Guaidó, ¿el enmantillado?
Escrito por Pablo Aure | @pabloaure   
Lunes, 21 de Enero de 2019 05:08

altEn este momento y vista la masiva asistencia a los cabildos abiertos convocados por la Asamblea Nacional, está demás decir que el apoyo popular que en pocos días ha capitalizado Juan Guaidó

es aplastante pero no sorprendente, y voy a explicar por qué: 

Desde tiempos de Hugo Chávez, la oposición al régimen ha sido inmensamente superior a los que lo apoyan. La llamada “polarización” terminó hace años. Ahora hay un país unido contra un régimen del mal y a ese país solo lo mueve una cosa: salir de la dictadura, recuperar la democracia y con ella, la posibilidad real de elegir a sus autoridades votando por quien se quiere y no por quien se debe. Se ha instalado una nueva conciencia colectiva que está dispuesta a asumir riesgos para lograr ese objetivo pero a cambio exige claridad, honestidad, firmeza y cero conductas que generen o recuerden traiciones pasadas. Dicho esto, la sociedad motivada responde en las calles y en los escenarios que sean necesarios cuando tiene frente a si, la posibilidad real de cambiar al régimen. En dos palabras, la gente solo se integrará a aquellas rutas que tengan opción real de cumplir ese objetivo como la que hoy nos convoca y que puede finalmente desalojar al dictador y sus secuaces. 

La voz de la experiencia

Sin embargo, sería un error no escuchar la voz de la experiencia. Existe mucha expectativa sobre lo que pueda ocurrir este 23 de enero, fecha escogida para celebrar una gran concentración en Caracas y en todos los estados del país. La perspectiva señalada desde la Asamblea Nacional al inicio de este nuevo año de sesiones el día 5 de enero, comenzó a generar un clima esperanzador. 

Es necesario recordar que también un cinco (5) de enero pero del 2016, cuando Henry Ramos asumió la presidencia de la AN, con aquel discurso en que anunciaba que en los próximos seis meses encontrarían la fórmula para salir del régimen y que, junto al desalojo de los símbolos del chavismo del Palacio legislativo, desataron una efervescencia que llenó de esperanza al pueblo venezolano. Es innegable que la gente se emocionó hasta que aquella infeliz frase de “doblarnos para no partirnos” nos devolvió a una realidad que nos despojó de una mayoría que ya en sus primeros días de vida de la AN había sido desperdiciada injustificadamente por los más “avezados políticos del país”.

Y así pasamos el año escuchando discursos de Ramos Allup por todo el país cual candidato presidencial en campaña, manteniendo en alto la expectativa hacia la Asamblea Nacional con un discurso incendiario que en más de una oportunidad y refiriéndose a la FAN gritaba “los gorilas a sus cuarteles”, “este es un problema político y los políticos lo vamos a resolver”.  

Ante la sola retórica y en ausencia de las acciones prometidas, es la propia sociedad civil la que empuja las movilizaciones de calle en medio de los intentos de la dirigencia por capitalizarlas, hasta que el 1 de septiembre de ese año, una fecha de inmensa expectativa por la tan anunciada toma de Caracas, los asistentes que acudieron a la cita luego de horas de discursos vacíos, fueron despachados a sus casas a las 2 de la tarde porque, había sido la hora pactada por los convocantes con el oficialismo para la protesta, sin haber logrado avanzar ni un paso en el camino hacia el tan ansiado cambio de régimen.  

Igual ocurrió con la famosa ley de Amnistía prometida durante la campaña electoral y que gracias nuevamente a la presión de los ciudadanos y algunos medios de comunicación, logró en diciembre de ese 2016 llegar a su primera discusión, de donde nunca pasó. Una ley que ahora, es aprobada en medio de la urgencia de los hechos que se sobrevinieron luego del término de la presidencia de Maduro.

