¡En jaque…!
Escrito por Antonio José Monagas | TW: @ajmonagas   
Domingo, 17 de Febrero de 2019 06:52

altLa crisis que tiene agobiada a Venezuela, no es fortuita. De una u otra forma, vale asegurar que la malicia de sus actuales gobernantes, determinó el caos en cuestión.

Cualquier análisis político, infiere que tan grave situación es la resultante de todo un proceso de histórico de acumulaciones y distorsiones en el ejercicio de la política. No sólo en lo que va de siglo XXI. Los problemas que devinieron en lo que hoy está convertido el país, provienen del arrastre de una crisis que tocó la estructura y concepción del Estado venezolano. Incluso, desde que la entonces provincia colonizada por el Imperio español, comenzara a ser objeto de entramadas maquinaciones de todo orden para alcanzar la estatura política de “república”. Condición ésta, que difícilmente fue forjada sobre el esfuerzo no siempre logrado de muchos venezolanos que sacrificaron sus vidas en aras de tan arduo propósito. 

Aunque a juicio de algunos estudiosos de la historia política contemporánea, dicho proyecto no terminó de cuajar. El sentido y concepto de “república”, no encajó con intereses que apostaron a tergiversar su comprensión. Por tanto, su realidad fue complicándose a medida que fue desvirtuándose el proyecto político que buscara articular la conciencia histórica a la esencia de la idiosincrasia de aquel venezolano de porte ciudadano y moralmente hábil para enfrentar los desafíos de circunstancias mal aprovechadas.

Problemas de tan particular naturaleza, han sido auscultados por la teoría política a fin de determinar hasta dónde las relaciones de poder, inmersas en todo tejido social, son capaces de doblegar o encauzar intereses alineados con proyectos sociales que incidan en el comportamiento de un colectivo. En este sentido, ha observado que muchos conflictos derivan de complicaciones que se moldean en el curso de dichas presunciones o realizaciones.

Así se tiene, por ejemplo, desórdenes de enorme magnitud que comienzan a complicarse por encima de lo esperado, a consecuencia de la desviación de valores políticos, o de imprecisiones del devenir político, que terminan trastornando proyectos políticos, económicos  y sociales, indistintamente del espacio y tiempo que ocupen. Es cuando surgen gobiernos de conductas despóticas, que finalmente, rayan con el concepto de dictadura. Bien, totalitarias o autoritarias. 

El problema venezolano, encuadra con el concepto de dictadura autoritaria. Sus características se ajustan exactamente con la naturaleza del poder esgrimido por el régimen. De ahí que se ha arrogado facultades extra-constitucionales para imponer su doctrina a través de un control desaforado que le ha permitido penetrar el tejido social. Sin embargo, dichas tendencias autoritarias hegemónicas, se han visto contrarrestadas por una oposición política que no ha descansado en su afán por restarle fuerza al anacronismo gubernamental. 

Por consiguiente, la oposición venezolana se ha valido de los recursos constitucionales posibles para impedir la consolidación de planes de deterioro del sistema democrático adelantados por el régimen. Desde su mismo arribo al poder. Hace veinte años. Sólo que la radicalización de la crisis que la propia gestión dictatorial ha permitido, confabulada con una grosera corrupción en complicidad con el desbordamiento de la economía nacional, se sintió más profundamente en los últimos seis años. 

Y como dice el aforismo popular: “tanto da el agua al cántaro hasta que revienta” Eso es lo que ha padecido el contexto político nacional. Fue así como la oposición democrática invirtió su papel de actor defensivo, a actor ofensivo. La actitud de este sector político, bien representado en el Parlamento Nacional, ha logrado ponerle freno al régimen opresor mediante una estrategia de acuciosa praxis. 

Ya Venezuela dejó de ser un país a oscuras. Más, cuando hay conciencia en que todo tiene su tiempo. O como pregona la Biblia, en su libro Eclesiastés: “ tiempo de nacer y tiempo de morir (…) tiempo de ganar y tiempo de perder (…) tiempo de callar y tiempo de hablar (…)”. Por eso, Venezuela dejará de ser un país de luto, para ser un país de existencia. 

Estos días, en Venezuela, son “tiempos de hacer”. Ya los buitres del pasado, comenzaron a levantar el vuelo de retorno a su país de “nunca jamás”. Los carroñeros, igualmente comenzaron a preparar su huida. Pues han sido vividores del pueblo, todos quienes de alguna forma se aprovecharon maliciosamente de las bondades, capacidades y potencialidades de un país llamado Venezuela al cual, seductores de la perversión disfrazados de gobernantes, creían infecundo. 

Estos personajes de marras, gobierneros investidos de un poder ilegítimo, no advirtieron que el juego político había cambiado. Tanto fue el movimiento que forzó el cambio de rumbo, el cambio de giro y el cambio de forma de la política venezolana, que el país se empinó para otear la salida del embudo al que convirtieron a Venezuela en lo que va de siglo XXI. Y es porque nunca pudieron callar al pueblo (de conciencia democrática). 

Y por tan valiente y sostenida lucha que está transformando la tristeza en alegría al remontar el plano de las esperanzas, el camino de las libertades volvió a conseguirse luego de un tiempo de indefiniciones. Sobre todo ahora, cuando las realidades le han advertido al adversario usurpador, que está ¡en jaque…!

 


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