Del apartheid revolucionario al nefasto viernes rojo
Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio   
Martes, 21 de Agosto de 2018 00:00

altEl discurso nacionalista y neo populista del presidente Nicolás Maduro, nos resulta incoherente y catastrófico, con la aplicación de sus políticas segregacionistas,

las cuales podemos comparar con el denominado apartheid, aquel sistema de segregación racial que practicaron los ingleses y holandeses en Sudáfrica, con fundamento jurídico desde 1948, en perjuicio de la población negra mayoritaria, separando a negros de blancos, régimen que fue impugnado por los gobiernos venezolanos desde 1956, como muy bien lo señala el profesor de la Escuela de Historia de la Universidad de Los Andes, Norbert Molina Medina: “…la presencia activa de Venezuela en el seno de la Organización de las Naciones Unidas y otros foros internacionales se hizo sentir, marcando la impronta a favor de los derechos humanos y la democracia en el mundo, a través de una diplomacia emprendedora negadora de regímenes nefastos como el del apartheiden Sudáfrica.”[1]

La exigencia del carnet de la patria a los venezolanos para adquirir comida, gasolina y pare de contar, es una política indudablemente segregacionista desde un matiz ideológico – político, típico de un régimen autoritario y nefasto, que continua profesando e imponiendo el poder, y así continuar gobernando y fragmentando literalmente la productividad del país. El apartheid  del socialismo del siglo XXI, es un signo más de las políticas deplorables e impopulares de un régimen que se dice democrático y no respeta los derechos humanos, el debido proceso, la libertad de expresión y el libre pensamiento.         

El desacato constante y recurrente del actual gobierno venezolano a la constitución y leyes de la República, evidencia el interés de impedir un cambio en la composición del poder, lo que hace imposible el ejercicio de la autoridad política de las instituciones democráticas. El país necesita consolidar un respaldo en pro de recobrar la democracia, como muy bien lo expresaba, hace 23 años, Nelson Mandela: “La gente se va dando cada vez más cuenta de la necesidad de la solidaridad de todas las fuerzas democráticas sin tener en cuenta su raza, afiliación, creencias religiosas y convicciones ideológicas.”[2]

En Venezuela la inexistencia de institucionalidad, ha hecho desaparecer la democracia. Vivimos tiempos que deberían ser de negociaciones que faciliten un proceso de transición política. Actualmente los líderes del gobierno, nos están conduciendo a un camino ciego, oscuro, del cual salir va ser algo difícil, más no imposible. A paso de vencedores hemos retrocedido en el tiempo al siglo XIX. Nos correspondería ahora un momento de transacción política y no estar retrocediendo al autoritarismo decimonónico de concesiones autárquicas y caudillistas de una Venezuela profunda, a la que estamos arribando con una pobreza generalizada, con una sensación desesperanza y tristeza. Esto no es aceptable, en unos paisajes tan ricos y prósperos como los venezolanos, es intolerante que por el desconocimiento de nuestra geografía económica, los actuales gobernantes no sepan ejecutar los correctivos que necesita el país para su progreso y felicidad.

Cada vez que habla el presidente, en sus alocuciones, los ciudadanos nos estresamos y nos da trastornos de ansiedad. La cadena del pasado 17 de agosto de 2018, la cual pasará a la historia de Venezuela: como el viernes rojo, fue algo sin precedentes, entre la entrada en vigencia del nuevo cono monetario de los denominados bolívares soberanos y la devaluación, junto al incremento exorbitante del salario mínimo, con lo que el aumento de la gasolina (nafta) quedó en un segundo plano. Lo cierto fue que la mayoría de los venezolanos percibimos en carne propia la pérdida extensiva del valor de la moneda, lo que ocasionó un sentir de más empobrecimiento de la sociedad.

Es quimérico e imposible que recuperemos la institucionalidad democrática, pero es bueno traer a la memoria la visión de aquiescencia nacional, para solventar los macro problemas económicos, la enfermedad de la dependencia petrolera en un país donde el gobierno  desmanteló en dos décadas su potencial productivo energético. Rescatar la libertad y acordar públicamente la solución a la crisis económica, así como lograr un equilibrio político, evitaría el ineludible conflicto social. Los anuncios autoritarios de Maduro, son el resultado de decisiones inconsultas, que resaltan la dependencia histórica del país desde el punto de vista económico de la renta petrolera, la cual es controlada por el Estado, lo que incita a un choque en la dinámica interna del poder, y en el monopolio que tiene el presidente y su gabinete ministerial en la implementación de políticas económicas, con respecto al resto de la sociedad.                                            

El actual gobierno venezolano se ha construido bajo una hegemonía con rasgos esencialmente autoritarios, que se enmarcan en la supuesta construcción de una economía socialista, con un uso autónomo de la renta petrolera por parte del presidente, lo que ha generado la quiebra sistemática del sector productivo del país. El anuncio unilateral del incremento a 1800 bolívares soberanos del sueldo mínimo, es una muestra palpable de una errada política económica, que se hizo queriendo recuperar la popularidad simbólica y emotiva del carisma de Hugo Chávez, la cual Maduro no ha tenido y nunca tendrá. Con un precio del barril de petróleo como el actual, y con la baja productividad de PDVSA, el gobierno de Maduro no logrará nunca reducir la inflación, mejorar la economía y acrecentar el bien común de los venezolanos, sino todo lo contrario. Es necesario que recuperemos la democracia y que el presidente entienda que su poder discrecional y arbitrario de los recursos del país, tiene limitaciones institucionales según la constitución y las leyes.

 Notas

[1]Norbert Molina Medina. “¿Por qué vino Mandela a Venezuela?” En: Hernán Lucena Molero (Compilador). Nelson Mandela en Venezuela. Mérida-Venezuela: Universidad de Los Andes, CDCHTA, Centro de Estudios de África y Asia: “José Manuel Briceño Monzillo.” 2015, p.53      

[2]Nelson Mandela. “La gente está destruida”. En: Liberation, octubre 1995. 

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