De la rehistorización parlamentaria
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 11 de Febrero de 2019 00:05

altLa prudencia obliga, sabiéndonos entre el quiebre inminente y la transición deseada.

Breve y perfectible proceso, se observan desviaciones, vicios y otros elementos que imputamos, en un sentido restringido, a los intereses que desean sobrevivir, colándose en la oposición, y, en otro más amplio, a una cultura política que ejerce todavía su peso.

Nadie puede dudar del acierto que tuvo el diputado Juan Guaidó al asumir la responsabilidad de la encargaduría de la presidencia de la República, por cierto, postura en la que insistió la Fracción Parlamentaria del 16 de Julio a lo largo de 2018, respecto a la presidencia de la corporación legislativa. La Constitución es clara al respecto, pero vale más tarde que nunca, a la hora de asumir la Asamblea Nacional una responsabilidad que la rehistoriza. Sin embargo, se evidencia un reluciente sectarismo de los partidos que reconvirtieron a la MUD en Frente Amplio, dispuestos a capitalizar exclusivamente el extraordinario esfuerzo que la ciudadanía adelanta para salir de la dictadura.

En efecto, el parlamento es una institución que ha de expresar a todo el pueblo venezolano y sus distintos sectores, corrientes y tendencias políticas y sociales, imposible de confundir con el cuarteto de los partidos que lo dominan.  Versamos sobre la Asamblea Nacional y no, el Frente Amplio, por lo que se pide más sensatez, sindéresis o sentido común al compartir todos - ¡todos! – una experiencia que se promete inédita a los fines de superar este socialismo no menos real.

Por lo pronto, siendo la citada Fracción un referente ineludible, ella nunca ha sido consultada para la designación que no, autorización, de los consabidos representantes diplomáticos, sin excepción, u otras materias – incluso – de naturaleza estratégica, por más que vote en el ejercicio irrenunciable de una representación legítima. Y, a pesar de sus esfuerzos, poca o nula es su participación en la mensajería institucional del parlamento, por no citar situaciones de menor importancia y quizá anecdótica, como es la de literalmente lidiar por su cupo en los actos masivos, congestionadas las tarimas por el personal adscrito al cuarteto, incluyendo sorpresivamente a guardaespaldas que, valga subrayar, los de la F16-J no tenemos.

Estamos todavía a tiempo de no confundir los roles y las instancias, porque se trata de un órgano del Poder Público que intenta  la hazaña de salvar al Estado republicano, o lo que queda de él. Y esta deseada corrección ha de proyectarse en la conformación de un gobierno de transición manifiestamente plural, clave de toda la eficacia y credibilidad que se espera y necesita con la unidad genuina.


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