El agudo problema laboral en el país y las universidades
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Viernes, 14 de Septiembre de 2018 00:00

altCon mucho autobombo y sin platillos, el régimen implanta su nuevo “ordenamiento” monetario, así como un atiborrado, incomprensible aún para muchos,

plan económico supuestamente salvador de las debilidades estructurales en esa materia, que nos han llevado a la situación de hiperinflación sostenida, obligando así a todos los trabajadores y familias venezolanas a buscar capear, con hambre, un temporal impuesto por la tiranía desde el sustento de sus veleidades ideológicas.

Después de dilapidar una impronunciable e inimaginable cifra en dólares de la fortuna que acompañó al país en sus épocas de bonanzas y bienandanzas petroleras; luego de suscribir y cumplir, al extremo y más, acuerdos de regalo de nuestro petróleo a cuanta islita caribeña necesitaba para los votos en encuentros internacionales decisivos, nos busca obligar a aceptar la miseria como retribución por el trabajo diario.

Para ello, una vez más arrastra en las ciénagas del desconocimiento el texto constitucional de la “refundación” de la nación. El atropello dictatorial a los Derechos Humanos y los laborales no tiene parangón alguno en nuestra historia, profundiza los hallazgos en materia de violaciones de cuanta dictadura anterior hubo. Hace lucir como imberbes de lloriqueo y moco a Gómez o Pérez Jiménez. 

El extinto Chávez colocó, en el preámbulo de la Constitución en la que sustentó su oprobioso tránsito por el poder nacional, como fundamentales para alcanzar los fines del Estado dos factores base de todo cuerpo legal respetado: la educación y el trabajo. Pues ambos han resultado pisoteados y escarnecidos después de estos años del tránsito del PSUV y sus macabros representantes en tareas gubernativas. 

El artículo 87 de la Constitución plantea para el ciudadano la: “… ocupación productiva, que le proporcione una existencia digna y decorosa”. El 89 supone que: “La ley dispondrá lo necesario para mejorar las condiciones materiales, morales e intelectuales de los trabajadores…”.  En tal sentido llama a varios apartes: 1.- Intangibilidad y progresividad de los derechos y beneficios laborales; 4.- “Toda medida o acto del patrono o patrona contraria a esta constitución es nulo”. Mientras el artículo 91 figura que debe haber un salario suficiente que permita vivir con dignidad y cubrir para sí (el trabajador) y su familia las necesidades básicas materiales, sociales e intelectuales. 

Todo lo expuesto así en la Constitución Nacional venezolana está negado por completo. Ni la educación ni el trabajo sirven para cumplir los fines del Estado, ni se garantiza el derecho humano a la alimentación, vestimenta, salud y recreación; por tanto: “no hay una existencia digna y decorosa” al no garantizarse la intangibilidad y progresividad en los derechos laborales. Han tocado y estropeado, vilmente, los sueldos, la protección social, alimentaria y especialmente la salud de los trabajadores hasta hacerla retroceder a riesgos impensables: ya no podemos acudir a un hospital con garantía ni a una clínica con seguridad alguna, por ejemplo. Las cajas de ahorro perdieron sus funciones y objetivos, así como las prestaciones sociales. Por lo tanto, no ha habido ninguna progresión en los derechos laborales. La regresión ha sido lesiva a profundidad no calculada aún.

No discuten convenciones colectivas sino con sindicatos creados por ellos, violando disposiciones de la Organización Internacional del Trabajo. Así, las imponen a su criterio. Y después de imponerlas, las vulneran como es el caso de la Convención Colectiva Única de Trabajadores Universitarios. La tabla de éste, nuestro sector, debió arrancar de casi 5 salarios mínimos y la parten desde 1. Achatan nuestras escalas desestimulando los ascensos y, por ende, la investigación. Además, en el sueldo base, que es el sueldo no otro, lo que cuenta, porque los bonos son apenas complementos, nos colocan por debajo del índice de pobreza, al cancelar menos de un dólar diario incluso al profesor universitario de más alta escala: titular a dedicación exclusiva (con más de veinte años de experiencia). Todas estas circunstancias resultan intolerables para los universitarios.

La crisis en el país laboral y en el universitario está por explotar y debe hacerlo con más firmeza de la planteada. Hasta doblegarlos en sus creencias demoledoras, hasta que volvamos al trabajo digno y a la remuneración que dé cuenta de la dignidad y la valoración tanto del trabajador como del trabajo. Ambos deben respetarse, por la paz laboral, por la democracia, por la libertad.  

       


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