El futuro
Escrito por Nicomedes Febres Luces   
Viernes, 16 de Noviembre de 2018 06:28

altCada día se hace más difícil escribir esta columna porque el gobierno anda en su intento de crear una falsa realidad paralela y al margen de la realidad real y verdadera.

Ante el hambre de la gente habla del petro, ante la inseguridad habla de los lingoticos de oro que puede comprar y guardar el pobre en el banco central, o ante la hiperinflación promueve el culto de la pobre Juana la Avanzadora, que no tiene nada que ver con esta loquera.

Por su lado, buena parte de la gente normal vive en una queja natural y lógica por las malas condiciones de vida, como los vecinos de la calle Las Acacias de La Florida que no tienen electricidad desde hace diez días porque se averió un transformador y corpoelec les informa que no tiene dinero para comprarlo y cuyo valor son diez mil dólares y los vecinos no han podido pagarlo.

Perdieron la comida que tenían en sus refrigeradores y los ancianos deben subir los botellones de agua por las escaleras y otros ni lo pueden hacer. Está un militar al frente de corpoelec y ni siquiera ha mandado un camión de agua y unos soldados de ayuda al sitio. Mientras los soldados se rascan la entrepierna en los cuarteles porque para ellos no hay emergencia humanitaria cuando hasta los pobres ahorran en oro.

Hace 20 años la avenida Las Acacias era una de las más bellas y arboladas de Caracas, con amplias aceras y bellos apartamentos de lujo. Hoy pululan por esas aceras pobres prostitutas y transformistas de mala muerte porque instalaron unos hotelitos de raticos cerca y además muchos mendigos hurgan en la basura.

Pero quiero hablar del futuro porque ninguno de ustedes va para jóvenes, pero es necesario hablar de eso porque de esta tragedia nacional del socialismo vamos a salir pronto, pero la realidad ulterior no será fácil durante la reconstrucción de Venezuela que quedará empobrecida en extremo, porque estos crápulas hipotecaron el futuro para robárselo también. Dudo que la gente joven que se fue para no padecer esta desgracia regrese al país y ayude a su reconstrucción. Mientras más tiempo fuera tengan más les costará abandonar una vida cómoda y con frecuencia grata allá para enfrentar estas dificultades que vendrán. Allá establecieron lazos, compromisos y tendrán hijos adaptados a su nueva realidad. Quizás regresen los que están pasando trabajo afuera, en una sociedad muy competitiva. Los que les vaya muy bien difícilmente regresarán.

Me perdonan, pero esto hay que decirlo sin anestesia porque no hay forma mejor. Por eso sugiero que mediten hacia el futuro porque todos los escenarios deben ser mínimamente pensados y nadie, que yo sepa va para joven. Piensen en su cotidianidad, en su forma de existencia, y si descartaron la fantasía del regreso de sus hijos, entonces piensen en nuevas formas de convivencia entre sus amigos. Creen clubes de intereses, viviendas compartidas, servicios comunes y no se queden viendo al Ávila esperando soluciones que no vendrán.

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El Ávila seguirá allí gracias a Dios para las futuras generaciones y me perdonan tanto doloroso realismo producto de estas madrugadas insomnes. Pero como decía mi padre: del ahogado, aunque sea el sombrero, o porque es mejor vivir de realidad que morir de desencanto. Ahora solo la Cultura salva porque uno tiene la edad que tiene su espíritu. Y Ruego a Dios por estar equivocado.

 

 


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