¿Por qué ayuda humanitaria?
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Viernes, 08 de Febrero de 2019 09:19

altLa ayuda humanitaria es indispensable e impostergable por muy diversas razones.

La primera de ellas salta a la vista del mundo entero: la desprotección alimentaria, en salud y en todos los términos habituales al necesario abrigo social de los ciudadanos venezolanos que habitamos este territorio y muchos fuera de él. 

El abandono del Estado, en toda su dimensión, ha sido de tal magnitud por parte de la tiranía, ahora usurpadora de esa soberanía de la cual los individuos somos depositarios, que arruinó el país, todo el aparato productivo y sumió a la población en esta situación irresistible de hambruna, de falta de medicinas y de atención en salud, así como de una desprotección social inigualable en el mundo. Por maldad política, además, a propósito. 

Si bien la ayuda humanitaria era impensable al momento de redactar la constitución de 1999 y por tanto no se contempla en ella explícitamente, sí señala indubitablemente que (Artículo 23): “Los tratados, pactos y convenciones relativos a derechos humanos, suscritos y ratificados por Venezuela, tienen jerarquía constitucional y prevalecen en el orden interno…”.  Es en ese sentido que el envío y recepción de la ayuda humanitaria calza perfectamente, según lo contemplado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Artículo 22): “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional (destacado por mí), habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”. Es éste el derecho humano que se nos conculca al impedir, como hasta ahora por el régimen despótico y usurpador, el ingreso de esta ayuda. 

El constante atropello de los ciudadanos venezolanos por parte de la camarilla que ha dirigido hasta ahora el Estado debe paralizarse siguiendo los excelentes cambios propuestos por la Asamblea Nacional y Juan Guaidó, como presidente de ella y presidente encargado de la República, guiadores de esta rebelión en marcha. Es así como deben volver a garantizarse no sólo la dignidad truncada a la población, el libre desarrollo de la personalidad de los individuos, los bienes y servicios de calidad, la alimentación, la obligación del Estado para con la salud de los habitantes, la seguridad social, que ha sido bloqueada de manera abrupta y criminal; el desarrollo humano integral, la seguridad alimentaria, la protección de las familias, ésa de las más quebrantadas instituciones sociales hoy en día; la estabilidad económica, que nos transforme en una nación menos vulnerable. Todos estos elementos están contemplados en la Constitución, y, tal como se sufre a diario, han sido, adrede, pisoteados por la dictadura para doblegar a los ciudadanos a su antojo, humillándonos, en el malsano pensamiento político de que así, reducidos, estaríamos, permanentemente, hasta el fin de los tiempos, prosternados a su poder, a su libre albedrío, como inútiles marionetas, desvaídas, desechas. No contaban con el 350 constitucional en su aplicación y con el espíritu rebelde que nos acompaña en los genes desde la misma fundación del país. 

La ayuda llegará a revitalizarnos como sociedad. Volveremos a cifrar nuestro futuro en las bases sólidas del Estado, tal y como lo contempla la Constitución, fundamentalmente en dos procesos: el trabajo y la educación. Esos que la satrapía aplastó con el propósito canalla de exterminar al propio Estado para convertir a sus ciudadanos en mendicantes. 

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