferentes e indolentes a las desgracias sociales. Sucumbimos ante  la arrogancia, el dispendio y la complicidad.  La Venezuela que debemos  construir, tiene que estar anclada en valores,  principios y justicia. Necesario es participar y ganarnos el título de ciudadanos. Erradicar el odio, la venganza y el resentimiento.  En el pasado le dejamos el camino abierto a los gritones y malos políticos y aquí llegamos. Ahora la esperanza y la justicia tienen que guiarnos. 

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