Una agenda para el desarrollo nacional
Escrito por Luis Alberto Buttó | @luisbutto3   
Lunes, 07 de Enero de 2019 05:36

altLa sociedad venezolana reclama a gritos la formulación de un nuevo modelo de acumulación y desarrollo donde el conocimiento se reconozca, sin ambages de ningún tipo, como la principal fuerza productiva.

Nuevo modelo donde las posibilidades de crecimiento económico del país se vinculen con sus capacidades reales para competir en el marco de los esquemas planteados por el contexto mundial; lo que equivale a decir, conquista y penetración de nichos de mercado vía el aprovechamiento de ventajas comparativas y la creación de ventajas competitivas, sintetizadas estas últimas en la agregación de valor en los distintos eslabones de las cadenas de producción, distribución y comercialización. En este sentido, es tarea impostergable de los sectores pensantes del país formular una agenda de trabajo, agenda para el desarrollo nacional, que sincronice cabalmente las demandas de cambio planteadas fronteras adentro con el proceso de transformación experimentado a escala planetaria.

El punto de partida para la formulación de dicha agenda es su definición conceptual y metodológica; vale decir, qué se entiende como agenda para el desarrollo y cuáles son las reglas básicas a ser consideradas en su construcción. En cuanto a lo primero, es perentorio recordar que en el lenguaje propio de la planificación, el concepto agenda, visto desde una concepción macro, resume los problemas prioritarios a ser abordados por quien decide, a partir de las definiciones contenidas en la política que al respecto se desarrolle, a fin de ordenar y racionalizar las acciones a emprender, en función de una determinada visión del mundo que se asume como dominante en el contexto social. En otras palabras, la agenda pretende aportar lineamientos que preceden y presiden la acción, al escoger los factores críticos sobre los que se piensa intervenir para encontrar la solución a un determinado problema, a la vez de identificar los medios con los que se adelantará dicha intervención, a la espera de producir el cambio positivo de la situación inicial.

En cuanto a lo segundo, la agenda debe reunir un mínimo de legitimidad, oportunidad, liderazgo, viabilidad, originalidad y flexibilidad. La legitimidad viene dada porquelosproblemas seleccionados sean sentidos como tales por el colectivo, en aras de reunir los consensos y compromisos necesarios en torno a su ejecución. Lo básico es reconocer lo relevante desde el punto de vista social y evitar la entronización de agendas signadas por la búsqueda de soluciones efectistas o burdamente justificadas al contrabandear apetencias individuales (el brillo personal) o corporativas como necesidades colectivas.

La oportunidad se refiere a la sintonía de la agenda con el momento histórico en que se formula. Cuando se produce el desfase entre lo que el decisor pretende sea la realidad y la propia dinámica de ésta, se despilfarran recursos y se obtienen resultados e impactos distintos, por no decir contrarios, a los que inicialmente se aspiraba alcanzar.  Así, por ejemplo, en un mundo de múltiples interrelaciones como el actual, marcado por la competencia con base en los productos intangibles de la inteligencia, es una tontería sostener postulados económicos superados, como los establecidos por el marxismo o la simple redistribución de la renta petrolera.

El liderazgo llamado a impulsar y garantizar la puesta en marcha de dicha agenda debe ser competente en tal sentido, lo cual se concreta en el hecho de que tenga posibilidad real de influir sobre las áreas de trabajo seleccionadas y posea conocimiento profundo y actualizado del tema abordado. La viabilidad resulta de la combinación de legitimidad con oportunidad. Se traduce en que la sociedad sienta como necesario proveer los recursos materiales y humanos indispensables para que los ítems de la agenda se materialicen con prontitud y exactitud.

La agenda será original si al momento de abordar los problemas seleccionados se exploran esquemas novedosos y/o se inventan o descubren vías emergentes para su tratamiento.  Aquí el punto es entender que la auténtica originalidad se alcanza cuando se utiliza al pasado como referencia obligada, cosa de evitar, en tanto el conocimiento de la situación lo determine, repetir esquemas que con anterioridad demostraron ineficacia o inconveniencia. Para ser flexible, en sí misma, la agenda debe prever la posibilidad de aplicar correctivos fáciles y expeditos, cuando la propia dinámica social así lo considere necesario.

Visto lo anterior, la pregunta obligada es si, en Venezuela, de cara al momento en que se produzca la superación del fracasado esquema revolucionario, los equipos multidisciplinarios que pueden y deben formular esta agenda para el desarrollo nacional ya se han conformado, están lo suficientemente activos y/o están desarrollando la tarea como corresponde. De lo contrario, en este aspecto, como en muchos otros de la vida nacional, al producirse el cambio de gobierno esperado, se repetirá la nefasta práctica de imponer los puntos de vista de reducidos círculos de influencia o poder. Práctica que, tal como la historia lo ha demostrado, deja de lado la opinión de los que tienen mucho y valedero por decir y niega la posibilidad de que, por la vía de los acuerdos, se asuman compromisos que garanticen el feliz término de los proyectos.

Otra discusión más para darse, so pena de que el país continúe sin embarcarse en el tren del progreso.

@luisbutto3


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