Pulimento desesperado de la imagen militar en Venezuela
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Sábado, 05 de Enero de 2019 00:00

altSi alguna imagen ha sufrido degradación reciente en nuestro país es la del militar.

Basta constatar esto con la desfiguración continua en el lenguaje y las representaciones gráficas, fotos y caricaturas, de los militares en el uso frecuente de las comunicaciones populares.

Las chanzas para con los integrantes de la "milicia" y sus uniformes, como prestados, visiblemente desajustados, sin la prestancia habitual de las fuerzas armadas en el mundo, son muestra palpable a diario de ello. Hasta canciones tratan el "pa los frescos" del matraqueo en las alcabalas, así como deslucen las acciones de efectivos de las fuerzas en armas pidiendo-exigiendo en los comercios o siendo agentes o sujetos de actos delictivos. Como reseñan algunas mediciones de opinión, la imagen general de los oficialmente armados en el país ha sufrido una caída libre en la valoración colectiva. 

Abunda en lo anterior el hecho de las ocupaciones de elementos de la fuerza armada en labores tradicionalmente civiles, esa especie de invasión de espacios y actividades,medio domésticas, en las que no era frecuente observar la presencia de estos sujetos armados o uniformados: puertas e interiores de liceos y escuelas, espacios públicos como el metro, limpiando calles, o cortando cabellos, o despachando en batiburrillos de la escasa comida, general y malamente importada. Esto más allá de la ocupación en ministerios, arco minero, PDVSA, mucho menos visible para el común desinformado. Para ese desinformado común tampoco existen, por invisibles, la casi mitad de presos políticos provenientes del mundo militar, más allá de lo ruidosa que pudo haber sido en su momento, más que ahora, la detención, así como el maltrato físico-psicológico para con el capitán Juan Carlos Caparicuano, ni la injusta acción del juzgamiento de presos políticos civiles por tribunales militares.

Más se devaluó la imagen militar ante la repercusión nacional e internacional que obtuvo la "actuación" de los efectivos el día del todavía misterioso episodio de los drones despadrinados que circularon y crearon alarma en un evento público donde relucía, por carencia, la presencia del presidente de la república en deleznable ejercicio. Apreciar una y otra vez el video del desperdigamiento de los cuidadores del presidente y demás figuras políticas y militares fue objeto de burla hasta por el mandatario estadounidense. Aquello de los adornos esféricos, no precisamente de arbolitos navideños, cunde como imagen popular, por ingratas recordaciones de arrebatos, de apropiaciones desproporcionadas, nimias ante la actual, del Estado.

Otro efecto negativo, indiscutible en esa devaluación imaginaria y real, ha sido el acoplamiento y acompasamiento político de los altos jerarcas militares para con este proyecto político instaurado en Miraflores. Porque con vesania manifiesta en su continua protección y defensa en palabras, acciones y vestimenta, se han difuminado y embarrado con el poder en ejercicio sin casi crítica alguna, inaceptable además por parte del régimen, que les permita desmarcarse un ápice siquiera de la debacle política, económica y social en la que ha embarrancado la tiranía a todos en el país, expulsando a millones de personas en busca de un porvenir y de un presente que su terruño, así, militarmente tomado, les niega inclemente.

Un subidón reciente y pasajero en su imagen como militares lo constituyó, para la fuerza armada en general, la respuesta efímera, momentánea, así como poco constante, ante las incursiones de barcos extranjeros en nuestras aguas cercanas al Esequivo tuyo, mío, nuestro. Avivó la conciencia nacionalista sin mayor profundidad ni asidero en una planificación real y contundente, política y militar, ante la pérdida de terreno en la reclamación histórica de ese territorio.

El pulimento de la imagen militar, al menos en la ciudad de Caracas, con muy posibles repercusiones en otras regiones, ha estado fundamentado casi exclusivamente en la recuperación de espacios; no más, porque construir le resulta imposible al régimen con tanta carencia, luego de la distribución graciosa de las rentas en elementos inútiles para la sociedad. Este régimen no construye ni crea, lo sabemos: expropia y se apropia. Es así como el Paseo Los Próceres luce limpio, remozado, iluminado, buscando hacer brillar su significación histórico-militar; ideado por el único sujeto y objeto de magnicidio concretado en Venezuela: Carlos Delgado Chalbaud, supuestamente con la intención de unificar, en proyecto, la vida militar con la civil, en un paseo que llegaría desde el enclave militar hasta la Ciudad Universitaria, y ejecutado por el otro dictador, el anterior: Marcos Pérez Jiménez. Quien fuera también el gestor del Hotel Humboldt, otra de las edificaciones de la época reconquistada para pulir la imagen de aquel militar y hacer sentir esa recompensa ideológica en la figura de los actuales, además de proyectar asidero, permanencia, opulencia, dominio y control en la colectividad nacional.

¿Estamos en presencia de un replanteamiento del proyecto discursivo de la mejora del espacio físico, así sea limpiándolo, como demostración de la fuerza y la permanencia, del dominio, del mundo militar contra el civil? ¿Es éste un pulimento ingenuo?

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