De un disparate de cuño socialista
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 16 de Julio de 2018 00:01

altConsabido, son diarias y numerosas las protestas ocasionadas por la dictadura a la que le importa un bledo que no haya servicio de electricidad o de agua, por largas horas,

ni que el vapuleado salario impida alimentarse y transportarse adecuadamente. Las desea resignadas y aisladas, restándoles toda naturaleza y trascendencia política.

Naturaleza y trascendencia que obviamente tienen, porque ya – desde hace mucho tiempo – no tratamos de casos excepcionales, el régimen – pues, al fin y al cabo, lo es – estimula y encuentra una ”racionalidad” que le  favorece, aún en la acera opuesta. De un lado, condena la “politización” de los actos pacíficos y espontáneos que tan firmemente lo rechazan, como si fuese una “maldición” la sola opinión de los partidos de la oposición, a favor de un sindicato o gremio.

Y, del otro, cualquier gesto o testimonio de solidaridad proveniente de alguna personalidad opositora, dispara los resortes de los muy bien cultivados prejuicios. Uno de ellos, trastocado en un artificial “lugar común”, sentencia que los políticos solo visitan a la gente en épocas electorales y, como bien nos los observó el poeta Carlos Ochoa, ensayan otro disparate al ocurrir lo contrario. 

Sólo en la última semana, María Corina Machado estuvo en la calle con la protesta de las enfermeras, anduvo personalmente en la sede litoralense de la Universidad Simón Bolívar, empleó el Metro de Caracas y recorrió varias comunidades en el estado Falcón, como acostumbra, fuera de la “temporada comicial”. Surgieron voces capaces de la crítica superficial y mañosa, fueren de dudosa o convincente afiliación opositora, que – faltando poco – desearon burlarse de la mujer que habla algo más que el español, o tiene determinados modales en la mesa, atormentando los Tweeds de personas que han  trillado la academia o ejercido el periodismo.

Ancien régime, la necedad ha llegado a límites increíbles y, al farandulizar la política, esos “críticos de ocasión”, ociosos antes que guerreros del teclado, contribuyen al empeño principal de esta dictadura: evitar que la protesta social desemboque en la lógica e irreprimible protesta política que, más temprano que tarde, llegará para abrir las puertas hacia la transición democrática.  Tienen por expediente, el linchamiento moral, fácil y antojadizo, pero – sin duda – gravitacional: no se entienden sin hablar pendejadas del otro y de los otros.

Fotografía: Santiago Romero (2018).

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