De una tradición de luchas
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 17 de Diciembre de 2018 00:00

altEn sus capítulos iniciales, la dictadura enmascarada lidió con los medios de comunicación que despertaban de una breve luna de miel. 

Cada vez más graves las presiones y las tensiones, porque la realidad debía ocultarse a cualquier precio, empleó distintas herramientas para desconocer las libertades de la prensa.

Por entonces, no confiscó edición alguna de un diario o semanario que lo considerase adverso, quizá porque estaban en juego las habilidades políticas de sus propietarios y ejecutivos, o quizá porque el régimen temía repetir las viejas escenas de la abusiva ocupación o allanamiento policial de los talleres. Sin embargo, estimulaba a los llamados círculos bolivarianos para aterrorizar las sedes de periódicos y emisoras televisivas como radiales, con una olímpica impunidad, añadida la amenaza de un juicio popular prodigada por un tal Cansino, si la memoria no falla.

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So pretexto del vencimiento de las concesiones otorgadas por el Estado, Chávez Frías cerró Radio Caracas TV y numerosas radios, dejando que se ahogara – por ejemplo – la insigne Emisora Cultural de Caracas, a favor de la partidización del dial. O se envalentonó con el monopolio del papel periódico a través del fiasco llamado “Alfredo Maneiro” para administrarlo con una macabra lentitud, hasta negar el  suministro a los medios independientes: recuerdo que al anunciarse, años atrás, la importación de seis mil toneladas de bobinas de papel, no sentimos tan generalizada la preocupación que después se convirtió en angustia.

Algo extraño, ni siquiera con el barril de petróleo a $ 100, la dictadura probó con la adquisición de muchos de esos medios, pretendiendo competirles con otros evidentemente sufragados por nuestros impuestos, distribuidos hasta gratuitamente. Fue muy después que les puso la mano a través de personas o empresas interpuestas y, por muy tradicionales que fuesen, simplemente los compraron, como El Universal y toda la Cadena Capriles, sin que el mismísimo Eleazar Díaz Rangel sepa quién o quiénes son los dueños de Últimas Noticias, según dijo, hasta llegar a Globovisión. 

La sola negativa de venta de El Nacional, cuya edición física ha interrumpido recientemente, abona a la autoridad moral de un periódico que se mantendrá en pie, así fuere por la vía de la telefonía celular y sus distintas aplicaciones.  Prolongado, sistemático e indecible ataque, hay una tradición de luchas del periodismo venezolano que se actualiza.

Reproducción: El Nacional, Caracas, 26/10/1960.


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