La esperanza
Escrito por Alexis Aponte | TW: @alexisaponte14   
Martes, 12 de Febrero de 2019 00:00

altUna de las cualidades que llaman la atención de la generación que está asumiendo las riendas políticas del país, lo constituye el hecho que en su mayoría, la política

la han transformado en una lucha social. Muchos de ellos realizan su actividad en los barrios, mezclándose con los más necesitados en materia de ayudar y brindar comida a los más necesitados, luchar por servicios púbicos de mejor calidad, la defensa de los derechos humanos, la libertad de los presos políticos, otros trabajando en universidades en calidad de docentes con salarios miserables, pero dictando cátedras con calidad y desprendimiento. 

Esa generación que bordea el piso de los 35 años de edad, reflejan una imagen, por lo menos hasta ahora, han asumido la política no como un medio para enriquecerse, hacer negocios, tener camionetas, adquirir apartamentos, o simplemente, hacer carrera profesional en el sector privado, cada uno en su especialidad, lo cual no es criticable,  para lograr hacerse un piso en una sociedad como la nuestra. Esto último han podido hacerlo y aseguro que todos o casi todos fueran excelentes profesionales y ejecutivos, porque además tienen una excelente preparación de pregrado y post grado, tanto nacionales como en el exterior y el manejo de más de una lengua extranjera. 

Otra característica relevante es que muchos son de clase media baja y otros de barriadas caraqueñas, que podríamos ubicarlas en los sectores “D”. En su mayoría hoy día son diputados a la Asamblea Nacional, a la cual asisten desde Caracas y el interior del país, función en la cual, y por decisión política del gobierno actual, se le han quitado los sueldos y salarios, por lo tanto lo están haciendo “ad honorem”. Teniendo que cancelar transporte, hoteles y comida de su propio bolsillo o amigos que colaboran con tal honrosa función de representatividad. 

Nos consta que esa generación de representantes público y de luchadores sociales, tienen grandes necesidades en materia de ropa, la cual tiene que ser variada por los tipos de eventos que en nombre de la Asamblea Nacional tienen que realizar, más aún, que ejercen como representantes de funciones del ejecutivo nacional. Casi todos tienen que recibir  ayuda de sus padres y familiares para el sustento familiar, por supuesto,  automóviles propios son la excepción y menos la tenencia de activos tangibles y monetarios. 

Conocemos de muchos políticos que han asumido esta función para hacer de “lobista”, servir de bisagras entre los centros de decisión del ejecutivo nacional y los pseudo empresarios, que buscan la manera de hacer dinero fácil. Otros simplemente van directo a exigir comisiones por la compra venta de cualquier cosa que requiera el gobierno nacional. Fresco están en nuestras mentes, todos aquellos vendedores de armas conocidos como “los perros de la guerra”, en la cual se enriquecieron unos intermediarios y unos representantes del estado en su mayoría militares. Esta fue una de las razones causas que esgrimieron los militares del 4-F para insurgir, resultando  el remedio peor que la enfermedad. 

Más reciente la corrupción se apoderó de todos los aparatos creados para administrar el control de cambio, que ya tiene unos 19 años, los negociados de PDVSA, la expoliación y expropiación de empresas privadas, fundos agropecuarios, todos ellos en la ruina y la quiebra operativa, pero con administradores ricos a la sombra del estado. Lo peor radica en la exposición pública de todo ese dinero mal habido, fiestas, mises, yates y decenas de propiedades en el exterior. Esa ha sido una generación sin escrúpulos, bandida, corrompida, sin valores ni principios. Una generación que conjuntamente con políticos corruptos, descubrieron un territorio y se adueñaron del mismo, en una práctica pirata de despojo de todo activo que pudiera ser objeto de cambio. 

Por estas razones, la sociedad actual han puesto su confianza en esta nueva generación, que ha sufrido cárceles, persecución, con sus partidos inhabilitados, exiliados, algunos han fallecido en el camino, como Fernando Albán otros tienen la casa por cárcel, se les han confiscados su derecho a ejercer la política, declarar, escribir, so pena de incrementársele la pena o volver a las mazmorras de las cárceles venezolanas. 

En sus exposiciones públicas aparecen como una familia, con todo el riesgo que eso involucra, con valores religiosos que algunos practican  y eso ofrece una imagen que va más allá de lo pragmático y operativo. La imagen de estos jóvenes es de entrega, de desprendimiento, su accionar está basado en principios, valores y ética. Su lenguaje carece del dardo de la ofensa, por el contrario llaman a la reconciliación, no contribuyen con el odio, sino con la armonía que necesitamos como sociedad. 

Sus discursos y accionar hasta ahora es mantenerse alejado y combatir con toda su fuerza todo acto de corrupción y  soborno. Incluso en sus propuestas proponen erradicación del control de cambio, controles de precios, privatización de empresas, transparencia en la gestión pública, acercar al ciudadano hacia una verdadera contraloría social, profundizar en los procesos abiertos de procura y asignación de contratos y libertad para la libre circulación de alimentos que se encarecen en la permisología burocrática y en las alcabalas de control. Todo este enjambre de controles estimula y facilitan la corrupción y eso tenemos que desmontarlo.

Estos jóvenes hasta ahora lo han hecho muy bien, han aprendido en el fragor de la lucha, han tenido que sumarle horas al día para poder atender todo lo que ha significado el socialismo del siglo XXI en materia de represión y hostigamiento. Se han equivocado,  pero de aquello han aprendido y ellos mismo lo dicen. Tienen un pensamiento recursivo que visto en abstracto tiene forma ascendente. Es decir, toman decisiones, actúan, aciertan y se equivocan como en todo, y vuelen a la acción como más experiencia capitalizable en lo personal y en el grupo. 

Se van a equivocar porque la lucha es compleja e inédita, esta crisis venezolana su solución no aparece en los manuales políticos, pero la están elaborando todos los días. Tienen una gran ventaja, reflexionan,  consultan y escuchan. Reflejan humildad en sus quehaceres, muy lejos de aquellos políticos que tienen repuesta para todo y “se la saben todas”. Equivocarse en toma de decisiones forma parte de la Teoría de la Decisión, pero su resultado se puede transformar en experiencia enriquecedora tanto en lo personal, profesional y político. 

Estamos en los albores de un cambio con jóvenes que tienen una gran responsabilidad de ejemplo a otras generaciones. Cambiar el gobierno es ya bastante, brindar estabilidad es el mayor reto, estabilizar la economía es una obligación, eliminar la escasez de alimentos y medicinas es un objetivo inmediato. Pero la misión mayor es  ser un ejemplo de pulcritud, decencia en la función pública, no dejarse tentar por el “diablo de la corrupción” que está en todas partes y que mañana pasado podamos sentirnos orgullosos de vivir en una Venezuela republicana, donde existan ciudadanos, servidores públicos, derechos y obligaciones y una convivencia hacia la prosperidad.  Eso está cerca, siempre hemos sentido esa fe que nos conduce de la mano a la esperanza y si hay esperanza hay prosperidad. 

 

 


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