Así llegamos al 2017, año en que le correspondió a Julio Borges ejercer la presidencia de la AN en medio de la presión que por todos los medios disponibles ejercía la ciudadanía. Comenzaron a tomarse algunas decisiones anunciadas en los meses previos a la elección parlamentaria, como ocurrió el 9 de enero cuando se declaró a Nicolás Maduro en abandonado del cargo, hecho que fue respondido por el TSJ del régimen con el intento de disolver la AN y tomar para sí las atribuciones del Poder Legislativo, secuencia que suscita las intensas protestas de abril y mayo de ese año, en las que más de un centenar de jóvenes perdieron la vida. En un afán por controlar las acciones ciudadanas, es la misma AN la que diseña y convoca el plebiscito del 16 de Julio con los resultados por todos conocidos. De todo este proceso deriva el nombramiento de los magistrados del TSJ que, por cierto, tuvieron que huir para evitar ser encarcelados, y desde el exilio empezaron a sesionar y dictar sentencias. Pudiéramos decir que, durante el período de Borges y por qué no decirlo, muy a regañadientes, se construyó el marco jurídico para lo que vendría después. El desconocimiento de la Asamblea Nacional Constituyente del régimen, el fraude electoral reconocido por Smartmatic, nos va llevando al 2018 año en que ejerce la presidencia de la AN, Omar Barbosa, representante de UNT. Quizá fue esta presidencia, la que menos expectativas generó, aunque durante ese tiempo hubo importantes decisiones del TSJ en el exilio que fueron acatadas por el Poder legislativo, una vez más, por la presión ciudadana. La declaratoria con lugar del antejuicio de méritos contra Maduro y luego la sentencia condenatoria por delitos de corrupción, nuevamente conllevaba la falta absoluta del presidente de la república.

De todo esto, y antes de seguir el análisis, es fundamental no perder de vista el episodio del 1 de septiembre de 2016. 

 

Guaidó manía

Llegamos entonces al 5 de enero del 2019, emergió un joven poco conocido, de nombre Juan Guaidó, que ha resultado una especie de enviado de los Dioses, y está logrando capitalizar y canalizar un furor nunca visto. Desde luego, lo que vemos hoy no es otra cosa que la desesperación de un país por acabar con una tiranía que está matando de hambre a sus ciudadanos ante una coyuntura que convierte este momento en una verdadera oportunidad para salir de este régimen de oprobio y maldad. 

En efecto, coincidió la asunción del Dip. Juan Guaidó a la presidencia de la AN con la finalización del período presidencial establecido en la Constitución y con el desconocimiento sin precedente en la historia, de la comunidad internacional hacia la figura de Maduro como presidente de Venezuela.  A ello sumamos el reconocimiento del TSJ en el exilio y sus actuaciones, la crisis económica, el triunfo de Iván Duque en Colombia y el de Jair Bolsonaro en Brasil, que entre otras, hacen determinante que el desenlace pudiera darse de un momento a otro y en tal sentido, siendo Juan Guaidó a quien le correspondió estar en el lugar y en el momento indicado, es el responsable de llevar la batuta de las acciones que correspondan y que el país y el mundo esperan. 

Creo que, si en algo coincidimos la inmensa mayoría de los venezolanos es en confiar que, en esta ocasión, no debe primar la presión de los partidos políticos que, teniendo la oportunidad, en su momento no hicieron lo que la historia exigía y la ley respaldaba. Que quien, por acuerdos preestablecidos hoy dirige la AN, recuerde que desde el cargo que ostenta, su militancia obligada primero es con el país y después con su partido. Cada paso que dé en la dirección correcta, será acompañado y apoyado por la inmensa mayoría de los venezolanos.

Es en estos momentos cuando las opiniones se dividen entre el vacío o la usurpación y la forma de subsanarlos, hay un hecho incontrovertible y es que Maduro está en Miraflores y un grupo de militares lo respaldan.  Y el ¿qué hacer? es la duda que esperamos despejar todos este 23 de Enero. 

 

El uso de la fuerza

Maduro se mantiene en Miraflores por la fuerza, en consecuencia, es la fuerza la que determinará su salida. 

Pienso que el 23 de enero será muy importante para demostrar la fuerza de nuestra determinación, no tengo dudas que seremos millones de venezolanos que dentro y fuera de Venezuela gritaremos ¡fuera Maduro! 

No sé con qué respuesta nos esté esperando el régimen, porque su silencio es sospechoso. Lo que sí sé es que en el ambiente se percibe un clima que nos da la sensación de que algo grande va a suceder. No será un solo hombre quien nos dé la libertad, sino la decidida acción de quienes se han quedado en el país para conquistarla. 

Cuando muchos pensaban que el venezolano se había resignado vivir bajo este yugo opresor, la comunidad internacional nos dijo que no estábamos solos. Pero tal como lo señalé arriba, la construcción de esa fuerza para vencer el mal, pasa por no cometer los errores que hasta ayer cometimos. Que la experiencia no permita que este 23 de enero regresemos a nuestras casas sin el sabor de la victoria. Que regresemos a casa con la convicción de que cada paso que damos acorta los días que le quedan a esta tiranía.

Para finalizar necesario tener presente que si a alguien le debemos el florecimiento de nuestra esperanza libertaria es a don Luis Almagro, quien se ha convertido en nuestra voz ante el mundo y no ha cejado ni un solo instante en denunciar lo que ocurre en Venezuela y en procurar el restablecimiento del orden constitucional en nuestro país.

              

 


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