Escenarios del capítulo final
Escrito por Antonio José Monagas | @ajmonagas   
Sábado, 07 de Julio de 2018 05:36

altLa espera como actitud o como acontecimiento político, medido desde la situación de crisis que agobia a Venezuela, deja ver tamaña equivocación.

Pero no sólo conceptual. Tan descomunal equivocación, es factor de serias perturbaciones. Y en política, eso se tiene un alto costo tanto en consecuencias como en implicaciones. Este comentario tiene total cabida si se examina el recorrido que ha marcado el camino ocupado por la oposición democrática venezolana al asumir la espera como condición política y situación social.

Cruzarse de brazos, mientras el tiempo complica el discurrir de los hechos motivados por el odio, el chantaje o la humillación como criterios adoptados por el alto gobierno, es tan perverso como infructuoso o peligroso. La tendencia a permanecer inactivo o a la espera de soluciones arrimadas desde afuera o incitadas por los desmanes de una economía caótica, es simplemente apostar al fracaso. El país político con conciencia democrática y sentido de las libertades y de los derechos humanos, no puede ni mucho menos debe echarse al abandono mientras las enmiendas se presumen que han de llegar de sopetón. O que habrán de caer del Cielo, cual divino maná.

Los venezolanos tienen casi dos décadas aguantando “palo parejo” sin que sus diligencias hayan obtenido las respuestas necesarias o suficientes al grado de la angustia y de dolor que las envuelve. Los problemas no sólo siguen latentes o en el mismo lugar. O quizás, más adentro o más profundo. Tanto así, que algunos problemas se somatizaron hasta que se convirtieron en reparos de otros. Muchos, se institucionalizaron por acciones de un gobierno opulento, engreído y sarcástico cuyas medidas, hechas en socialismo, se pensaron y se activaron a instancia de ideales egoístas. 

Entonces, ¿de qué ha servido ufanarse de consideraciones de tipo cuantitativo si las mismas escasamente le han valido ruido y figuración a quienes se aprovechan de las carencias del otro para potenciar un discurso y planteamientos sin contenido ni tampoco sentido alguno? Y aunque es propio aducir que las respuestas no deben basarse en la violencia, a veces cabe pensar en métodos que estremezcan la realidad mediante actitudes demostrativas de pensamiento constructivo, crítico y democrático. O sea, de actitudes que den cuenta del carácter imponente de la creatividad que, desde la ciudadanía activa, puede establecerse. Más, si el país tiende a sumirse en la desesperación que remolca la resignación y la apatía.

Así que entre los escenarios que pueden analizarse con base en lo factible, no sólo habrá que considerar todo lo que bajo lo posible envuelve la praxis de una ciudadanía ajustada a las exigencias nacionales, regionales o locales. Sino también, consideraciones que toquen la siembra de conciencia. Pero de una conciencia, capaz de desafiar la indolencia, la incultura, el irrespeto y el individualismo como actitudes características de gente sometida, callada y golpeada. A decir por la brevedad de esta disertación, estos esquemas pudieran ser representativos de un marco de acciones a capitalizar ante la proximidad de un desenlace político que trace la vía de una transición hacia un sistema de libertades. Dicho con la urgencia del caso, estos son algunos escenarios del capítulo final.

 


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