De un laboratorio político
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 19 de Noviembre de 2018 00:00

altSemana y tanta, atrás, tuvimos la honra de presentar la segunda edición de un libro coordinado por los doctores Luis Alberto Buttó y José Alberto Olivar (“El Estado Cuartel en Venezuela”),

compartido el acto con la presentación que hizo el doctor Benjamín Sharifker de la primera edición de “Teoría y praxis de las relaciones civiles – militares” del primero de los mencionados.  Promovido por su valiente Asociación de Profesores, la Universidad Simón Bolívar abrió sus puertas a un evento  excepcional, no sólo por los títulos  acuñados  por  la Universidad Metropolitana, en un país que ha hecho de la tinta y de los bytes de  profundidad, toda una rareza,  sino por el cordial intercambio de ideas que inmediatamente suscitó. 

Nada casual, el enfoque de la institución castrense que hemos empleado en las lides parlamentarias de los últimos años, es tributario de la perspectiva de análisis que se hizo escuela gracia al  esfuerzo del meritorísimo  Domingo Irwin,  a quien no tuvimos la fortuna de conocer personalmente. Formulada la categoría, décadas muy atrás, por Harold Laswell, ha soportado la dura prueba de las realidades, rompiendo con la visión convencional que heredamos de las Fuerzas Armadas, aunque quedan varias incógnitas que despejar decididamente contaminadas por el Estado Criminal que hemos trepado.

En nuestras modestas palabras, llamamos la atención en torno a la circunstancia de una Venezuela que se entiende como una suerte de laboratorio para la consideración del problema, en el curso demasiado prolongado de los sucesos ya sabidos y de los que están por saberse. Digamos, todo un campo de estudio que, igualmente,  despierta el interés de los detectives salvajes por la suerte de un parlamento que desea y urge de serlo, en medio de esta atípica dictadura, o de las consecuencias  del consumo masivo  de los medicamentos vencidos que se ofrecen como toda una novedad para las transnacionales farmacéuticas. 

A propósito de una posterior y distinta actividad académica en la materia, el conductor de uno de los  programas de una televisora oficial  (¿cuál no la es?), cuya audiencia tiene más curiosidad por la filtración de los informes de (contra) inteligencia que por sus enfermizas arengas, osó referirse a los doctores Buttó, Olivar y Ricardo Sucre, convirtiéndolos en reos del antojadizo delito de propagar una fórmula pinochetista.  Obviamente, al ignorar la discusión que los científicos sociales cultivan por años,   el comentarista la reduce a una falsa alarma, revestida de la acostumbrada consigna,  hablando más de una díscola ocurrencia que del auxilio de los servicios policiales del Estado que tanto lo (s)  envanece, pues,  valga el ejemplo, en otra actividad de aula que compartimos, con motivo del 60º aniversario del Pacto de Puntofijo,  el profesor Buttó insistió en soluciones a la actual solución planteada que no requieren de una intervención militar, recordando lo acaecido en 1948.

Sugeridos los libros en cuestión, nada sabemos de textos más o menos equivalentes que los contradigan en la órbita del poder establecido.  La alianza cívico-militar, como ayer fue la obrero-campesina en el cántico de rigor,  no genera reflexión alguna: sólo propaganda para un hecho incontrovertible de fuerza.


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