Cuando el poder dictatorial agiganta sus fauces
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Viernes, 30 de Noviembre de 2018 06:48

altLa situación se nos plantea, a diario, harto espinosa, peliaguda. El poder, resentido en sus fuerzas totalitarias, debido a una multiplicidad de factores:

la presión internacional, la carencia de una imagen prístina que alguna vez lo acompañó, cuando y cuanto pudieron disfrazar sus falencias democráticas ante el mundo; debido también al desplazamiento de sus líderes aliados en Argentina, Colombia, Brasil y hasta en el protectorado que le significó Obama en los EEUU. Pero, sobre todo, por las carencias económicas inocultables en este desmadre del hambre y la necesidad de todo en el territorio nacional. Por los lanzazos de las limitaciones financieras globales. El hegemónico poder de Nicolás Maduro y su combo se tambalea en este fin de año. No halla asidero. Ni lo tiene. Por ello arremete contra todo, a ciegas, prácticamente. 

Sólo le queda la violencia como salida. Esa violencia que algunos esquivan, ven prolongar al infinito, ingenuamente, pensando tal vez que hundiendo las cabezas, cual avestruces entretenidos en el ocultamiento, al sacarlas habrá pasado el vendaval y todo será coser y cantar ante las luminarias divinas que habitan los cielos protectores. Tiempos perfectos de dioses perfectos, desvaídos ante la criminalidad dictatorial y su entretejida trama. La violencia no vendrá. Está instalada hace mucho y se profundiza; hace valedero y más uno de los lemas de Ghandhi: “La violencia es el miedo a los ideales de los demás”. ¿O es que no se han dado cuenta, miopes y aislados de la inocultable realidad? Con el poder armado, o buena parte de él a su favor, el régimen sabe cuál es la fortaleza que le queda: la de los malandros, los asesinos, los colectivos y algunas “fuerzas del orden público”, “leales”; también, es verdad, algunas fuerzas militares, aunque apocadas y desapreciadas por la comunidad nacional, algunos grupos terroristas y guerrilleros, esos que ahora dicen: “sin leal no hay lopa”. La carencia acaba pronto hasta con la lealtad.

El agigantamiento de la violencia se percibe en cada actuación, en cada esquina, en el lenguaje de Maduro y sus acólitos. Allí están, por ejemplo, las prisiones de líderes políticos, como el diputado Juan Requesens, o el más reciente de un  sindicalista, como Rubén González, al encaminarse a su casa luego de una protesta; violencia es la flagrante y permanente violación de la autonomía universitaria, ¿o no es concitar violencia la provocación ocurrida en la Universidad de Carabobo? Detienen a un presidente de la Federación de Estudiantes, lo pasan a tribunales, así como al director del comedor de esa universidad, llevan armas para detener lo indetenible: la victoria opositora en los comicios de los alumnos, su concreción ejecutiva. Usan su brazo jurídico: el infame Tribunal Supremo de Justicia, para imponer a la suya, a la candidata pro-gobierno; interfieren cualquier desplazamiento que signifique abrir el dique a la protesta y así no dejan avanzar las marchas. Persiguen, apresan, aterrorizan, vulneran torturan y matan. ¿Y no queremos violencia? Esta instaurada de lo más perceptible, hace años, implacable.

Tal y como la dictadura de Pérez Jiménez, pero con mucha más saña, crueldad e inhumanidad, este régimen despótico desprecia a los partidos políticos: Voluntad Popular ha sido perseguido hasta el intento de diezmarlo: Leopoldo López sigue tras las rejas, aunque algunos lo olviden de tan callado; Freddy Guevara continúa en su asilo silencioso en la embajada chilena; a Primero Justicia le espantaron algunos de sus principales motores, hasta hacerlos correr por el mundo y a Alianza un Bravo Pueblo también le encarcelaron a su mentor Antonio Ledezma hasta que se fugó. 

No quieren cabeza visible. Igual pasa con el desprecio a las luchas y derechos sindicales y gremiales, acabaron con el valor del trabajo, rompieron sus propias convenciones colectivas y trazaron un rasero según el cual da lo mismo en cuanto a remuneración alguien que llega el primer día a vender refrescos en una panadería que un doctor con 25 años de experiencia.  ¿Todo esto no es alentar la violencia? ¿Son acaso petalitos de rosa, con rocío, caídos como maná del cielo? Por un lado el régimen va apagando candelitas y por otro azuza para demostrar que es capaz de apagarlas. Mientras más se le cierra la brecha internacional y económica, más agrede para demostrar sus capacidades de administración de la violencia, más aterroriza para acallar. Iluso quien piense que está entregado, derrotado o listo y que el 10 de enero finiquita un proceso para dar cabida elegante y sutil a otro indetenible arribo democrático. Lamentablemente parece faltar mucho para que esto acabe, aunque sin duda, acabará. No cabe en mí la pesadumbre ideática de la infinitud de la canallada ni de los canallas. 

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla   

 


blog comments powered by Disqus
 
OpinionyNoticias.com no se hace responsable por las aseveraciones que realicen nuestros columnistas en los artículos de opinión.
Estos conceptos son de la exclusiva responsabilidad del autor.


Videos



opiniónynoticias.com